Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

Callum O’Brien

Como sospechaba, nadie se atrevió a decir nada sobre Lotte.

Se quedaron callados, y los tíos pasaban a diez metros de distancia de mi chica, tal como yo quería.

Me paré frente a la puerta, con el brazo alrededor de Lotte, sin dejar que se escondiera en el aula.

Hablaba animado con Inaki y otros dos tíos de la clase, mientras las chicas, siempre cerca, rondaban, sabiendo que tenía novia, pero sin renunciar a intentar conquistarme.

Noté un jaleo entre los novatos: hablaban alto, varios a la vez.

Lotte giró la cara, percibiendo el ruido.

Entrecerré los párpados, intentando entender el follón causado por el grupo que se acercaba.

Un rubio alto empujó a un moreno rechoncho, que se tambaleó y tropezó con sus propios pies.

Di un paso adelante, poniendo a Lotte detrás de mí, le rodeé la cintura con una mano y usé la otra para evitar la caída del chico.

—¿Todo bien, amigo? —pregunté, molesto porque habían empujado al chaval hacia mi novia.

—Estáis armando mucho follón —advirtió Inaki, visiblemente irritado—. ¡Parad ya!

—Perdona, tío —dijo el rubio, tirando del otro por el cuello—. Nuestro amigo se pasó de la raya.

—¿Amigo? —preguntó Lotte, notando lo mismo que yo.

El moreno se encogió, las mejillas rellenitas rojas y la ropa blanca empapada de sudor. Era evidente que no le estaba gustando la bromita y, sobre todo, ser el blanco de esos matones.

—¿Sabes?, hasta me gusta el jueguecito de empujar —miré a Inaki, indicándole con la mirada mi intención.

—A mí también —respondió mi amigo, chasqueando los dedos con una sonrisa perversa.

—¡Idiota! ¡Ese es el capitán de hockey! —oí a uno decirle al rubio en voz alta.

—Joder, no lo sabía —el rubio retrocedió un paso—. Perdona, tío, no queríamos molestar a tu chica. Perdona —levantó la mano arrepentido.

—¿Sabes lo que hacemos con matones como tú? —preguntó Inaki, pasándole el brazo por encima del hombro al pendenciero—. Te metemos en la pista y fingimos que estamos en un partido amistoso mientras te rompemos todos los huesos —le dio un golpecito en el pecho—. ¿Quieres venir a jugar con nosotros?

Si el entrenador nos hubiera oído decir eso, sin duda nos habría roto todos los huesos en mil pedazos. Pero una pequeña intimidación no nos iba a meter en líos, sobre todo si era para defender a alguien. Inaki lo sabía y se movía en el límite de lo permitido.

—Yo… no, gracias.

—Va a hacer las pruebas para el equipo de fútbol —dijo el chico al que estaban intimidando.

—Qué suerte la mía, siendo amigo de Frank, puedo conseguirte una recomendación —le guiñé un ojo, advirtiéndole que jamás entraría al equipo—. A menos que decidas tratar mejor a tus amigos, olvídate del fútbol americano.

El rubio se quedó tan blando como la pared del pasillo. Sus amigos intentaron escabullirse, pero con una mirada los mantuve en su sitio. Lotte se puso delante de mí, enfadada.

—¡Suelta al chico, idiota de mierda! —ordenó Lotte—. Un hombre de tu tamaño haciendo bullying … da vergüenza, imbécil. Debería denunciarte al decanato. Como te vuelva a ver cerca del chaval, te aseguro que voy a hacer una denuncia tan gorda que te van a expulsar.

—Ya has oído a mi chica —le advertí, guiñándole el ojo—. Lárgate.

—Por favor, Frank…

—Deberías haber pensado en tu futuro como deportista antes de hacer tonterías —advirtió Inaki—. No nos gustan los matones como tú, esfúmate.

Soltó al chico, empujándolo levemente para que se fuera.

Lotte estiró la mano, acariciándole las mejillas al chaval, lo que me puso loco de celos.

Le rodeé la cintura, apartándola del ligón barato que se hacía el pobrecito para conseguir la atención de mi chica.

Sabía que no estaba pasando nada de eso, pero no pude evitarlo.

Soy celoso y punto.

—¿Llevan mucho tiempo metiéndose contigo? —quiso saber Lotte, sujetándome el brazo con ambas manos.

—Sí, son unos idiotas. Estudiamos juntos en el instituto —se ajustó la correa de la mochila al hombro.

—Tío, tienes que aprender a defenderte —advirtió Inaki—. Ve a una clase del club de boxeo; te sentará bien.

—Tengo que estudiar.

—Y dejar de ser un blandengue. Te quiero ver allí hoy, a las siete de la tarde, o te persigo por todo el campus a patadas.

Me reí. Inaki tenía una forma distinta de hacer las cosas, y eso era algo que adoraba de mi amigo.

Siguió convenciendo al chaval de que lo mejor era apuntarse al club de boxeo.

Apoyé la cadera en la pared, dejando a Lotte entre mis piernas, los brazos alrededor de su cintura, rozándole los pechos medianos de esa manera que tanto me gustaba.

Apenas podía creer que había conseguido hacerla mi chica.

Su culito rozándome la polla me exigía todo mi autocontrol para no ponerme duro como una roca.

Lotte era mi primera novia, y virgen; no podía olvidarlo.

Tenía que hacer las cosas bien, ser un buen compañero para mi chica.

Las ganas locas que tenía eran de besarla, quitarle la ropa y unir nuestros cuerpos toda la noche, haciéndola delirar de placer debajo de mí, sintiendo mi polla en su coñito intocado.

Sacudí la cabeza, ahuyentando los pensamientos pervertidos.

Inaki seguía hablando con el chaval, que se llamaba Joshua.

Lotte prestaba atención a la conversación, riéndose de la interacción entre los dos.

El profesor por fin llegó a dar la clase, con 30 minutos de retraso.

Entramos, nos sentamos en nuestros sitios con el material.

Le pasé el brazo por encima del hombro a Lotte.

—Callum, así no voy a poder escribir —avisó.

—Escribes por mí —guiñé un ojo, hundiendo la nariz en su cuello.

—Nada de eso, vago —me quitó el brazo del hombro—. Presta atención a la clase —ordenó.

Sonreí, encantado con el carácter mandón de Lotte; seguro que lo aprendió viviendo con tres hermanos mayores.

Sentí curiosidad por saber más sobre su familia.

¿Cómo serían? Por cómo hablaba Lotte, seguro que eran expansivos, ruidosos y muy celosos.

Puede que tuviera dificultades con ellos, pero no me preocupaba por eso.

Cuando se dieran cuenta de que estaba loco por su hermana, se calmarían.

Noté que Anna se sentaba una fila más lejos de nosotros. A Lotte no pareció importarle mucho; me dijo que habían tenido una conversación sincera y estaban bien. Mientras la pelirroja no estorbara mi relación, podía hacer lo que quisiera.

La clase se hizo eterna; el profesor no estaba en su mejor día y puso una película para verla, sobre la carrera de un administrador novato recién graduado buscando prosperar en la vida.

La película era tan aburrida que me dio sueño; me deslicé por la silla, golpeando las rodillas contra el asiento de delante.

Apoyé la cara en el hombro de Lotte, viéndola tomar apuntes sobre la trayectoria del personaje.

—Esta película es una mierda —murmuré.

—Puede que sí, pero quiere un resumen de la película; ponte a escribir —ordenó.

Gemí, odiando la idea de hacer eso. A mi lado, Inaki dormía con la boca abierta, roncando bajito. Le di un codazo en el brazo, haciéndolo despertar.

—Presta atención y haz tu resumen —ordené.

—Vete a la mierda, Callum —se quejó, volviendo a dormirse.

Quería dormir como Inaki; estaba cansado después de madrugar, pero Lotte no me dejó, y acabé teniendo que escribir el maldito resumen.

Cuando por fin terminó la clase, estiré la columna, arranqué la hoja del cuaderno y se la entregué al profesor al salir, dudando de que el viejo fuera a leer lo que escribimos.

Le pasé el brazo por encima de los hombros a Lotte, olisqueándole el pelo; quedé con Inaki en el gimnasio y fui con mi chica hacia el aparcamiento.

—¿Adónde vas ahora? —pregunté.

—A comer y luego a descansar; estoy agotada —las ojeras oscuras bajo sus ojos delataban lo mucho que necesitaba dormir.

—Quiero ir contigo —le agarré la cintura al llegar a mi moto—. Dormir abrazaditos —bajé la cara, olisqueándole el cuello—. Sintiendo este olor delicioso —le mordisqueé la piel.

Lotte se rio, encogiéndose contra mí. Sentí sus mejillas contra las mías, calientes, demostrando que estaba sonrojada, excitada, con ganas de quedarse a solas conmigo.

—Después de nuestra clase, que será en mi cuarto —dije bajito al oído—. Vamos a tener nuestro tiempo de novios en mi cama.

—Callum —la lengua se le enredó al decir mi nombre. Sonreí, encantado de ver lo mucho que me deseaba.

Le rodeé la cintura, levantándola del suelo, pegué la boca a la suya, besando a mi chica con ternura, explorando el sabor de su lengua, sintiendo la suavidad chocando contra la mía. Deseaba tanto a Lotte que podría enfermar si no la tenía.

—Para, estamos en público —pidió bajito, apartando mínimamente su boca de la mía.

—Solo un poquito más.

No abrí los ojos para responderle; simplemente volví a pegar nuestros labios, disfrutando de lo deliciosa que era mi novia pegada a mí.

Los pechos presionando mi torso, mi polla contra su barriga, la boca respondiendo con avidez a mi deseo desmedido por ella, devorando sus labios en un beso lleno de lujuria.

Lotte gimió bajito; presioné los dientes contra su lengua, tirando de ella, chupándola, convirtiéndola en mi presa favorita.

Mi chica respondió, volviéndose ambiciosa, presionando los dientes en mi labio, envolviendo la lengua en la punta y tirando de él, sexy, volviéndome loco de deseo con ese movimiento.

Abrí los ojos, sintiendo que necesitaba mirarla.

Lotte tenía la mirada verde de deseo fija en mí, las lentes completamente empañadas por el calor de nuestros cuerpos.

—Me vas a volver loco —advertí, ronco.

—Pensaba que ya lo estabas.