10
Un año atrás
EVA SE PREPARABA PARA UNA DE SUS NOCHES.
Le tocaría estar fuera de su habitación y esperar al convoy de Berlín para hacer de las suyas.
Vestía de manera provocativa, llevaba los labios más rojos que la sangre y unos zapatos de tacón de infarto que apenas y podía caminar con ellos gracias a lo débil que estaba.
En cuanto escucharon los pasos de los hombres, todas comenzaron con lo suyo.
Formaron fila como si estuviesen en una zona militar y los hombres vestidos de traje que usaban una corbata de colores.
Eran los típicos chulos que no tenían ni el más mínimo gusto por la moda, más sí el dinero para poder hacer lo que quisiesen y después borrarlo.
—Tú—Señaló a una de ellas—Conmigo.
Así fue cada una siendo elegida por uno de ellos. Cuando solo quedaba Eva, Berlín dio un paso al frente con uno de sus hombres.
—Ella es especial. Era virgen cuando la traje aquí. Es la que cobra más caro, su resistencia es excitante. —Le palmeó el hombro al hombre que tenía al lado. Era robusto, de cabello oscuro y ojos claros—Te encantará.
—Me lo puedo imaginar—Le dijo el acento ruso.
Berlín tomó del cabello a Eva y ella se resistió.
—Vas a atender bien a mi amigo—le susurró en amenaza al oído—Si te portas bien quizá tú pueda elegir a los tuyos de ahora en adelante.
—Vete a la mierda—Le escupió en la cara.
Cuando entraron a la habitación el hombre se quitó la chaqueta y colocó la pistola dentro de ella. Eva miró cada uno de sus movimientos. Estaba borracho y además tenía la mirada llena de hambre.
—Si me tocas te mato, hijo de puta.
—Me gusta que te resistas. Berlín tiene razón, haces que se me ponga dura con escucharte esa boca sucia que tienes.
En cuanto se le acercó Eva le clavó los dientes en el brazo. El hombre gritó de dolor y lo pateó en los huevos. Corrió hasta su chaqueta y sacó el arma. No había tenido una antes. Y no era tan pesada, sabía que si apretaba el gatillo era el fin de la persona que apuntaba.
—Quieto—Lo apuntó con firmeza, las manos ni siquiera le temblaban un poco. Había pasado suficiente como para estar ahí. —He dejado que me violen, que me den por todos lados, que me golpeen como a un perro, que me hagan pasar hambre, pero ya no más. Quieto ahí o te mueres.
Al tipo se le abrieron los ojos como platos y cuando dio paso en falso disparó el arma. Como pudo tomó un bolso debajo de la cama donde guardaba una muda de ropa de emergencia en cuanto se le presentara la oportunidad de salir y un par de billetes.
En cuanto la puerta se abrió se preparó para lo peor. Pero se sorprendió cuando fue una de las chicas que abrió la puerta.
—Por Dios. Lo has matado.
Eva pensaba que estaba en problemas. Había visto a la chica disfrutar de estar ahí pero nada más, es por eso que se limitaba a no hablar con ellas y ahora estaba perdida.
—Tengo dinero, por favor no digas nada.
—¿Dinero? —Se rio por sus palabras—Cariño, será mejor que saques tu culo de aquí antes de que Berlín venga.
—¿Qué?
—Lo que has oído ¡Corre!
Sin pensarlo dos veces corrió hasta la salida donde el centinela que cuidaba en la puerta estaba de espaldas.
Eva disparó de nuevo el arma a una de sus piernas y salió corriendo.
La noche estaba fría y lo único que pudo hacer fue correr.
Cuando las piernas ya no le daban, se metió en un callejón y se cambió la ropa.
Entró a un veinticuatro y se fue directo al baño, se lavó la cara y las lágrimas y al salir continuó corriendo hasta que se detuvo frente a un rótulo que la hizo sonreír y al mismo tiempo le dio una señal.
—Inferno.