Capítulo 20 Jamie #3
—Dame un respiro. Tenía trece años. Era obligatorio tener un motivo de hoja de marihuana en todo lo que tuvieras. Venga, no finjas que tú no lo hacías.
—Oh no, yo era una buena chica. —Sonrío dulcemente mientras parpadeo coqueta. Se me tensa el pecho cuando sus ojos arden.
—Ya sabes lo que dicen de las buenas chicas —su voz destila amenaza mientras sus ojos se oscurecen.
Trago saliva y tartamudeo: —No, ¿qué dicen? —Antes de que pueda siquiera pestañear, se abalanza sobre mí, me agarra de la cintura y me inmoviliza en la cama, atrapándome entre sus enormes bíceps.
—Que no les gusta nada más que ser ensuciadas por un chico malo. —Sus labios se curvan en una sonrisa perversa y el corazón se me acelera a toda velocidad mientras aprieto los muslos, tratando de contener el zumbido de excitación que palpita entre ellos.
Como un vampiro a punto de extraer sangre, muestra los dientes con la boca retorcida en un gruñido perverso, tan excitante que estoy empapada por él.
Se lame los labios, listo para devorarme.
Lo único que puedo hacer es quedarme inmóvil, como atrapada en una red sedosa, observando cómo la araña se acerca mientras mi respiración se vuelve superficial, rápida y errática.
Me desabrocha el sujetador y me lo quita; su respiración acelerada me hace cosquillas en los pezones endurecidos.
Hago un intento poco convincente de protesta:
—Kai, no podemos —pero mis palabras se desvanecen en un gemido cuando rodea mi pezón con la lengua, se lo mete en la boca y lo succiona sin apartar de mí su mirada penetrante.
—Shhh, nena, puedes quedarte callada por mí. —Desliza el dedo hasta la costura de mis bragas y tomo una bocanada de aire cuando engancha el borde y me las quita. Cada movimiento que hace es agonizantemente lento, haciendo que cada centímetro de mi cuerpo se tense, frenética por sus caricias.
Esparce besos sobre mi vientre y suelta una risa oscura mientras me separa las piernas y me deja expuesta como un festín.
Me tapo la boca para ocultar mis gemidos cuando empieza a torturarme con la lengua, lamiendo mi clítoris como si fuera su última comida.
Cierro los ojos con fuerza y me concentro en permanecer en silencio, una tarea casi imposible cuando me está devorando con lentas caricias tentadoras.
Mete dos dedos dentro de mí, se queda quieto y me destruye con sus palabras:
—A esta buena chica le encantan mis dedos bien adentro de su coño palpitante.
—Es la gota que derriba las compuertas. Me corro tan fuerte que vuelo como un pájaro muy por encima de las nubes.
Me tapa la boca con la mano cuando escapan algunos gemidos bajos.
Puedo saborearme en sus dedos mientras vuelvo temblando a la realidad.
Abro los ojos y me encuentro con su sonrisa triunfante.
—No es justo, ¿qué tipo de magia vudú posees que me tienes desnuda, corriéndome en tu lengua antes de que siquiera tenga tiempo de respirar?
—Joder, no me des esa imagen a menos que estés lista para la segunda ronda —dice con voz ronca mientras me envuelve en sus brazos.
—No hicimos demasiado ruido, ¿verdad? —No tengo ni idea después de esa experiencia extracorporal.
—Claro que no. Tengo las marcas de mordiscos en los dedos para demostrarlo. De todos modos, tampoco es que mis padres piensen que estamos aquí jugando a las damas. Y menos con mi amante secreta —bromea, lo que le vale otra bofetada en el momento justo.
Me da un beso suave en la nariz y se acurruca conmigo. El espacio es limitado en su cama individual, así que no queda más remedio que enredar las piernas.
—Deberías dormir ya, Jamie. Mañana va a ser una locura.
—Se quita la ropa y me atrae con fuerza contra su pecho.
Distraídamente, me acaricia el hombro desnudo con las yemas de los dedos mientras trazo el contorno de los tatuajes en su pecho.
Nos quedamos en un silencio dichoso por un momento, mirando el techo, escuchando el viento aullar en los árboles.
Una sonrisa perezosa se dibuja en mis labios mientras reflexiono sobre los acontecimientos del día.
Mis pensamientos cálidos cobran voz y susurro:
—Tu madre me ha dado un abrazo de buenas noches.
—Sí —suena confundido, como si no supiera qué intento decir.
—Fue agradable.
Me sorprende apretándome en un abrazo fuerte, tan íntimo que un torrente de emociones me invade, tan intenso como una corriente de resaca que me arrastra contra mi voluntad. Me toma la cara entre las manos y murmura:
—No digas esas cosas, Jamie. Me rompe el puto corazón. —Arrastra tiernamente los labios sobre los míos y acaricia mi lengua con la suya. Me pierdo en el beso. Lo es todo: una dulce promesa tácita del cielo. Ojalá pudiera quedarme en este momento para siempre.
Mientras los truenos y relámpagos rugen afuera con furia bíblica, son el espejo de los latidos salvajes y entrecortados de mi corazón. Una vocecita que he intentado enterrar se alza desafiante desde mi alma, abriéndose camino hasta mi cabeza.
El eco resuena con fuerza en mi oído.
Estás enamorada, y no hay ni una maldita cosa que puedas hacer para impedirlo.