Atardecer en Texas (Amor bajo el cielo del oeste nº 2) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Rachel se recostó con un gran suspiro. El día no podría haber salido mejor: reservas por las nubes y, además, la compra de dos caballos de cría para el nuevo negocio.

Mason la observaba desde el otro lado de la mesita. —Vaya suspiro. ¿No te lo estás pasando bien?

—Oh, no, qué va. Me lo estoy pasando genial.

Sonrió satisfecha.

—Solo pensaba que tú y yo hacemos muy buen equipo. Hemos avanzado muchísimo desde que llegamos, y todavía nos queda mañana.

Mason irradiaba satisfacción mientras se inclinaba hacia delante. Le tomó la mano. —Estoy de acuerdo, princesa. Hacemos un equipo increíble.

Un escalofrío de emoción la recorrió al oír cómo pronunciaba su apodo ahora.

Sonaba como una caricia, lleno de calidez y —se atrevía a pensarlo— de cariño.

Sabía en lo más profundo de su ser que su relación, fuera lo que fuera antes, había cambiado de forma palpable.

Las barreras entre ellos estaban cayendo rápidamente, y le fascinaban las facetas de Mason que estaba descubriendo.

Sorprendida por el rumbo de sus pensamientos, se aclaró la garganta y cambió de tema.

—Los nuevos caballos llegan en marzo, ¿verdad?

Mason asintió. Aún le sostenía la mano, acariciándole la palma con el pulgar, sin apartar los ojos de su rostro.

Rachel se preguntó qué estaría pensando y qué vería en ella en ese momento.

Sentía que podía leerle la mente, y eso la preocupaba.

Normalmente era mucho más serena y reservada, pero ahora sentía que él la calaba por completo, y ese pensamiento le encogió el estómago.

—¿Estará terminada la nueva construcción para entonces?

De nuevo asintió.

—Debería estarlo.

Se encogió de hombros, despreocupado.

—Si no, tenemos sitio en otro lugar.

—¿Cuándo crees que contratarás a los nuevos entrenadores?

Inclinó la cabeza y frunció los labios pensativo.

—Probablemente a principios de primavera. Hank conoce a un par que están dispuestos a unirse.

Dio otro trago de cerveza.

—Cuando volvamos, me sentaré con mi padre a repasar los detalles. Andaremos justos de capital durante un tiempo, así que tendremos que ir haciendo los cambios poco a poco.

Rachel sonrió de oreja a oreja. Sintió un orgullo que no podía explicar.

—Pero estás avanzando.

Mason le dedicó una dulce sonrisa.

—No, princesa. Estamos avanzando.

Ella lo miró fijamente, atónita. Aquel cambio de ogro a tipo encantador era extraño. Se sentía como en un universo paralelo, y eso la ponía nerviosa.

Él le apretó la mano.

—¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—Por supuesto —respondió, y dio otro sorbo de cerveza para ocultar su expresión.

La miró pensativo un momento.

—Me explicaste un poco por qué te fuiste, pero ¿por qué ha pasado tanto tiempo sin que volvieras a casa?

Rachel se enderezó al oír la pregunta. Era probablemente lo último que esperaba que él le preguntara. No había malicia en sus palabras, solo curiosidad y quizá incluso un toque de preocupación, así que cualquier animosidad que esa pregunta pudiera haberle provocado antes quedó descartada.

Respiró hondo y lentamente.

—Bueno —comenzó—. Como te dije, había expectativas sobre mí. Luego tuve una pelea con mi abuela, que —Dios la bendiga— tiene fama de dictadora. Dirige la granja con mano de hierro y espera que todos hagan lo que les dice.

Hizo una pausa y dio un trago reconfortante.

—Y como ya has comprobado, no llevo bien eso.

Mason resopló y asintió.

—Ya lo creo.

Se quedó callado un momento, jugueteando con los dedos de ella.

—¿Y tus padres?

Rachel apretó los labios y tragó con dificultad. Este siempre era un tema difícil para ella.

—Murieron en un accidente de coche cuando yo tenía diez años. Siempre habíamos vivido en la granja con mi abuela, así que ella se hizo cargo de nosotros cuando murieron mis padres.

—¿De nosotros? —preguntó Mason.

Rachel asintió.

—Tengo un hermano mellizo. Charlie.

Arqueó las cejas y sus brillantes ojos azules centellearon un instante.

—¿Me estás diciendo que hay dos como tú?

Rachel se rio.

—Yo no diría eso; somos mellizos. Aparte de los ojos, no nos parecemos en nada.

Charlie es todo un personaje, pero se las apaña con nuestra abuela mucho mejor de lo que yo jamás pude.

Ella quería que me quedara en casa, me casara con quien ella eligiera e hiciera lo que se esperaba de mí.

El deber con la familia, la granja y todo eso. Es muy chapada a la antigua.

Mason asintió pensativo y dio un sorbo a su cerveza.

Rachel soltó un bufido, tratando de no sentirse a la defensiva.

—¿Por qué tantas preguntas?

—La familia es muy importante aquí, sobre todo en nuestro rancho y en nuestra comunidad.

Le apretó la mano ligeramente.

—Eres de las que van por libre, pero encajaste en el rancho como si hubieras estado allí toda la vida.

Se encogió de hombros.

—Quiero saber más sobre ti. Eso es todo.

Rachel sonrió ante su comentario y se relajó.

—Tus padres son fantásticos. ¡Y Cody!

Negó con la cabeza un instante.

—Ese chico va a ser un rompecorazones.

Mason se hinchó de orgullo, con una sonrisa radiante.

—Es un buen chico. Algún día será un gran hombre.

Levantó el vaso hacia ella y dio un trago de cerveza.

—Y gracias a tu ayuda, tendré algo que dejarle cuando crezca.

Le agarró la mano y se la apretó ligeramente.

—Este cambio garantiza la supervivencia del rancho.

Negó con la cabeza.