Asuntos pendientes RAY
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RAY

—¿Vas a llamarlo en algún momento?

¿Cómo no iba a saber Avery lo que pensaba cuando me veía mirando el teléfono?

Desde mi vuelta de Rumanía y mi llegada a Miami, todo había sido un sinfín de reuniones con la discográfica hasta dejar firmado mi nuevo contrato como solista.

Íbamos a sacar un disco con los temas que había compuesto en mi retiro.

Al parecer les habían encantado y estaban deseando que empezar a grabar.

Así que lo primero era hacer una entrevista para dar la noticia a todo el mundo.

***

—¿Y cómo sabes que ha sido él el que ha avisado a su hermana de dónde estabas? —me preguntó cuando acabé de narrarle mi aventura de haber sobrevivido en una montaña tan inhóspita.

Parpadeé, sorprendido por esa pregunta. ¿Es que no me había oído cuándo hablaba?

—No lo sabía nadie más —le recordé. Ella cerró los ojos con pesar— ¿qué? —le pregunté extrañado— ¿qué ocurre?

—Que sí había más gente que lo sabía —se removió en el sillón en el que estaba sentada a mi lado mientras veíamos la tele.

—Ya, bueno. La gente del pueblo supongo que también lo sabía, pero me juego la cabeza a que ni ninguno sabía dónde llamar para ponerse en contacto con Carla, ¿no crees?

—Ray, también lo sabía yo…

Bufé sin importarme interrumpirla.

—No seas ridícula ¿Su hermano estaba allí conmigo y ella aparece de buenas a primeras y tengo que pensar que no ha sido él el que la ha llamado para darle la exclusiva? ¡Venga ya, Avery! Ya sabes cómo funciona esto.

A veces me arrepentía de ser tan impulsivo, bueno, para ser sincero, me solía arrepentir siempre de dejarme llevar por mi estado de ánimo, pero ella no necesitaba más artillería que luego usaba contra mí sin ningún tipo de arrepentimiento.

—Ray, habla con él. No puedes…

—Déjalo, ¿quieres? Es demasiado tarde para cambiar las cosas. No voy a perdonarle lo que ha hecho, me cuente lo que me cuente.

Y así se zanjó esa conversación. Desde entonces no habíamos vuelto a sacar el tema, hasta este momento.

***

—Por favor, no vuelvas otra vez con lo mismo, ¿quieres? Ya lo hemos hablado.

—Piensa en algo —me cogió una mano y se giró hacia mí para mirarme de frente— quiero que esa cabecita loca que tienes piense bien en lo que voy a decirte.

Respiré hondo para intentar buscar la poca paciencia que tenía para hablar de Liam otra vez, pero cuando Avery se ponía en este plan no podía zafarme de lo que quisiera decirme, menuda era.

—Venga, termina de una vez que van a echar la entrevista y quiero verla.

—A veces eres odioso, que lo sepas.

—Sí, sí, venga ya, cansina.

—Si tan importante era que su hermana os encontrara para hacer un reportaje sobre el hombre más buscado del momento, ese eras tú —me apretó la mano para dar énfasis a sus palabras— ¿por qué no ha salido nada al respecto todavía?

Ni una mísera foto en ninguna parte, ni una palabra, nothing, ¿no te resulta extraño?

No iba a decirle que me pasaba las horas libres que tenía mirando el móvil buscando las putas noticias que debían estar en todos los periódicos del mundo y sin embargo no salía mi nombre en ninguna parte.

—Ya, bueno —no pensaba dar mi brazo a torcer— seguramente se esté gestando la entrevista del año y la sacarán cuando puedan destripar absolutamente todo lo sucedido entre nosotros desde el primer momento en el que puse mis pies allí.

—Han pasado casi dos semanas ya. Tiempo más que suficiente para publicar mil artículos distintos sobre ti y sobre él. Quizás la falta de noticias te indique que puede que estés equivocado con él y la llegada de su hermana no fuera culpa suya.

—¿Entonces para qué fue allí? —estaba ya hasta los cojones de toda esta historia.

De Liam, de Rumanía y hasta del puto Drácula.

El no saber nada de él, y que no se hubiese publicado nada sobre nosotros me estaba volviendo loco— si no fue para darle una exclusiva sobre nosotros o sobre mi ubicación, cuando tanto se me buscaba, ¿para qué fue su hermana allí exactamente? No lo entiendo.

Y en ese momento comenzó en la tele el programa de entrevistas que estábamos esperando.

—Calla y dale voz que ya empieza.

Pero no fue mi entrevista ni mi cara la que salió en la pantalla.

Si no la de Liam.

Vestido con un elegante traje que le quedaba como un guante y con sus ojos oscuros que me miraban desde la pantalla como si me hablara a mí directamente.

El hombre más buscado desde hacía años. Liam Sinclair, el hijo pródigo del magnate August Sinclair había vuelto a casa. ¡Hostia puta! ¿Qué coño era esto?