CARLA
Me había pasado la vida intentando contentar a mi padrastro, pero August Sinclair no era hombre fácil de contentar. Pero aquí seguía, intentando hacer algo a su gusto para llevarme una palmadita en la cabeza como si fuese una simple mascota.
—Bien, con tus contactos quiero que busques a Liam y le jodas ese encaprichamiento que tiene con esa maricona rubia que solo sabe dar berridos.
¡Podre Liam! Le había prometido no meter las narices en su relación, pero mi padre me había prometido, no con palabras claro estaba, que si le mostraba lo comprometida que estaba con él, quizás me diera ese puesto que Liam no parecía querer en absoluto, y yo me moría por tener.
Si me convertía en la presidenta de las empresas Sinclair, podía dejar, por fin, de meterme en la vida de los demás y descubrir sus miserias.
Tantos años al pie del cañón destrozándole la vida a todo el que tenía algo que tapar, y que fuera lo suficiente jugoso para dar un escándalo, me había granjeado más de un enemigo y no quería seguir en esta mierda de trabajo.
No tenía claro que August no me estuviese utilizando. ¡Qué ingenua era! Por supuesto que me estaba utilizando para traer a su hijo al redil, pero ¿qué otra cosa podía hacer yo?
—Vale. No me será difícil averiguar dónde comienza la gira de Ray Orson. Tengo una noticia guardada que sé que no ha salido a la luz y que hará que lo último en lo que piense Ray sea en mi hermano.
—¿Estás segura de que conseguirás romper lo que quiera que tengan?
Me lo pensé unos segundos. Avery no le había contado todavía su metida de patas, porque si no, algo se habría filtrado, sin lugar a duda.
Aunque Liam no tenía nada que ver con esa noticia, ya me encargaría yo de que supiese que mi hermano estaba al tanto y no se lo había contado.
Me daban pena los dos. Hacían una pareja bastante mona.
Pero tenía muchas ganas de echarle el guante a esa presidencia, y haría lo que fuera por conseguirla.
—¿Si consigo que rompan, me harás presidencia de la empresa?
Con mi padre había que tenerlo todo atado y bien atado. E incluso así, era muy difícil presionarlo para que hiciera algo que no quería.
—Tú consigue que vuelva a casa y ya veré lo que hago contigo.
Esa respuesta no me convencía demasiado porque no se comprometía a nada en absoluto, pero así era mi padre.
—Cuenta con ello.