As It It’s Your Last
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Capítulo 1
Y hoy se cumplen siete años desde la formación de la mítica Girl-lies, la girl band de mayor éxito de nuestro país.
Seguro que todavía recuerdan cómo, con sus canciones cañeras y sus faldas vaqueras, se ganaron el corazón de todos los hogares al completo.
Ni niños ni mayores podían resistirse a los encantos de estas cinco chicas llenas de talento, sueños y música.
Fue un palo para muchos cuando, hace ahora cerca de un año, confirmaron su separación.
Miles de fans tuvieron que esforzarse para contener las lágrimas ante lo que ya parecía la desaparición de un verdadero fenómeno de masas.
Pero nuestras «chicas mentirosas» solo pusieron un punto final en su aventura como grupo…
para dar paso al inicio de su carrera en solitario.
¿Cómo les ha ido en estos primeros doce meses?
Pues parece que la estela del éxito aún se niega a soltarlas.
Sin duda destaca el de Dani, conocida en la girl band como Darku, aunque ya muy bien reconocida por su propio nombre.
La rebelde de la formación sigue jugando a ser una chica mala, pero con un álbum propio que vio la luz tan solo tres meses después del cese de Girl-lies.
Sus sonidos van un poco más allá del popular ritmo de la girl band , por lo que no sorprendió a nadie que otras estrellas jóvenes del panorama rock internacional se animaran a proponerle colaborar.
Pero Dani no ha estado sola en ese renovado estrellato.
Su compañera Mili la ha seguido muy de la mano…
y no hablamos de lo profesional, precisamente.
Si ya protagonizó decenas de titulares cuando abandonó sus sonrisas dulces y su estética cute por canciones con letras sensuales y ropas con encaje, el verdadero bombazo fue cuando Dani apareció junto a ella en uno de sus videoclips.
Y para tocar… no el bajo, como acostumbraba en Girl-lies.
Ahora, no solo son dos nuevos rostros conocidos de la música, sino también una de las parejas más mediáticas y populares del momento.
La cuenta de Instagram de Mili, que ya roza el millón de seguidores, es tan solo una muestra de lo aclamado que es el romance de estas dos chicas, pues sus fans apenas necesitan unos minutos para viralizar cualquier contenido conjunto que comparten.
Su relación fue un verdadero escándalo cuando se dio a conocer, pero ya son consideradas como uno de los referentes sáficos más aclamados de su generación.
Dani se ha decantado por centrarse a tope en su música.
Mili mezcla su música y su perfil en redes sociales.
¿Y Plash? La pelirroja del grupo, la que ocupaba el rol de lista y responsable en Girl-lies, también ha querido ir un paso más allá…
sin olvidarse de su carrera musical. Ella, que, como Mili, ha apostado por continuar con el nombre artístico que la vio nacer en la música, parece querer mantener también su rol.
Además de estar apostando por música más indie , alejada del corte comercial de los temas del grupo, presenta cada semana un famoso pódcast de divulgación y curiosidades junto al periodista Fausto Gil, quien saltó a la fama gracias a su cuenta de TikTok.
Con o sin Girl-lies, Plash sigue siendo todo un cerebrito.
Ahora bien, la industria de la música no es para todo el mundo, y hay quien elige bajarse del barco cuando las cosas se ponen difíciles.
Ese fue el caso de Sol, la chica más divertida y pizpireta del quinteto juvenil.
En cuanto se anunció el fin de la banda, ella misma publicó en sus redes sociales que abandonaba tanto la música ¡como su vida pública!
Apenas una semana más tarde, cerraba todas sus redes sociales oficiales y se le perdía la pista mediáticamente.
No dio demasiadas explicaciones sobre su decisión; lo único que hemos podido saber de ella es que estudia Biología.
Grado universitario en el que, en realidad, ya estaba matriculada durante su estancia en la banda, por cierto, aunque en el itinerario a distancia.
Este dato no se hizo público hasta la separación de la girl band.
Dani, Mili, Plash, Sol…, tan solo una quinta integrante de Girl-lies falta en nuestro repaso a su situación actual.
Y es que es la que más interés despierta.
Pero aún más incógnitas. Después de todo, quien fuera la líder de la formación musical es la única que aún no ha dado un paso adelante en cuanto a su carrera se refiere. Ruki, ¿a qué estás espera…?
Pero no llego a terminar de escuchar la pregunta del periodista, la frase que iba dirigida directamente a mí, porque Verónica Lazar me quita el teléfono móvil de las manos.
Mi mánager me mira con reproche desde la distancia que nos separa, ella de pie y yo sentada en una silla —bastante incómoda, por cierto; aunque igual tiene algo que ver lo de llevar sentada más de cuarenta minutos para que las estilistas me dejen el pelo a su gusto—.
Sé lo que va a decir antes de que deje de fruncir los labios.
—Te tengo dicho que no veas este tipo de programas, Ruki.
—Creo que, si hubiera utilizado mi nombre, habría suavizado la regañina.
O al menos a mí me sonaría mejor. Más dulce, más familiar.
Ella suele llamarme por mi nombre cuando estamos a solas.
Únicamente a solas, porque para el resto del mundo soy solo Ruki, aunque ni siquiera sea un secreto: ese, junto a un montón de datos realmente irrelevantes, forma parte de mi página de Wikipedia desde hace años.
Quizá mi nombre les parezca más irrelevante que saber que mido uno setenta—.
Ni opiniones sobre ti en general. Ya sabes que la gente puede ser muy cruel.
Sí, lo sé. A la gente le gusta que no se me olvide, por eso llevo desde los catorce obligándome a mí misma a no dedicar más de cinco minutos a leer los comentarios de mis publicaciones en Instagram.
Leí los suficientes con trece como para sentirme espantada de volver a intentarlo.
Pero a veces es como adictivo, ¿no? Cuando quieres gustar, necesitas saber en qué no lo estás haciendo bien para poder conseguirlo.
Aunque ahora sé bastante bien qué tiene a todo el mundo pendiente de mí.
No me hace falta escuchar al periodista de ese programa, ni tampoco a los perfiles de cotilleo de TikTok que a veces aparecen en mi «Para ti» por más que corra al siguiente vídeo en cuanto me doy cuenta de que hablan de mí.
Sé cuáles son sus preguntas, pero todavía no sé darles respuestas.
Ni siquiera me las sé dar a mí misma. Necesito encontrarlas antes de compartirlas, por eso no tengo nada que decir.
Creo que todo era más fácil con Girl-lies.
No por lo de no tener que enfrentarme sola a todo, sino por no tener que pensar en mí ni en tener que averiguar nada.
En Girl-lies cada una tenía su papel, su rol dentro de un grupo de amigas risueñas y extrovertidas, y solo teníamos que ceñirnos a él.
Algo especialmente sencillo cuando hablamos de adolescentes, de chicas que estaban formando su personalidad; a nadie debería extrañar que parte de ellas, de Ruki, Plash, Darku, Mili y Sol, también calase en nosotras mismas.
Por eso, en realidad no me refiero tampoco a eso cuando pienso en la sencillez de pertenecer a la girl band .
Me refiero más bien a la sensación del «todo hecho».
No decidíamos nuestras letras ni escogíamos nuestros sonidos, y ni siquiera planeábamos nosotras la estética que, tras siete años, ya estaba más que definida, tanto colectiva como individualmente.
Nosotras solo éramos intérpretes, de canciones y personajes…
De canciones y personajes que pasaban a ser parte de nosotras, que nos lo dieron todo, que hicimos nuestros y que habitan bajo nuestra piel, pero también bajo la de todos aquellos que nos brindaron la oportunidad de regalárselos.
Pero no componer —y sobre todo no decidir— era sencillo, aunque a veces jugásemos a imaginar cómo sería si tuviésemos mayor capacidad de decisión.
Irónicamente, yo, que era conocida como «la líder», siempre era la que menos tenía que aportar en esos debates de jóvenes ambiciosas que llegaron a surgir. Seguro que a mis compañeras no les sorprende mi situación actual por eso mismo.
Porque sí, soy la única. Soy la única que no ha dado el paso.
No he dejado la música, pero tampoco he aportado nada a la industria aún.
Ni un triste single ; tampoco colaboración, por supuesto; la discográfica no está por la labor de ligar mi imagen a la de alguien más sin haber sentado primero unas bases individuales.
El problema es que es difícil encontrar unas bases que sentar tras un proyecto potente cuando…
no tienes con qué seguir, ni qué romper.
Quizá también por eso despierto tanta curiosidad: porque nadie es capaz de prever qué haré.
—No iba a escuchar lo que decían sobre mí —me disculpo rápidamente, y me siento pequeña en mi silla. Y juro que no está relacionado con lo de que se me estén durmiendo los pies—. Solo quería saber qué decían de las chicas; era un especial sobre nosotras.
—Ya no hay un nosotras —dice con simpleza, antes de esbozar una suave sonrisa—.
Cariño…, te lo sabes de memoria. —Punto para mi mánager: es difícil no estar al día de la vida de tus amigas cuando solo tienes cuatro y apenas te relacionas con nadie más.
Ahora que lo pienso, ¿hace cuánto que no me llama mi madre?
—¿Dijimos que extensiones sí o no?
La mirada de ambas va hacia la estilista junto a mí, que alza en su mano dos mechones de cabello sintético, uno azul y otro morado.
—Extensiones sí. —Es Vero la que responde.