Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 28 #2
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CAPÍTULO 28 #2

—Yo también —Mackneyu se tiró en el sofá—. Y ya tengo mi contrato firmado.

—Yo soy delantero —avisé—. No perdería mi posición ante Jensen.

—¿Ves lo que te decía? —Lotte señaló con el dedo a su amiga—. Prefieren perder el contrato antes que jugar en el mismo equipo.

Me reí por la cara de indignación de mi rubia.

No necesitaban saber que, con tal de convertirme en profesional y liberar a mi familia, aceptaría feliz cualquier posición en cualquier equipo de la NHL, sin importarme quiénes fueran mis compañeros.

Esperaba no tener que formar equipo con los trillizos, pero, si fuera el caso, tendríamos que sobrevivir como equipo sobre el hielo.

Cogí a Lotte por la cintura, besándole el cuello, lejos de la mascarilla verde.

La llevé a la cocina, donde el olor a lasaña me llenaba la boca de agua.

Senté a mi chica en la encimera, cogí los guantes térmicos y saqué la lasaña del horno, encantado de ver cómo la salsa aún burbujeaba.

Puse la fuente en la mesa, me senté, y Lotte vino a sentarse en mi regazo, mientras los demás cogían los platos y el refresco.

Lotte y Anna comieron lasaña con nosotros, pero en menor cantidad. Devoré el plato y, cuando se acabó, no me preocupé de despedirme de nadie; subí con Lotte en brazos.

—Tengo que quitarme la mascarilla, ya está seca —Lotte saltó, yendo al baño. Me encantó la visión del pantaloncito suelto alrededor de su culito redondito.

No perdí el tiempo, me quité la ropa, liberándome de las prendas, me senté en la cama analizando mi polla, que todavía estaba medio blanda. Sonreí, agarrándome la base y empezando una masturbación lenta, lo suficiente para que creciera.

—Callum, mañana tenemos exa… —Su voz se apagó al encontrarme desnudo, con la polla en la mano, ansioso por que me la chuparan.

—De rodillas, Lotte —ordené.

—Tienes que estudiar —avisó, arrodillándose—. No pienses que vas a escaparte después de follar —se recogió el pelo con la goma de la muñeca, salivando de ganas de chupármela—. Esta polla es un espectáculo.

—Y toda tuya —le agarré la nuca, soltando la base; me encantaba ver a Lotte de rodillas.

Ella estiró la lengua, tocando el glande robusto.

Gruñí, disfrutando de la provocación. Le sujeté el cuello con la otra mano, acercándola.

Lotte sonrió, metiéndome mi polla entera en la boca.

Gemí, extasiado de placer por su gula, golpeando el fondo de su garganta.

Presioné el cuello fino, controlando las ganas de embestir dentro de su boquita.

Lotte me agarró la base con ambas manos y empezó a masajear, mientras la boca subía y bajaba en movimientos lentos, saboreando mi longitud como yo hacía con su coñito hinchado y empapado cada vez que se lo comía.

Sentí una presión en los huevos. Abrí los ojos, que ni siquiera me había dado cuenta de que había cerrado, viéndola apretarme el saco, enviando oleadas de placer a mi pubis.

Gemí, sintiendo el tirón del orgasmo, necesitando pensar en cualquier otra mierda para no correrme.

Quería disfrutar del momento, su gula chupándomela, los ojos verdes fijos en mí, admirando mi placer.

Ella apoyó la otra mano en mi abdomen, clavándome las uñas en la carne, dejando un rastro ardiente.

—¡Ah, joder, qué boquita más rica! —la elogié, hundiéndole el dedo en el moflete, embistiendo con la cadera contra su boca hinchada—. ¿Quién te enseñó a chupar así?

—Tú —sonrió lasciva, lamiéndome desde la base hasta la punta, tragándoselo todo con avidez.

—No, Lotte, yo te dije cómo me gustaba que me la chuparan; has aprendido tú sola a chupar como una putita —le di tres golpecitos en la barbilla, disfrutando de su expresión cargada de placer.

—Con una polla así en mi boca, puedo ser la puta más satisfecha del mundo.

Diciendo eso, Lotte dio el golpe de gracia, envolviendo la cabeza rosada y robusta con la boca, presionando los dientes alrededor de la extensión y bombeando con fuerza con las manos, haciéndome perder el control de los sentidos.

Corriéndome en su boca, rugiendo, apretándole el cuello pequeño, explotando como un animal, disfrutando del placer arrollador.

—Quién diría que mi ratita brava diría estas cosas —murmuré, viéndola limpiarse la boca con la camiseta clara.

—Conviviendo contigo, una aprende algunas cosas —guiñó, divertida—. Ahora, el señor solo tendrá mi coñito después de responder a los ejercicios que te esperan encima del escritorio —señaló.

—No hagas esto, Lotte, estoy cansado —me tiré en la cama.

Lotte se rio. Sentí sus manos en las piernas y, después, vi su precioso cuerpo sobre el mío.

—¿Cansado para estudiar, pero no para follar?

—Exacto.

—A mí no me engañas, Callum —rio, taimada—. O haces la lista de ejercicios o no habrá sexo hasta que salga tu nota del examen.

—¡Joder! —protesté, agarrándole la cintura. Lotte gritó cuando le hundí la cara entre las piernas—. Más te vale entretenerme bien esta noche —le mordí la carne por encima de la tela.

—¡Callum! —me soltó un cachete ardiente en la espalda.

Me levanté de un salto, yendo hacia el escritorio. Lotte negó con la cabeza, señalando mi desnudez. Me encogí de hombros. Si me toca estudiar, lo voy a hacer a mi manera.

Tardé casi una hora en responder a los ejercicios y, cuando terminó de corregirlos, apenas esperé a que las palabras salieran de su boca y la tiré en la cama, hambriento de su coñito.

Joder, mi vida estaba yendo muy bien y, después del sábado, le contaré a Lotte lo del ojeador. No quiero decir nada antes de firmar el contrato y saber en qué equipo voy a jugar.