Asesinato con un toque de especias de calabaza (Misterios de Whisper Hollow 1) 19. La búsqueda del tesoro #3
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19. La búsqueda del tesoro #3

—Para nada. —Sebastian soltó mi mano y nos abrió la puerta, pero no se me escapó la forma en que la flexionó a su costado, ni cómo eso hizo que mi corazón se acelerara—. Después de ustedes, señoritas.

Nancy me tomó del brazo y nos condujo al interior del banco mientras susurraba, no muy calladito: —Qué pilla eres.

—Nancy, no es así. —¿O sí lo era?—. Le estaba diciendo que aquí estoy para él si necesita algo, ya que estoy segura de que es difícil para él estar sin Coop en este momento.

—Claro que sí. —Nancy guiñó un ojo—. Me alegro de que ustedes dos estén aprovechando al máximo esta terrible situación.

Negué con la cabeza y me di por vencida en mi intento de aclararle las cosas. Nancy iba a creer lo que quisiera creer, sin importar lo que yo dijera.

—Seby, ¿eres tú? —Una señora mayor con una mata de pelo blanco y esponjoso se acercó a nosotros con un andador.

Lo miré con los ojos muy abiertos y articulé sin sonido: ¿Seby?

Los ojos de Sebastian se abrieron de par en par. —¿Señora Schoenfield, qué hace usted por aquí?

—Tenía que depositar un cheque y no podía recordar eso que me mostraste con mi celular, así que vine en persona a pedir ayuda.

—Alargó el brazo y le dio una palmadita en la mejilla a Sebastian con una mano arrugada, aunque él tuvo que agacharse un poco para que ella lo alcanzara—.

Ya me has ayudado mucho y no quería volver a molestarte con todo lo que está pasando con Cooper.

—Espera… —miré de uno a otro, confundida—. ¿Cómo se conocen ustedes?

—De aquí y de allá —masculló Sebastian.

La señora Schoenfield se rio. —No seas modesto, muchacho. —Se volteó hacia mí—. Sebastian pasa por el asilo una vez a la semana para ayudar a los residentes con diferentes cosas.

—¿Qué? —Se me fue el estómago al suelo por una razón completamente diferente. ¿Cómo se suponía que iba a fingir que eso no convertía a Sebastian en el hombre más atractivo que había conocido en mi vida?

—Uy, es un partidazo —me susurró Nancy—. Mejor atrápalo rápido antes de que alguien más te lo gane.

—¿Tienes familia en el asilo? —le pregunté.

Sebastian tenía la cara roja y evitaba la mirada de todos.

—No, es algo que Bettye me recomendó hacer.

—Se pasó una mano por la cara y me miró de reojo—.

Ella se dio cuenta de que estaba estresado por muchas cosas cuando nos mudamos aquí, y me dijo que una de las mejores maneras de olvidar tus problemas es ayudar a alguien más.

Así que me llevó al asilo el primer mes que estuve aquí… y como que se me quedó la costumbre.

—Y vaya que ha sido de ayuda. No solo nos ayuda a todos con diferentes proyectos en el centro, sino que también trae flores frescas cada vez que nos visita.

—La señora Schoenfield suspiró y se abanicó la cara—.

Tener a un hombre tan guapo como Seby trayéndome flores cada semana casi me hace sentir tres décadas más joven.

Hasta escribe notitas para acompañarlas.

¿Por eso estaba su nombre en el registro de la Blossom Boutique? ¡Porque les llevaba flores al asilo! ¿Y esas notas eran lo que escribía en esa libreta que no me dejaba ver? Mi corazón se derritió un poco más.

—Son para todos —masculló Sebastian.

—No le arruines esto a una anciana. —Ella sonrió y le dio una palmadita en el brazo—. En fin, no los entretengo más. Estoy segura de que tienen mucho que hacer hoy, pero espero verte el domingo.

Sebastian agachó la cabeza, y la señora Schoenfield cruzó la puerta con una risita ahogada.

El señor Thomas salió de su oficina y nos vio a los tres parados junto a la puerta. —¿Están listos para la subasta? Empezará en unos minutos.

—Enseguida vamos —le dijo Sebastian.

—Bueno, ¿vamos? —preguntó Nancy mientras el señor Thomas se alejaba.

Tragué saliva para calmar los nervios que me surgieron al pensar en la cantidad de dinero que estaba a punto de gastar y agarré el asa de la bolsa que llevaba al hombro; la bolsa que contenía el dinero de mi Nana que ya no estaba perdido.

—Vamos a ello. —Sebastian avanzó sin mirar atrás, pero eso no ocultó las puntas rojas de sus orejas.

Nancy lo siguió, y yo los observé mientras entraba tras ellos para comprar Whispering Pages y hacerla oficialmente mía.

No solo había salvado la tienda de mi Nana, bueno, técnicamente ella la había salvado, sino que por fin había hecho realidad su sueño de ser la dueña.

Era lo menos que podía hacer por haberme traído a Whisper Hollow.

Mi Nana había tenido razón. Mi vida aquí estaba tan llena de aventuras como cualquiera de los libros de Whispering Pages, y no podía esperar para ver lo que me deparaba el próximo capítulo.

Puede que el misterio ya esté resuelto, pero queda una pregunta: ¿Qué te pareció la historia?