Asumiendo el Riesgo (Los reyes del hielo 1) CAPÍTULO 11 #2
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CAPÍTULO 11 #2

Una sola palabra, cargando un significado gigantesco. Ella lo quería, pero también no podía.

—Quiero tu respuesta cuando vuelvas —avisé—. No pienso seguir negándolo, Lotte. Sabemos que hay algo pasando aquí —señalé de mí a ella—. Y por mucho que conozca las consecuencias, sigo queriendo enfrentarlas por ti.

—¿Y tu temporada? Pensé que ibas a dedicarte solo a eso. No quiero perjudicarte, Callum.

—Eran mis planes, pero, joder, chica, me estoy volviendo loco de ganas de besarte —le agarré la cintura, tirando de ella hacia delante; nuestras rodillas se rozaron—. Y sé que tú también me deseas.

—Me vas a odiar cuando conozcas a mis hermanos; recuerda que te lo estoy avisando.

Me reí. Lotte me había dicho lo posesivos que eran, pero no había forma de que me asustaran.

Estaba fascinado con esa chica y no iba a seguir dando rodeos y negándolo.

Soy agresivo en el hockey y nunca me he privado de nada en la vida.

Lo único que deseaba y no tenía era a mi hermana a mi lado.

Y aun así, seguía luchando contra el maldito destino impuesto por el hijo de puta para recuperarla.

Los hermanos de Lotte no me daban miedo.

—Lo que importa son mis sentimientos por ti —estiré la boca, queriendo besarla. Lotte se apartó, como si tuviera miedo.

—Esto es una locura, Callum. No podemos liarnos; va a ser un fiasco cuando…

—¡Lotte, ya te lo he dicho, no les tengo miedo a tus hermanos!

—¡No quiero perjudicar tu temporada! Soy tu profesora particular —se apartó bruscamente, mirándome con un dolor profundo; pero no era hacia mí que sentía ese resentimiento, parecía tener rabia consigo misma—.

¡Vas a ganar el maldito Frozen Four y, después de eso, salimos en una cita y no se habla más del tema! No voy a perjudicarte, está decidido.

Me quedé incrédulo. No conseguía comprender lo que estaba oyendo.

Lotte me deseaba, eso quedó claro, pero estaba decidida a verme ganar la temporada y cumplir mi sueño, hasta el punto de mantenerse alejada, con miedo de ser una distracción.

¿Cómo podía existir en el mundo una chica como ella?

Joder, acabé todavía más fascinado con mi ratita descarada, de insultos disparatados.

—Entonces seguimos como amigos, tú siendo mi profesora, ¿correcto? —entrecerré los párpados, creando un plan en mi mente.

—Eso es. ¡Amigos y profesora, nada más!

—¿Podemos hacer todo lo que hacen los amigos?

—Claro —se puso roja como un tomate.

Me reí, me levanté, fui al armario, entré y cogí mi camiseta. Volví, tendiéndole la tela.

—Como mi única amiga mujer, te doy el derecho de usar mi camiseta en los partidos. Quiero verte animando y gritando mi nombre tan alto que me duelan los oídos.

Lotte soltó una carcajada, aceptando la camiseta con los dedos temblorosos. Me senté, volviendo a tocar nuestras rodillas, porque no conseguía mantenerme alejado de ella. Lotte ni se imaginaba, pero había sido la primera chica a la que le había dado una camiseta mía.

—Me va a quedar enorme —extendió la tela delante de la cara.

—Sé que la puedes ajustar a tu cuerpazo.

—Callum, no me puedes decir esas cosas, solo somos amigos.

—¿Qué? ¿Qué me pareces tremendamente buenorra y me estoy poniendo cachondo imaginándote con mi camiseta puesta?

—Callum… —gimió mi nombre bajito.

—No puedo evitarlo —le sujeté la rodilla—. Estoy loco por mi amiga y ella no me da una oportunidad; solo me quedan los pensamientos. Déjame quitarte ese vestido incómodo de por medio para poder…

—¡Ya está bien! —me tapó la boca con la camiseta—. ¡Somos amigos, entiéndelo de una vez!

El problema era que yo ya no quería ser solo su amigo.

Lotte me apartó de un empujón; me reí bajito, decidiendo darle una tregua.

Levanté las manos, sentándome bien portado frente al portátil.

Vi la sonrisita en la comisura de sus labios al guardar la camiseta en la mochila.

Empezamos a estudiar, calmando un poco más el ambiente cargado, aunque me costaba concentrarme con ella a mi lado.

Lotte hacía que la materia me entrara con facilidad en el cerebro, fijándose y sin que se me olvidara.

Pasamos dos horas estudiando, hasta que el hambre atacó y bajamos a hacer un tentempié rápido. Ella eligió tomar un café con una tostada, mientras yo devoré una porción generosa de pizza.

—Compórtate en la fiesta de mañana. No dejes que graben al capitán haciendo tonterías.

—Siempre me comporto —avisé, orgulloso.

—Boris hacía cada barbaridad —comentó—. Lo veía todo por Instagram.

—Boris nunca fue bueno conteniendo su ego, le encantaba que lo ovacionaran y lanzarse a la grada —cogí el móvil—. Pon tu Instagram.

Lotte se limpió la mano en la servilleta, cogió mi aparato y escribió. Me lo devolvió, enseñándome su perfil: @Blotte. Analicé el perfil, notando que no había ninguna foto. Abrí su historia, viendo la publicación de esta mañana de su taza de café en clase.

—No hay nada que espiar aquí —me quejé, siguiéndola con los ojos.

—Esa es la idea —guiñó un ojo, pícara.

—¿Qué significa la B?

—Bailey, mi apellido.

—Charlotte Bailey, interesante.

—Nunca dije que me llame Charlotte —me miró seria y, por un segundo, dudé.

—Lotte es diminutivo de Charlotte, no puedes engañarme.

—A no ser que mis padres hubieran decidido llamarme solo Lotte.

Fruncí el ceño, confundido; existía esa posibilidad. Pero el brillo travieso que se escapaba de su iris verde me contó la verdad. Solo estaba jugando conmigo. Me reí, hice una bola con la servilleta y se la lancé. Lotte empezó a reírse a carcajadas, delatando de una vez su broma sobre el nombre.

—Char-lo-tte —lo deletreé, haciéndola partirse de risa.

—Cal-lum —me imitó.

Nos reímos a carcajadas; me encantaban los momentos relajados con esa chica. Estar en presencia de Charlotte era extremadamente fácil, y eso me removía por dentro. Odiaba que insistiera en la amistad y me gustaba todavía más saber que lo hacía para no perjudicarme en la temporada.

Salir en pareja exigía compromiso y, en ese momento, mi mayor enfoque tenía que ser el hockey. Era surrealista lo bien que entendía eso.

Terminamos de merendar y subimos, siguiendo con el estudio.

Había mucho que ponerse al día, y por suerte, la tos me dio una tregua.

Pero, cuando el reloj marcó las 18 h, tuvimos que parar.

Bajamos las escaleras sabiendo que ella tenía que coger un avión.

Cogí mi casco y el de Inaki para que Lotte pudiera usarlo.

—Vamos en mi coche, luego lo dejas en la residencia —pidió.

—Tu coche va a estar más seguro aparcado aquí, dame la llave —pedí—, luego lo meto en mi garaje.

—¿Estás seguro? No quiero molestar.

—Ninguna molestia.

Me dio la llave, me subí a la moto y la vi ponerse el casco. Fruncí la nariz porque usaba el de Inaki, pero mi cara era demasiado grande, y el mío le habría quedado holgado. Inaki, con la cabeza más pequeña, era la mejor opción de casco para mi ratita.

Me subí a la moto, arranqué, le sujeté la mano a Lotte, ayudándola a subir a la grupa. Casi gemí, encantado con la sensación de sus brazos alrededor de mi cintura.

—Consejos sobre este tipo de moto —señalé mi máquina—.

Cuando vaya a frenar, te voy a dar un toque en el brazo; sueltas mi cintura y pones la mano en el depósito, evitando que te deslices encima de mí.

Ve atenta, por si tengo que frenar de golpe, para que no me aplastes —y me destroces los huevos en el proceso.

—Trato hecho.

Y, solo porque podía, le apreté bien los brazos a mi alrededor, haciendo que sus pechos suaves se aplastaran contra mi espalda.

Puse los ojos en blanco, encantado con eso.

Arranqué, iniciando el camino hacia el aeropuerto.

Lotte era una pasajera estupenda: se quedaba pegadita a mí, sujetando el depósito cuando hacía falta.

Fue excitante de cojones llevarla en la grupa.

Tuve ganas de coger el camino más largo, alargando el momento, pero sabía que no podía hacer eso.

Conduje por la ciudad viendo las calles concurridas, los coches, teniendo que meterme entre ellos, lo que hacía que Lotte me apretara con más fuerza la cintura, y yo sonriera como un idiota.

Odié tener que aparcar en el aeropuerto. Apagué la moto, me bajé después de ella, le cogí los dedos y sujeté los cascos con el otro brazo.

—Gracias por traerme, Callum.

—Te acompaño hasta la zona de embarque.

—Vale.

Caminamos alargando nuestro momento, sus dedos entrelazados con los míos todo el rato. Odié ver la puerta de embarque y saber que tendría que pasar por ella. Lotte se giró de frente hacia mí, abrazándome fuerte. La besé en la mejilla intentando alcanzarle la boca, pero se escapó riendo.

—Hasta el lunes. Ven a buscarme a las 4, sin retraso.

—Estaré aquí a las 3 —prometí, ganándome su sonrisa como recompensa.

Tiré de ella hacia un abrazo, hundiendo la mano en su pelo, sintiendo la textura del cuero cabelludo, la suavidad de los mechones rubios, el perfume dulce e intoxicante infiltrándose por mis sentidos.

Tuve que curvar el torso, besándole la base del cuello, sintiendo el cuerpecito siendo engullido por el mío.

Los pechos rozándome el pecho, ella de puntillas, envolviendo los brazos finos en mi cintura, hundiendo la nariz en mi ropa.

Le sujeté firme la base de la cintura, manteniéndola pegada a mí.

—Hasta luego, Callum —murmuró, pero no la solté.

—Hasta luego, Lotte —le dejé un beso en la mejilla, apartándome despacio.

Nos despedimos y las ganas de besarla casi me volvieron loco. Lotte siguió pasando por las puertas, y yo volví sabiendo que esa chica se convertiría en un nuevo reto para esta temporada.

Ganaría el Frozen Four y haría de Lotte mi novia.