Arte y placer En el presente
10%

En el presente

DESPIERTO SObrESALTADO. De nuevo la misma pesadilla una y otra vez.

Debería de dejar de tomar esas malditas píldoras, pero mi jodido doctor dice que es por mi bien.

Ahora ya no estoy seguro de ello. El Miller que llevo dentro lucha en mi interior, casi todos los días, y a toda hora.

Es un hecho, no volveré a ver a ese jodido doctor.

Cuando niño huía de los monstruos, ahora me siento a hablar con ellos, no me seguían para hacerme daño, me reconocieron como uno de ellos.

Pensé que había tocado el cielo, pero era su voz la que escuchaba. Fue lo último que escuché antes de cerrar mis ojos.

​ Que la vida me disculpe las veces que la confundí con la muerte en ese momento.

​ A veces pienso que estoy muerto, he aprendido con los años a olvidar lo que sentía por ella, pero la soledad que ahora me abraza me la recuerda considerablemente.

​ He aprendido a consolar a mis demonios, no es su culpa que yo perdiera mi esperanza en algún abismo. Ahora mi vida es diferente, es como pensé que sería después de alejarme de todos. En cuanto estaba en el funeral de mi esposa e hijo sabía que era el final.

​ Pero mi jodido pulso les aviso a los paramédicos que estaba vivo. Y odiaba al mundo por ello. Debía morir, yo debía morir. Ni siquiera llevaba el cinturón de seguridad por eso había salido volando fuera del auto y éste explotó en llamas. Tenía que haber corrido y explotar con ellos.

​ Ahora sigo siendo un profesor, un magnate del poder.

Australia era doloroso para mí. Decidí mudarme a los Estados Unidos y abrir mi propia escuela de artes.

Una que, se hizo tan importante como Harvard si eso era posible y sus alumnos eran exclusivos como pocos, a menos que supieras algo del arte y tuvieses dinero.

​ He encontrado un mundo oscuro al cual aferrarme, al propio.

Aunque no haya sido fácil tampoco me fue posible tener mi propio inferno.

Mi propio club de placer donde podía ver en la oscuridad la silueta de Vianka y escuchar su placer.

Viajaba de vez en cuando para encargarme de Industrias Preston.

Ahora era el dueño de toda esa mierda, heredero de muchos enemigos y el poder, ése me lo había conseguido yo mismo.

Inferno, es así como lo llamé y las letras en color dorado que aún brillan en la oscuridad.

Mi vida en Cambridge me lo ha dado todo o casi todo.

Tranquilidad cuando la pido, sexo cuando lo necesito y alcohol cuando mi poca alma la implora.

Y fue entonces cuando la vi entrar y mi mundo de nuevo cambió y yo con él.