Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 18 #2
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CAPÍTULO 18 #2

Me reí, besándola con más fuerza, encantado de que Lotte nunca retrocediera.

No era una chica tonta ni inocente; a pesar de ser virgen, tenía una actitud sexy de la hostia, soltaba tacos más rápido de lo que podía seguirle el ritmo y su beso me llevaba al paraíso, volviendo loca mi mente y mi cuerpo de tanto deseo.

Podría correrme en los pantalones solo con besarla.

Sonó mi móvil, y no necesitaba mirar para saber que era uno de los del equipo llamándome. Contra mi voluntad, tuve que soltar a Lotte, poniéndola con delicadeza en el suelo. Mi chica sonreía con los labios rojos, las lentes empañadas y las mejillas encendidas.

—¿No vas a contestar?

—Es uno de los chicos que quiere que vaya a entrenar —puse los ojos en blanco—. No saben hacer nada sin mí.

Lotte se rio, sujetando la punta de mi chaqueta.

Le acomodé la mochila en mi hombro, le besé la frente y me giré, cogiendo los cascos guardados en la moto.

Le entregué el suyo, me puse el mío, arranqué, acomodé las bolsas para que no se cayeran y le tendí la mano, ayudando a Lotte a subir a la parte de atrás.

Me encantaba cómo sus muslos presionaban los míos, los pechos contra mi espalda, las manos agarrándome la cintura.

Nunca me gustó llevar a otra persona en mi moto; esa máquina era como mi santuario, permitido solo para mí, tocado por las manos de su dueño.

Con Lotte era distinto; me encantaba tenerla ahí y, joder, hasta sería capaz de dejarla conducir si me lo pidiera.

Arranqué, saliendo del aparcamiento y siguiendo hasta el comedor universitario.

Comimos juntos, charlando, sintiendo ese ambiente agradable.

Lotte no paraba de bostezar, así que, cuando terminamos de comer, no me anduve con rodeos y la llevé a la residencia.

No tardamos en llegar; aparqué y Lotte se bajó.

Levanté el casco, inclinándome para besarla.

Lotte se rio, estirando el cuello para juntar nuestros labios. Nunca me cansaría del sabor de su beso.

—Hasta luego —dijo, alejándose—. Ven a buscarme, que todavía no tengo el coche.

—Ese es mi plan, dejarte sin coche para que dependas solo de mí.

Lotte soltó una carcajada, dándome un golpecito en el hombro.

La agarré por la cintura, capturando otro beso, sin importarme llegar tarde.

Lotte se rio a carcajadas, intentando escapar de mí; y, precisamente por estar sentado en la moto, no pude impedir su huida.

Corrió hacia la acera, despidiéndose con la mano.

Sonriendo, me puse el casco y me fui al gimnasio.

Al llegar, hablé con los chicos en el vestuario y, después, fui en busca de mi querida amiga Lera.

Sin embargo, al ver su expresión, sentí miedo y comprendí que estaba dispuesta a arrancarme el alma; era la única explicación para el entrenamiento que me hizo pasar.

Me quedé con serios pensamientos homicidas, mirando fijamente a mi entrenadora personal.

—¿Ahora hablamos de lo que voy a hacer con tus pelotas si le haces daño a Lotte? —preguntó Lera, con una sonrisa homicida.

Me senté en un banco, agotado, sudando y respirando por la boca de lo cansado que estaba. Lera se agachó frente a mí, y sentí que se me helaba la espalda del miedo que le tenía a esa demonía.

—¿Eso fue… a propósito? —estiré la mano, intentando coger la botellita, pero Lera la apartó fuera de mi alcance.

—Solo un aviso, señor O’Brien; trate muy bien a mi amiga y no tendremos problemas, pero si no…

—Mensaje recibido —me levanté, cogí la botella y bebí como un desesperado. —No hace falta que seas una tirana, Lera; me gusta Lotte y nunca le haría daño, relájate.

Entrecerró los ojos, analizando mi respuesta, sonrió, satisfecha, y se puso la mano en la cintura.

—Puedes hacer una hora de cardio y quedas libre.

—Ni de coña, ¡vas a matar a otro, demonio!

Cogí el móvil del banco, huyendo de la demonía de Lera; todavía tenía que ir al hielo, no iba a hacer cardio después de ese entrenamiento demoníaco. Fui al vestuario, me duché y me puse el uniforme del equipo, dejando el resto del equipamiento para ponérmelo en la pista.

—Tío, ¿Lera estaba poseída por un demonio hoy? —preguntó Mackenyu. Miré al japonés, sus ojos rasgados analizándome con lástima.

—Es amiga de Lotte, quería asegurarse de que no fuera a hacerle daño a su amiga.

—Dios me libre, necesito saber quiénes son las amigas de Lera para mantenerme lejos de ellas.

Mackenyu negó con la cabeza, incrédulo. Me reí, me puse perfume y guardé mis cosas en la mochila, siguiéndolo hasta la pista, que quedaba al lado del gimnasio.

Los demás miembros del equipo ya se estaban preparando.

Abrí mi taquilla, cogí el equipo y me lo puse.

Me subí a los patines, fui hacia la pista, listo para recibir una bronca del entrenador por estar saliendo con alguien y hacer algo que él consideraría pésimo para mi dedicación al hockey.

El entrenador y el ayudante estaban en la pista, dando órdenes a los novatos.

Me quité las protecciones de las cuchillas, entré en la pista, patiné despacio, con el stick de lado, hacia el entrenador.

Me miró con desconfianza y, con un gesto de cabeza, indicó que debíamos patinar hacia un lugar más alejado de los demás jugadores.

—Después de lo que hablamos, ¿estás saliendo con alguien, Callum?

—Sí —levanté la cara, decidido a no retroceder ni mostrar arrepentimiento—. Lotte fue la primera chica de la que me enamoré y no quiero quedarme sin ella.

—Nunca pensé que te vería enamorado —su mirada se suavizó, volviéndose casi sentimental—. Ya has sufrido mucho, chaval. Si ella te hace feliz, lo único que te pido es que no dejes que la relación estorbe los entrenamientos. Nada de llegar tarde como hoy, ¿entendido?

—Sí, señor.

Normalmente soy el primero en llegar a la pista, pero hoy, por el retraso al ir al gimnasio, perdí unos minutos de adelanto. Sabía que debía vigilarme, tener cuidado, pero cuando estaba con Lotte, el tiempo dejaba de existir y solo la quería a ella.

—Vamos a entrenar —me dio una palmadita amistosa en el hombro.

Patiné hacia mis compañeros, sabiendo que tenía responsabilidades que no podía abandonar. Al menos una vez en mi vida, merecía ser feliz con una decisión que había tomado, y sabía que nada podría hacer que mi relación con Lotte saliera mal.

Ella era demasiado importante para mí.