Arte y placer 2
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EVA ESPERABA AFUERA DEL DESPACHO DEL SEÑOR Preston.

Le temblaban las manos y además estaba paralizada en no saber qué hacer si salir corriendo o quedarse ahí hasta que él abriera la puerta y se encontrara de narices con ella.

Nunca se había imaginado estar a solas con él en su despacho.

Aunque había imaginado un sinfín de cosas cuando eso sucediera, como estar doblada en su escritorio mientras él la hacía suya por detrás.

​ La segunda opción.

​ — ¿Qué hace usted parada ahí? —De nuevo ese tono seco y ofensivo salía de su boca.

​ —Acabo de llegar—Como si le sirviera de mucho.

​ —Pues llega tarde.

Abrió la puerta para ella y caminó, esta vez con los pies bien firmes para no volver a repetir el papelito de hace algún rato con él. Aunque la idea era tentadora.

​ —Siéntese, por favor.

​ Se sentó frente al escritorio, nunca había estado en aquel despacho.

Olía delicioso a madera fina, había un viejo tocadiscos en un rincón, un sillón bastante grande de cuero, tres libreros repletos de libros y un gran escritorio en forma de L, aquel despacho era lo más increíble que había visto en mucho tiempo.

Había estado en los despachos de otros profesores pero ninguno era como el de él.

Era el director después de todo y propietario del campus.

Era como un pequeño palacio de arte y erotismo.

Había algunas pinturas de siluetas del cuerpo de una mujer.

Alguien que sabía de arte, adivinaría que se trataba de una pose real.