Capítulo 25 Kai #2
—Averigua dónde vive su hermana. No quiero volver a hablar contigo a menos que tengas esa información.
—Cuelgo y tiro el teléfono sobre la cama, sin saber si debería derrumbarme o saltar de alegría.
El alivio me inunda una y otra vez, llenándome de aire.
Necesito arreglar las cosas con ella. Aunque tenga que suplicar de rodillas, conseguiré que me perdone.
Después de ducharme, me siento inquieto a tocar la guitarra mientras espero a que Mark me devuelva la llamada.
Mi paciencia pende de un hilo cuando pasa una hora y sigo sin noticias.
Estoy a punto de llamarlo para descargar mi frustración cuando suena el móvil. Me lanzo a por él como un desesperado.
—La hermana vive en Nueva York, lo que no te sirve de mucho estando tú en Londres, pero tengo sus datos de contacto.
—Me los dicta y los apunto en un papel. Ahora que tengo el número delante, dudo.
¿Querrá siquiera hablar con el pedazo de mierda responsable de que Jamie se fuera?
Pero mi deseo de ver a Jamie puede con todo, y opto por hacerle una videollamada.
Su rostro aparece en la pantalla del móvil, y el parecido con Jamie me golpea como un puñetazo en el estómago.
—Espero que no te importe que llame. Soy Kai Reed. Trabajé con tu hermana, Jamie. —Estoy nervioso, cosa rara en mí. Jamie se lo pasaría en grande si pudiera verme ahora.
—Sí, sé quién eres. No soy imbécil. —Al principio creo que se refiere a mi fama, hasta que añade arrastrando las palabras—: El tío de la firma de libros.
—Poniéndome en mi sitio sin contemplaciones.
No es difícil darse cuenta de que el parecido con Jamie es solo físico.
Habla con un estilo brusco, ese aire pragmático tan común entre los militares.
—¿Qué querías preguntarme, Kai? Tengo una reunión con un cliente en cuarenta minutos. —Suspira con impaciencia.
—Vale, iré al grano. ¿Dónde está Jamie? Necesito hablar con ella. —Intento parecer tranquilo, aunque estoy dispuesto a suplicar si hace falta.
—Ella no quiere que nadie lo sepa, y me imagino que tú encabezas esa lista —responde con sequedad, y si yo fuera Mark, estoy seguro de que este sería el momento en el que estaría haciendo alarde de su cartera sin fondo.
—¿Tiene algún número de contacto donde pueda localizarla? —pregunto, aunque claramente estoy dándome cabezazos contra la pared.
—No, no tiene móvil. Lo tiró al Támesis, como estoy segura de que sabes.
Ay, sabe cómo hacer que un tío se sienta poca cosa.
Estoy bastante seguro de que si estuviera repartiendo chalecos salvavidas en un barco que se hunde, yo sería el último de la fila.
Aun así, admiro que esté dispuesta a proteger a Jamie a toda costa, no como la pobre excusa de madre que tienen.
Al darme cuenta de que no voy a sacar nada de ella, suspiro frustrado, me pellizco el puente de la nariz y hago una última súplica.
—Si vuelves a hablar con ella, ¿podrías decirle que estaba intentando contactarla y que me encantaría que aceptara hablar conmigo, aunque solo fueran cinco minutos? —Debe percibir mi desesperación, porque su tono se suaviza.
—Escucha, toda la gente cercana a ella la ha decepcionado durante toda su vida.
Y ahora está haciendo lo único que sabe: huir y esconderse.
Esa chica tiene muchísimo talento. Canta y baila como si hubiera nacido para ello.
Pero sigue pensando que no es suficiente.
Merece encontrar a alguien que la valore.
Alguien que luche por ella y le haga ver lo especial que es.
Suspiro hondo, cargado de culpa.
—Ese debería haber sido yo, y la decepcioné. No me lo perdonaré.
—Nunca es demasiado tarde, Kai, si lo deseas de verdad.
Puede que sean imaginaciones mías, pero siento como si me hubiera dado su aprobación en silencio. Antes de que pueda darle las gracias, da por terminada la conversación.
—Ha sido un placer hablar contigo, Kai. Si se pone en contacto conmigo, le diré que llamaste. La pantalla se vuelve negra y me quedo mirándola un momento, más exasperado que nunca. Acabo de jugar mi única carta y me he quedado con las manos vacías.
Cabreado, bajo a prepararme un café. Tamborileo los dedos con impaciencia mientras se hace y trato de formular algún tipo de plan.
No puedo quedarme de brazos cruzados esperando a que Jamie llame a su hermana.
Me cuesta admitirlo, pero necesito la ayuda de Mark si quiero tener alguna posibilidad de encontrarla.
A regañadientes marco su número, y me alegro cuando responde al primer tono.
—Mark, necesito que contactes con los medios y les digas que hay una buena suma de dinero para quien pueda dar información sobre el paradero de Jamie. Me llevo el café humeante a los labios, soplo y espero impaciente mi dosis de cafeína.
—Ya lo he hecho, Kai. Fue lo primero que hice cuando supe que estaba bien. Además, quiero pagarle el dinero que le corresponde. La cantidad completa que acordamos, para que por fin pueda volver a la universidad.
—¿Sabes qué, Mark? No eres tan malo después de todo. Joder, la mayor parte del tiempo le aprieto tanto las tuercas que apenas puede respirar.
—Vaya, qué honor —dice con sorna.
—Lo que sea, Mark. Cuelgo, con el ánimo algo mejor que antes.
Puede que al final consiga dormir esta noche.