Atlántico Oscuro XLIV
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XLIV

—Hola.

—Ay, hola, qué sorpresa. ¿Cómo estás? —Inmediatamente después de preguntarlo, se dio cuenta de que la pregunta estaba de más. ¿Cómo iba a estar? Mal, muy mal. Nenuca no la contestó. No hacía falta.

A Jacinto le pareció que estaba preciosa.

¿Qué tienen los aeropuertos que embellecen tanto a las mujeres?

¿Será que el viaje potencia el sentimiento aventurero y las ganas de conquista?

¿Será que van sin maquillar y con vestuario desenfadado, como camisetas o mallas?

¿Será que la culpa no es de los aeropuertos, sino de Nenuca, que siempre está irresistible?

Además, en esta ocasión llevaba una camiseta blanca y unos pantalones vaqueros azules, que es como están más guapas las mujeres guapas.

—Al final te vas —y le faltó añadir: aunque sin mí.

—El plan era hacerlo el día siguiente a la noche de San Juan, pero pasó lo que pasó y hubo que esperar.

—Me alegra que Alfredo esté bien. Es un gran chico.

Jacinto no pudo evitar sentirse un poco culpable por haber podido salvar a su hijo y no hacer lo propio con el de Nenuca. Valoró decir algo al respecto. Finalmente no lo hizo. No habría servido de nada.

—¿Dónde vais? Si puedo preguntarlo.

El plural le hizo daño. El que ella lo hubiese adivinado sin que él se lo contase. Tendría que habérselo contado.

—A Huelva. Vamos en avión hasta Sevilla, y después a Huelva .

Jacinto la miró a los ojos buscando su indulgencia por el abandono. Porque eso era lo que sentía: que la había abandonado.

—No te llamé, y tenía que haberlo hecho.

Nenuca apartó la mirada para tratar de ocultar sus emociones.

—Qué tontería. No teníamos nada.

Él le cogió las manos y volvió a buscar su mirada.

—Claro que lo teníamos. Me propusiste irnos juntos y ni siquiera te contesté. Al final todo se precipitó y ya no tuve elección.

—No tuviste elección, pero elegiste —Esta vez no apartó la cara, quiso ver la respuesta en los ojos del policía.

—Sí, supongo que sí. Aunque fue una decisión inducida por las circunstancias. No hubo un acto consciente de elegir a Inma o elegirte a ti. Lo que quiero decir es que no dejé de elegirte.

Nenuca sonrió. “No dejé de elegirte”. Bonita forma de dejar a alguien.

—No tienes que justificarte. Es normal. Has recuperado a tu familia. Contra Inma sabía que no tenía nada que hacer. Es una gran mujer. Mi única posibilidad consistía en que ella te rechazase.

—Ojalá hubiese sido tan fácil .

Jacinto estaba enamorado de Inma, siempre lo había estado, pero por Nenuca también sentía algo parecido.

No era tan profundo porque le faltaba la costumbre de los años, aunque sí muy fuerte.

Le gustaba estar con ella, la respetaba, la admiraba, le gustaba oírla hablar, verla moverse, besarla, acostarse con ella, y levantarse a su lado al día siguiente.

Podría estar haciendo eso el resto de su vida.

Y sabía que no iba a aburrirse ni a cansarse.

Y sabía que no iban a tener malos momentos porque Nenuca ya había tenido demasiados y no quería tener más.

Y sabía que podía ser muy feliz con ella.

Y sabía que ella también merecía ser feliz.

Y sabía que ella también se merecía tener a alguien.

Porque Inma al menos tenía a Alfredo, Nenuca, en cambio, no tenía a nadie.

Ese pensamiento comenzó a recorrer su mente.

Nenuca estaba sola, muy sola. ¿Y si se iba con ella?

En realidad, a Inma él no le hacía falta.

Esta última oportunidad se la daba por Alfredo, no porque lo necesitase.

Puede que hasta estuviese mejor sin él. La mayoría del tiempo que habían estado juntos no había conseguido hacerla feliz.

¿Y Alfredo? Podían irse a vivir cerca de ellos, no a la misma ciudad porque sería un poco incómodo, pero a no más de una hora de distancia, para poder verse en cualquier momento.

No sería un padre ausente. Quedarían frecuentemente y siempre que su hijo quisiese o lo necesitase.

Además, podría pasarle una cuantiosa pensión porque le sobraría el dinero .

Aunque abandonarlos así, de repente. Simplemente por haberse encontrado a Nenuca en el aeropuerto. Inma tampoco lo merecía. Y a Alfredo iba a costarle entenderlo. Qué decisión tan complicada. Puf. Maldito libre albedrío.

- ¿Dónde vas, tú? Si puedo preguntarlo.

—Claro que sí; no es ningún secreto. De momento, a Madrid.

Una de mis mejores amigas vive allí y voy a pasar una temporada con ella.

Después, ya veré. No puedo seguir en Coruña.

Es demasiado duro. Todo me recuerda a Gabriel.

Y eso está bien, me gusta acordarme de él, lo malo es que también me recuerda que quizá pude haber hecho algo más por protegerlo.

Vigilarlo más, separarme antes de su padre, matarla a ella…

—Tú no sabías…

—Sabía que me engañaba y me dejé estar. El otro día me llamó el muy imbécil. Diciéndome que lo sentía mucho, que cómo iba a saberlo. Encima, no tiene ningún remordimiento. La vanidad le ha comido la conciencia.

—Nos ha sorprendido a todos. ¿Quién iba a pensarlo?

—¿Qué? —La respuesta de Jacinto delató su complicidad. La decepción y la pena cubrieron la cara de Nenuca—. ¿Tú también?

¿Cómo podía haberse acostado con la asesina de su hijo?

Le entraron ganas de llorar. La única persona que había conseguido transmitirle una cierta esperanza, darle un pequeño motivo para seguir viviendo, ilusionarla un poco en la absurda penitencia que le había tocado sufrir…

Esa persona que ahora la miraba con cara avergonzada también se había acostado con la asesina de su hijo.

¿Qué cojones les pasaba a los hombres? ¿Cómo podían ser tan gilipollas?

—Tengo que irme, mi vuelo sale enseguida.

—Nenuca, espera, deja que…

La marquesa no le permitió dar ninguna explicación.

—Es mejor dejarlo aquí. Os deseo mucha suerte a los tres. De verdad.

Y sin dar opción a réplica se giró y se encaminó hacia el control con el alma destrozada y la cabeza muy alta. Pisando las baldosas con la elegancia de los espíritus incorpóreos que vagan en este mundo intentando encontrar la salida al otro, que es morada sin pesar .

Jacinto volvió a la cafetería. En su cabeza seguía sobrevolando la idea de haberse ido con Nenuca.

Las dudas desaparecieron en cuanto vio a Inma.

La capacidad de pasar página y de perdonar de esta mujer era infinita.

Su cara estaba llena de esperanza, como si hubiese olvidado todo lo anterior y tuviese una fe ciega en el futuro.

Una vida nueva en un sitio nuevo. Con más respeto, con más amor, con más verdad.

Las mismas personas, el mismo mar, pero más luz.

Era todo lo que necesitaban en este momento: un poco más de luz.

FIN