Capítulo 3 Jamie #2
—Ahora que conoces a todos, me gustaría explicarte por qué estamos aquí.
Después del evento de la firma de libros del otro día, no podemos negar que esto ha generado una enorme publicidad para la banda, y no toda positiva.
Así que, básicamente, tenemos una propuesta para ti, Jamie.
Hemos pensado que podríamos organizar una rueda de prensa conjunta en la que demostraríamos de forma inequívoca que estamos en buenos términos, y te regalaríamos un libro nuevo.
Hace una pausa para observar mi reacción.
Pongo mi mejor cara de póker y respondo:
—¿Qué gano yo con esto?
—Bueno, he investigado un poco y tengo entendido que ahora mismo vas saltando de trabajo temporal en trabajo temporal.
—¿Me has investigado?
No puedo ocultar mi asombro.
—Dado que conseguir el libro firmado era básicamente uno de tus trabajos temporales, tenemos otro puesto que ofrecerte.
Nos gustaría que nos acompañaras en nuestra gira mundial como asistente, encargándote de las necesidades del día a día: reservar hoteles, vuelos, restaurantes y hacer recados en general.
El puesto duraría unos seis meses. Tendrías que firmar un acuerdo de confidencialidad y no podrías hablar con la prensa bajo ningún concepto.
—¿Estás seguro de que los fans lo aceptarían? Quiero decir, el otro día parecía que me odiaban a muerte.
—Sí, los comprendo perfectamente.
Kai lo dice con tono inexpresivo mientras saca un porro perfectamente liado del bolsillo de la chaqueta, lo enciende, le da una calada y suelta enormes nubes de humo en mi dirección.
Es difícil saber si me está tomando el pelo o si es un capullo integral, así que me conformo con poner los ojos en blanco y hacerle disimuladamente una peineta por debajo de la mesa.
Sí, hemos pasado a mezquindades propias del instituto.
—¿Cuánto pagaríais por este trabajo?
—Ciento cincuenta mil dólares por los seis meses.
Mark suelta la cifra como si fuera calderilla.
Intento mantenerme impasible, aunque es imposible contener el latido desbocado del corazón.
Estando aquí sentada, prácticamente sin casa y sin trabajo, no hace falta pensárselo mucho para darme cuenta de que es una oportunidad que no puedo dejar escapar.
—Lo haré. ¿Cuándo es la rueda de prensa?
No se me da bien hacerme la difícil.
—Mañana. Será aquí otra vez, así que te recomiendo que te quedes otra noche. Por la mañana mandaré a peluquería y maquillaje a tu habitación para prepararte. Toma, quédate este teléfono para que pueda localizarte durante el día, y la banda también podrá hacerlo si te necesitan.
Me entrega un iPhone nuevo, con todas las prestaciones, recién salido de la caja. Para qué engañarnos, probablemente haría la rueda de prensa solo por el teléfono, pero eso me lo guardo para mí.
—De acuerdo, gracias, Jamie. Ahora tenemos que ir al estudio de grabación, así que aprovecha las instalaciones del hotel. Nos quedamos aquí esta noche, así que ya hablaremos más tarde si hace falta.
Mark se levanta, dando a entender que es hora de irse, y los demás lo siguen.
Trent le quita el porro a Kai, que apenas se inmuta.
Todos parecen estar perfectamente compenetrados, acostumbrados a compartir cada aspecto de sus vidas. Mickey y Shauna se despiden de mí con amabilidad. Al menos con ellos me apetece trabajar. Trent me guiña un ojo mientras le echa un último vistazo a mi escote.
Kai pasa de largo como si yo no existiera, aunque se detiene en la puerta para lanzarme una última pulla.
—No vayas a aterrorizar ninguna biblioteca hoy, Jamie.
Suelto una risa falsa y forzada, y al instante pongo mi mejor cara de asco para que sepa lo poco gracioso que es. Señalo su pelo con expresión de extrañeza y le lanzo mi pequeña puya de despedida.
—¿Qué es eso que tienes en el pelo?
Se palpa la cabeza como si intentara quitarse algo.
—No te preocupes, seguro que es un trozo de papel que se te quedó ahí enganchado del otro día.
Se detiene y cierra los ojos un momento, como si no pudiera creer que ha caído en el truco más viejo del patio de recreo. Aparta la mano despacio y me clava una sonrisa burlona, con una intensidad que me deja sin aliento brillando en sus preciosos ojos.
No estoy nada preparada para el torrente de emociones que estalla dentro de mí cuando se echa a reír, como si un ejército de animadoras con pompones estuviera dando volteretas en mi pecho.
Este hombre solo tiene que regalarme una de esas sonrisas deslumbrantes, enseñándome esos dientes perfectos, y ya estoy flotando en las nubes camino al Planeta Enamorada.
Y entonces, fiel a su estilo, Kai Reed lo estropea todo. Vuelve su actitud fría, dejándome claro que me está poniendo en mi sitio.
—Resérvame una mesa en Nobu para las siete. Dales mi nombre. Me harán hueco.
—Considéralo hecho.
Se nota que a este idiota le va a encantar mangonearme. Pero qué más da. Después de estos seis meses, podré terminar mi curso de Artes Escénicas. Los veo marcharse con una sonrisa enorme en la cara. Quizás por una vez en la vida me ha tocado la suerte.
Aunque no consigo quitarme de encima la sensación de que algo terrible me espera a la vuelta de la esquina; la experiencia me ha enseñado a desconfiar. Por ahora, intento apartar las dudas de mi cabeza.
Todavía radiante, vuelvo dando saltitos a mi suite con la intención de dormir el resto del día.
Estoy agotada después de lo de anoche, y esta vez pienso llegar a la cama sí o sí.