Atardecer en Texas (Amor bajo el cielo del oeste nº 2) Capítulo 21
94%

Capítulo 21

Rancho Lazy Fork

—Qué romántico —exclamó Leah, juntando las manos bajo la barbilla. Luego se detuvo, entornó los ojos y la sonrisa se convirtió en un ceño fruncido—. ¿Por qué no me llamaste anoche?

Rachel puso los ojos en blanco.

—Era demasiado tarde. Acabas de volver a casa y sabía que probablemente estarías dormida.

Leah frunció los labios y se inclinó hacia la pantalla.

—Eso habría sido las ocho de la noche en nuestra zona horaria. Estaba despierta. Buen intento.

Rachel soltó un suspiro y se frotó el entrecejo.

—Bueno, si tanto quieres saberlo, me pidió matrimonio a las nueve, luego me llevó a la cama y tuvimos una celebración privada que duró un par de horas.

A Leah se le abrieron los ojos como platos.

—Vaya... dos horas, ¿eh? ¡Esa es mi chica!

Rachel le dedicó una sonrisa satisfecha.

Leah se frotó las manos con expresión de júbilo.

—¡Muy bien! Tenemos mucho que planificar. Supongo que os casaréis en el rancho, ¿no? ¿Habéis fijado fecha?

Rachel se rio con pesar mientras Leah entraba en modo organizadora de eventos.

—Sí, nos casaremos en el rancho. Pensé que podríamos usar el nuevo edificio para bodas que están construyendo. Seguro que lo tienen todo listo dentro de un mes —hizo una pausa—. Todavía no hemos fijado la fecha. Quería hablar contigo primero y... —Rachel suspiró—. Tengo que llamar a mi abuela.

—Ah —Leah asintió comprensiva—. Ya es hora de que te ocupes de eso, cariño —añadió con suavidad—. Debe de echarte muchísimo de menos.

Rachel se frotó la nuca.

—Lo sé. Es solo que ha pasado tanto tiempo. No sé ni cómo empezar.

—Solo tienes que decir «hola» —la animó Leah—. Lo demás saldrá solo. No le des más vueltas, llámala y ya está.

Rachel suspiró y asintió con determinación.

—Tienes razón. La llamo en cuanto colguemos.

Leah sonrió.

—Vale. Vamos a concretar fechas. ¿Para cuándo lo quieres?

Rachel resopló.

—Mason lo quería para ayer y le bastaría con caballos y vacas como testigos. Pero yo quiero hacer las cosas bien —sostuvo la mirada de Leah—. ¿Qué tenéis planeado Lucas y tú para el mes que viene?

—No tenemos ningún plan que no pueda cambiarse por la boda de mi mejor amiga. ¿Para cuándo me necesitas allí?

—Nuestra primera boda programada en el rancho es en febrero. Así que estaba pensando que podríamos aprovechar la nuestra para probar las nuevas instalaciones.

A Leah se le iluminaron los ojos.

—¡Es una idea genial! —sacó su agenda y pasó las páginas hasta el mes siguiente—.

¿Qué tal a finales de enero, quizás el último sábado?

Eso nos daría un mes entero para tenerlo todo listo y tiempo de sobra para terminar el local.

Lucas y yo teníamos pensado retomar el viaje en cuanto acabaran las fiestas, así que vosotros seréis nuestra primera parada.

Rachel suspiró aliviada.

—Sería estupendo. Me resultará mucho más fácil organizarlo todo contigo aquí.

Leah resopló y agitó las manos.

—¡Pues claro que estaré allí para ayudarte! Tú me apoyaste a mí, ¿recuerdas?

—Sí, lo recuerdo —Rachel sonrió—. Hablaré con Mason sobre la fecha, pero no debería haber problema. Seguro que refunfuña por tener que esperar un mes.

—Ya se aguantará —respondió Leah con voz firme. Rachel le dedicó una sonrisa débil.

Al notarlo, Leah inclinó la cabeza.

—¿Qué pasa?

Rachel frunció los labios y negó con la cabeza.

—Nada.

Leah entornó los ojos.

—Dímelo.

Rachel suspiró y bajó la mirada hacia sus manos.

—No es nada, de verdad.

—Rachel, llevo más de una década siendo tu mejor amiga. Algo te preocupa. ¿Qué es?

Levantó la vista hacia el monitor y suspiró mientras se retorcía las manos en el regazo.

—Sé lo que todos han dicho, pero sigo teniendo miedo de que para él todo esto sea solo un negocio.

Leah se rio y negó con la cabeza.

—Chica, está loco por ti desde que llegaste y te preparó una de las pedidas de mano más bonitas que he oído en mi vida. ¿Por qué narices ibas a pensar que para él es solo un negocio?

Rachel resopló.

—Que estuviera loco por mí no significa que sienta algo más. Nunca me ha dicho «te quiero», ni nada sobre el amor —la voz de Rachel tembló ligeramente—. ¿Y si solo hace esto por el rancho, porque no quiere que me vaya? ¿Y si nunca llega a quererme de verdad?

Leah resopló con desdén.

—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó Rachel a la defensiva.

—Rachel, os he visto juntos con mis propios ojos —Leah le sostuvo la mirada—.

Ese hombre está perdidamente enamorado de ti.

Seguramente no es de los que lo dicen mucho —le dedicó una sonrisa tierna—.

Créeme, te quiere. De hecho, apostaría a que si bajaras un poco la guardia y le dijeras a él que le quieres, él también bajaría la suya...

—dejó la frase en el aire, pero su significado estaba claro.

—Hmmm —murmuró Rachel, poco convencida. Solo pensar en exponerse así, en mostrarse vulnerable, le revolvía el estómago. Miró por encima del hombro al oír que llamaban a la puerta—. ¿Sí?

Charlie abrió la puerta y asomó la cabeza.

—¿Estás decente?

—Pues si no lo estuviera, ya te habrías enterado —respondió ella con sarcasmo.

Señaló el ordenador que estaba sobre su cama.

—Leah y yo estamos charlando. ¿Necesitas algo?

Charlie sonrió y entró, sin inmutarse por su tono ácido. Se acercó por detrás de Rachel y saludó con la mano a la cámara.

—Hola, Leah.

—¡Charlie! —respondió Leah—. ¿Estábamos hablando de ti?

Él arqueó las cejas.

—¿Ah, sí?

—Qué va —respondió ella con una sonrisa.

Rachel soltó una risita por la broma de su amiga.

Él negó con la cabeza.

—No me extraña que seáis mejores amigas. Sois unas mocosas las dos. —Se detuvo un momento—. Supongo que ya le has dado la noticia. ¿Habéis fijado fecha?

—Sí —respondió Leah—. El último sábado de enero en el rancho, y tienes que estar allí.

—Voy a llevar a la novia al altar, así que cuenta con ello.

Charlie miró a Rachel con intención.

—También hay alguien más que tiene que estar aquí. ¿Ya la has llamado?

Rachel arqueó una ceja y torció el gesto.

—La abuela es la siguiente en mi lista, mandón.

Volvió a señalar el ordenador.

—Leah y yo estábamos ultimando algunos detalles y luego iba a llamarla.

—Ya hemos terminado por ahora, Rach —le aseguró Leah—. Llama a tu abuela —añadió con suavidad.

Rachel asintió.

—Sí, ya es hora. Deséame suerte.

Leah sonrió.

—No la vas a necesitar, pero buena suerte. Hablamos luego. ¡Adiós!

La pantalla se quedó en blanco.

Rachel respiró hondo y soltó el aire. Charlie le masajeó los hombros con suavidad.

—¿Quieres que me quede mientras hablas con ella?

—Sí —dijo Rachel, con una sonrisa tímida al admitirlo—. Pero necesito hacer esto sola.

Él asintió y dio un paso atrás.

—Vale. Estaré abajo en la cocina. Alice está haciendo empanadillas de manzana que huelen de maravilla y quiero ser el primero en la cola cuando salgan del horno —añadió guiñándole un ojo—. Ven a buscarme cuando termines.

Rachel lo vio marcharse y cerró el portátil.

Cogió el móvil y se quedó mirándolo un momento, dándose ánimos mentalmente.

Era poco probable que su abuela aceptara una videollamada, así que marcó un número que no había usado en una eternidad y respiró hondo, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.

Pulsó el botón de llamada antes de acobardarse y escuchó el tono.

—¿Diga? —respondió una voz al otro lado.

Rachel tragó saliva.

—¿Abuela?

—Mi niña —dijo la abuela, con la voz cargada de afecto—. Me alegro mucho de que hayas llamado.

* * *

Rachel entró en el comedor y echó un vistazo alrededor.

Había un trajín de actividad junto a los fogones mientras Mason y Cody forcejeaban para meter el pavo en uno de los hornos, con Alice revoloteando protectoramente sobre su obra maestra culinaria.

Charlie estaba sentado en un taburete junto a la isla, comiéndose una empanadilla de manzana, y la miraba con expresión interrogante.

—¿Y bien?

La miró de arriba abajo.

—Has estado allí arriba casi una hora y no parece que quieras tirar cosas. Supongo que fue bien, ¿no?

Rachel sonrió y se acercó a abrazar a su hermano.

—Eres un imbécil, ¿lo sabías?

Charlie resopló.

—Sí, y yo también te quiero.

Se apartó y la miró a los ojos.

—¿Y bien?

Rachel suspiró con fuerza. Miró alrededor y se quedó paralizada. Mason, Cody y Alice la observaban fijamente con expresiones de preocupación casi idénticas. Parpadeó, sorprendida por tanta atención.

—¿Por qué me miráis así? ¿Pasa algo?

—¿Cómo fue la llamada? —preguntó Mason, acercándose a ella—. Charlie tiene razón: no tienes esa cara de gallina mojada que pones cuando estás cabreada.

Ella se rio al imaginárselo y negó con la cabeza.

—Todo bien. Ha sido genial hablar con ella.

Suspiró mientras él la atraía hacia sí y le besaba la sien.

—La verdad es que tengo un favor que pediros.

Mason se apartó, acariciándole el pelo, y le dio un beso suave en la frente.

—Lo que sea.

—La abuela quiere venir a finales de esta semana para conocer a la familia.

Rachel miró a Alice, todavía entre los brazos de Mason.

—¿Te parece bien?

Alice le dedicó una enorme sonrisa.

—¡Pues claro que sí! Charlie me ha contado mucho de ella y estoy deseando conocerla. Puede quedarse todo el tiempo que quiera.

—Gracias —dijo Rachel, visiblemente aliviada.

Charlie se levantó del taburete, metiéndose en la boca el último trozo de empanadilla.

—Tengo que llamarla yo también para desearle Feliz Navidad. Yo me encargo de organizarle el viaje.

Le dio una palmada en la espalda a Rachel al pasar.

—Me alegro de que por fin hayas echado agallas, mocosa.

Ella le sacó la lengua.

—Eh —murmuró Mason, cogiéndola de la barbilla para que lo mirara—. Eso es mío —dijo antes de besarla.

Rachel oyó a Cody quejarse de fondo.

—Puaj —murmuró—. Ya están otra vez.

—Muy bien, vosotros dos —dijo Alice con firmeza.

Un trapo chasqueó detrás de ellos y Mason pegó un brinco con un grito. Se frotó el trasero mientras fulminaba a su madre con la mirada por encima del hombro.

—¡Joder, eso ha dolido!

Alice se plantó con los puños en las caderas.

—No pienso aguantar vuestras payasadas aquí esta mañana, ni ninguna otra mañana. Id a hacer eso fuera.