CAPÍTULO 36 #2
Giré la cara, viendo que hablaba de las grandes cortinas contra la pared.
Un conjunto verde musgo con detalles en hilos dorados, dándole un aire de elegancia a la pieza que parecía costar millones.
Callum me guio hasta el cabecero de la cama; el modelo de madera parecía sacado del siglo pasado, a juego con la cortina.
—Te voy a atar con esta cortina —avisó, cogiendo la tela pesada.
—¿Y si me cae en la cabeza?
Callum consideró lo que dije, tiró de la cortina con fuerza, probando si estaba bien sujeta. La barra ni se movió, confirmando lo firme que estaba la pieza. Sonrió, me agarró el brazo y lo levantó, pero la tela gruesa dificultaba atarlo.
—Creo que no va a funcionar —murmuré.
—En mi cabeza, era una idea genial —se rio, renunciando a la tela gruesa—. Pero de todas formas puedo comerte así.
—Puedes comerme de cualquier manera.
Callum sonrió, se arrodilló, me levantó una pierna, pasándola sobre su hombro, y su cara encontró mi centro mojado, ansioso por ser devorado por la boca hábil de mi novio.
Callum enroscó la lengua alrededor de mi clítoris, lamiendo, enviando oleadas de placer a mi vientre, esparciendo esa delicia adictiva por cada terminación nerviosa de mi cuerpo, dejándome ardiendo.
Me deleité en ese momento. Afirmé la mano en la superficie lisa del cabecero, sintiendo mi culo contra la madera; con la otra, agarré la cortina. Me ondulaba de placer, gimiendo sin importarme guardar silencio, retorciendo el cuerpo contra esa delicia de boca devorando mi vagina con deseo y placer.
A Callum le encantaba comerme, y yo cada vez me sentía más cautiva de su boca. No había forma de negarlo: mi novio era espectacular en la cama, y él lo sabía.
—Ah, Callum, qué rico, cómeme así, amor —pedí.
—¿Te gusta cuando tengo la boca en tu coñito, ratita? —me metió dos dedos en el canal. Temblé, agarrando la cortina con fuerza.
—Sí, sí, pero me gusta todavía más tu polla —lo miré.
—¿Mi polla enorme comiéndote es tu cosa favorita, Lotte? —metió otro dedo, y grité, ondulándome de placer.
—Sí, es maravillosa.
Callum sonrió orgulloso, disfrutando de cómo le tocaba el ego a la hora del sexo. Sabía que yo no mentía, y elogiar a mi novio era algo extraordinario.
Cerré los ojos, echando la cabeza hacia atrás, mientras Callum me hacía delirar, llegando al borde del orgasmo.
Estaba casi ahí cuando el vacío me invadió.
Abrí los ojos, buscándolo. Callum se puso de pie, se sujetó la base de la polla, con mi pierna en su cintura, restregó la cabeza robusta contra mi clítoris, haciéndome delirar.
Puse los ojos en blanco, la boca abierta, buscando aire.
Callum acercó su cara a la mía, la mirada voraz, llena de deseo, ardiendo, queriendo consumirme con su intensidad. Se hundió en mi coño, y grité.
—¡Eso es, joder, grita para tu hombre!
—Ah, eso, Callum, qué rico, amor —murmuré entre gemidos, solté el cabecero de la cama, pasando la mano por su hombro.
Deliraba de placer.
Casi podía ver la imagen de los dos: el escenario erótico formándose ante mí.
Estábamos de pie, mi culo encima del cabecero de la cama, dejándome medio sentada, medio de pie.
Una pierna alrededor de su cintura, la otra estirada sobre los cojines carísimos.
Sujetaba a Callum del hombro con una mano, mientras la otra la mantenía alrededor de la cortina, tirando con fuerza de la tela, a medida que sentía el placer consumiéndome de forma arrolladora.
Callum embestía con la polla, produciendo ruidos fuertes. Me encantaba el sonido de nuestros cuerpos chocando, de la polla entrando en mi coño, mientras me incendiaba por dentro con un placer denso, caliente, delicioso, haciéndome querer vivir para siempre en ese momento infinito.
—Lotte —dijo mi nombre, con la voz ronca, pesada, llena de deseo—. Córrete conmigo.
Y me corrí.
No tenía fuerzas para responderle.
Le clavé las uñas en el hombro, gimiendo, cerrando los ojos, mientras esa masa densa y caliente estallaba dentro de mí, brotando fuera de mi coño. Intensa, fuerte, sacudiéndome por dentro. Me entregué al placer que me daba mi hombre.
—Eres perfecta —murmuró Callum al terminar de correrse, besándome la cara—. Y te quiero muchísimo.
Oímos el sonido de los fuegos artificiales estallando, la gente celebrando abajo. Nos sonreímos el uno al otro al darnos cuenta de que habíamos cambiado de año follando.
—Feliz año nuevo, Callum —sonreí, besándolo.
—Feliz año nuevo, Lotte —respondió, mientras me devoraba la boca con la suya.
Nos reímos entre el beso, lleno de amor, calmando nuestra alma, lavando el estrés de esa noche.
Callum salió de dentro de mí, cogió el condón y lo tiró abierto sobre la cama de su padre. No paramos nuestra aventura ahí: fuimos al baño a ducharnos y dejamos otro condón usado. Revolvimos el vestidor, desordenando la ropa, para que pensaran que también lo habíamos hecho allí.
—Tu padre se va a volver loco —me reí, viendo aquel desastre, mientras nos vestíamos.
—Va a decir que somos dos depravados, inmorales, que no lo respetan. Es capaz de prenderle fuego a todo esto.
—¿Te arrepientes?
—Ni un poquito, ¿y tú?
—Me voy a ganar fama de guarra depravada, pero dudo que vaya a contárselo a nadie —me reí, sin que me importara mucho aquello.