Atrapada por el lanzador (Romances deportivos picantes)
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Ishana
El odhni rosa me azota los ojos y casi me saca de la carretera de montaña.
Me lo arranco y lo tiro por la ventana.
¡Y que no vuelva!
Ya es bastante difícil conducir por estas carreteras en este viejo Alto destartalado sin tener ese recordatorio inútil dándome en la cara.
Los neumáticos de Alt chirrían cuando lo fuerzo a tomar una curva cerrada a velocidad suicida.
¿Qué narices estás haciendo, Ishana?
Buena pregunta, Alt.
Debería estar en una playa bañada por el sol ahora mismo, disfrutando de mi luna de miel con mi flamante marido. Y no aquí, conduciendo sola hacia una cabaña de montaña en medio de la nada, todavía vestida con este pesado lehenga y estas joyas.
¡Justo después de plantarme en mi propia boda!
Descargo mi angustia en el acelerador.
Alt derrapa de forma alarmante. Nos tambaleamos al borde del precipicio.
Alguien chilla de pánico —hola, soy yo— mientras contemplo una vista gloriosa de un valle exuberante allá abajo.
Muy abajo. Parece que voy a bajar por el camino panorámico.
En el último momento, mi fiel compañero se endereza.
Uf. ¡Gracias, Alt, me has salvado la vida!
Alt responde echando humo y dando sacudidas. Un traqueteo sale de debajo del capó. ¡Uff! ¡Otra vez no!
Me detengo en un hueco entre los árboles para no bloquear la carretera y salgo. No me molesto en levantar el capó humeante para mirar el motor, total, no tengo ni idea de mecánica. Le doy una palmadita al viejo Alt para darle las gracias por traerme hasta aquí. Luego camino el último tramo.
Por suerte, no tengo equipaje que cargar. Por desgracia, el camino es demasiado pedregoso para ir descalza. Suelto unos cuantos improperios contra quien diseñó los tacones altos y los lehengas que pesan una tonelada. Un pájaro me responde con un sonido grosero.
—Lo mismo digo, descarado —le contesto.
Me quedo paralizada ante la vista de una encantadora casita enclavada en un claro. La luz de la tarde se filtra entre los densos árboles. El aire limpio y fresco de la montaña me llena los pulmones.
Sam, mi antigua compañera de trabajo, no exageraba cuando dijo que parecía sacada de un folleto de viajes. No recuerdo haber visto una casa de vacaciones tan bonita.
Si esto fueran solo unas vacaciones normales, no podría pedir un escenario más perfecto para pasar un fin de semana sin hacer nada.
Solo que acabo de lanzar una granada en medio de mi vida, ya de por sí caótica. He decepcionado a todos los que me quieren. Empezando por mi madre. No puedo ni imaginar lo que ella y mi padre deben de estar pasando ahora mismo.
Y a mi prometido también.
No es que me importen los sentimientos de ese sinvergüenza. Perdió ese derecho cuando se acostó con mi dama de honor la noche antes de nuestra boda. Fue pura casualidad que me enterara diez minutos antes de la ceremonia. Me dejó con el corazón destrozado y sin más opción que salir de allí.
Y eso es solo el principio del lío en el que estoy metida.
La semana anterior, dejé mi piso de alquiler y trasladé todas mis cosas a casa de mis padres.
Pasé los últimos días allí. Se suponía que me mudaría a Delhi con Virendra después de la luna de miel.
Incluso dejé mi trabajo. Y como si eso no fuera suficiente, mi padre, jubilado, canceló su depósito a plazo fijo para pagar la boda, gastándose los ahorros de toda su vida.
Y la guinda del pastel es que la dama de honor con la que se acostó mi futuro marido resulta ser mi mejor amiga. Somos íntimas desde el instituto. El dolor de su traición me duele aún más que la infidelidad de él.
¡Vaya forma de matar dos pájaros de un tiro! No tengo absolutamente a nadie con quien hablar que pueda entender de verdad lo que estoy pasando. Sentí que no me quedaba otra que huir en vez de cancelar la boda sin más.
Ahora que la adrenalina de la gran huida se está disipando, siento una ola de dolor que me invade. Amenaza con desbordarse como un tsunami. La contengo parpadeando para no llorar.
Toda mi vida me he esforzado por ser la chica perfecta que mi madre siempre quiso.
Vicky y yo crecimos en el mismo edificio. Siempre supe que estaba colado por mí, pero ignoré sus avances. Fue mi madre quien me animó a darle una oportunidad. Era fácil ver por qué. Es exactamente el tipo de ejecutivo decente y bien educado con el que ella esperaba verme sentar la cabeza algún día.
Estar con Virendra nunca fue lo que yo esperaba del amor verdadero, pero ¿qué sabía yo?
Solo tengo veintitrés años y todavía soy virgen.
Aun así, quizá por eso nunca dejé que se acostara conmigo hasta que estuviéramos casados.
Tenía dudas, pero mis hermanas dijeron que eran solo nervios prenupciales.
Así que seguí adelante pensando que con el tiempo llegaría a quererlo.
Hice todo lo que mi madre me dijo, intentando estar a la altura del ideal de chica desi decente.
¡Y mira adónde me ha llevado!
Aquí y ahora, de pie frente a la bonita cabaña, tomo una decisión.
A partir de ahora, voy a vivir la vida como yo quiera.
¡A mi manera!
Se acabó intentar cumplir las expectativas imposibles de mi madre y sus normas de niña buena.
Voy a pasar los próximos días haciendo lo que me haga feliz, sea lo que sea.
Empezando ahora mismo.