Arrogante: El libro de mentalidad de Isra Bravo Epílogo. Los diez años de carrera
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Epílogo. Los diez años de carrera

Epílogo

Los diez años de carrera

La decadencia y los finales eternos

La decadencia siempre me ha fascinado.

Hay algo bello en la decadencia. Me ha pasado con las personas, con las cosas, con los lugares.

Hay lugares que parecen estar viviendo en un eterno final.

En una constante muerte. No es ese final explosivo que no te esperas, no es un giro de guion, ese tipo de final repentino, memorable, épico.

Cuando algo es decadente no tiene final, la decadencia no se detiene, el deterioro, la pérdida nunca se detienen.

Todos estos conceptos los he aplicado a mi carrera, a mi mentalidad. Ahora lo entenderás.

Aveces paseas por un barrio de tu infancia y no eres capaz de distinguir si la decadencia está en ti o está en la calle.

Pero es decadencia, al fin y al cabo. Hace poco me daba un paseo por Torremolinos, en el sur de España.

Algunos de sus barrios, los que en los noventa estaban llenos de vida y negocios, cuando paseaba ahí de chaval, ahora, muchos años después, eran una hilera de locales vacíos, abandonados, llenos de pintadas.

Se respiraba el poso de la grandeza pasada, con sus casinos y sus discotecas, todo ello ahora en ruinas, abandonado.

Como el parque de atracciones Tívoli en Benalmádena.

Hoy podría ser el decorado de una película de terror.

Pero ahí está, en una decadencia eterna hasta que lo derriben todo y construyan algo nuevo o lo restauren o, simplemente, lo dejen como está, decadente.

Hay mucha gente cuya mentalidad es así, decadente.

Acostumbrada al abandono. No pretendo criticarla, no pretendo juzgarla, sólo la observo.

No es una decadencia bella, con los surcos y cicatrices de las batallas ganadas.

Las personas con la mentalidad decadente y blanda siempre miran al lugar equivocado, no han aprendido a domar el tiempo, a jugar con él.

Entonces se instalan ahí, en un final constante pero que nunca llega, con miedo, en ruinas.

Su decadencia propia no les ha permitido vencer a la decadencia común que a todos nos rodea, que todo lo impregna.

Simplemente, se han dejado llevar y aplastar por ella, sin luchar.

Esto les sucede según va pasando el tiempo, su tiempo.

Pero es algo que podrás observar en personas muy jóvenes de apenas veinte años.

Personas, muchas, que con apenas veinte años ya se han instalado en la decadencia eterna y será así el resto de sus vidas.

Lo puedes ver constantemente a tu alrededor, sólo has de fijarte.

No le plantan cara, se han dejado ganar sin esfuerzo.

El miedo y la ignorancia forman parte de su pensamiento y cuando eso está en tu mentalidad, da igual donde vivas, da igual tu edad, da igual incluso lo que ganes, vives en la decadencia del que no luchó, del que no lo intentó, como los barrios abandonados por años y años y años.

Como los edificios que nadie acabó de construir.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor, cualquier tiempo pasado fue, simplemente, tiempo, como lo es el actual y lo será el futuro.

No puedes controlar la decadencia de una ciudad o de tu artista favorito, pero puedes controlar la de tu mente y la de tu alma.

La puedes manejar. La puedes educar con mano firme.

El miedo es la peor forma de decadencia, el miedo es un acto de soberbia y arrogancia.

¿Acaso te crees eterno, hijo de puta? ¿Aqué le tienes miedo?

Todo es infinito e inacabado, ¿qué temes?

No hacer cosas, no apostar por ti, por la vida, pensar que nunca vas a morir.

.. No hay nada más miserable y cobarde, no hay peor ejemplo y legado para los que te aman.

Por eso hay que luchar y dejar las cosas en lo más alto, no para impresionar a los demás, simplemente para ser tú el que le digas a la decadencia quién manda aquí.

No te abandones, la decadencia común que te rodea bailará contigo y si luchas cada día, habrás ganado, sea cual sea el resultado, habrás ganado.

Te acompañará delicada y firme, caminaréis juntos, no te habrá aplastado y la podrás mirar a los ojos.

Es bella si no dejas que te domine, si la dominas tú.

No hay nada que le guste más a la decadencia, nada le gusta más que la dominen.

Cuando empecé en 2017, lo bauticé el Año Muerto.

Fue el peor año de mi vida y, sin duda, uno de los mejores.

Fue un todo o nada, la vida embrionaria que es todo delicadeza, que un golpe, un virus o unos días sin alimento podrían aniquilar.

Mi única y gran esperanza fue que no tenía esperanza.

Ese año empecé con el email diario y rápidamente empezaron a venir los clientes.

Entonces decidí, diseñé, mis diez años de carrera.

Sería aquel Año Muerto y tres trienios.

En ese plazo me haría rico, lo haría a mi manera y después me dedicaría a otras cosas, tal vez vinculadas a mi profesión, pero no de la misma forma.

El primer trienio fue el Trienio Vivo. Los años 2018, 2019 y 2020.

Vendí servicios y vendí formación y vendí membresías.

Totalizador. En esos años, ya nada me podría detener, había superado la cocina mugrienta, los azulejos amarillos y la ruina del comienzo.

Empecé a ganar más dinero del que podía gastar y aproveché mi cultura financiera para invertir con sentido común, sin pasarme de listo, sin adivinar el futuro.

El segundo trienio fue el Trienio Mojado.

Años 2021, 2022 y 2023. Ahí el objetivo era claro, apalancarse en mi marca, mojar el mercado, expandirme, multiplicar mis ingresos.

Visitar diferentes países y vivir la parte «estrella del rock».

Chófer, aviones privados, hoteles de lujo, fans, experiencias de todo tipo.

Ahí ya me podría haber retirado, pero tenía claro lo que tenía que hacer, y era completar la década.

El tercer trienio, fue el Trienio Nada. Años 2024, 2025 y 2026. En esos años, decidí que ganaría más dinero que nunca, sólo por respirar. Es una larga historia que contaré en otro libro.

Ydecidí, ya a finales del año 2017, que en el año 2026 mi legado sería escribir libros.

Más cosas también, pero los libros como eje fundamental.

Que me dedicaría principalmente a eso. Que cambiaría mi rumbo hacia cosas nuevas, ahí empezaría una nueva etapa.

Yque, si daba charlas, por ejemplo, donaría hasta el último céntimo de lo que ganara, como llevo haciendo los últimos años.

Ojalá más gente alcance esa libertad. Con conocimientos y sin negocios millonarios es muy posible alcanzarla, he conocido a muchos que lo han hecho. En próximos libros, hablaré de ello. Hay muchas formas.

Así que decidí escribir.

Ysi puedo ayudar al 1 por ciento de los que me lean, ayudarlos de una forma u otra, será increíble.

Sólo quiero escribir, me he retirado del circo online cuando he querido, como supe que haría y como he querido, he diseñado mi vida y puedo hacer lo que quiera con ella y es, como soñé desde niño, escribirla.

Yes escribirla porque la Mujer Sueño me está mirando y quiero que esté orgullosa de mí. Quiero que ella ame mi decadencia. Mi decadencia de ambición infinita.

Yquiero decirle que esto es sólo el comienzo, que ahora empieza de verdad lo divertido.

Que gracias al copywriting he alcanzado el mejor de mis sueños, de los míos, y es dedicar mi vida a escribir, que ése sea mi legado.

El de un tipo fuerte y tranquilo que descargaba camiones, que decidió escribir y fue lo suficientemente arrogante como para hacerse rico con ello sin dudar de que lo haría.

Lo suficientemente arrogante como para dejar su negocio en lo más alto de su carrera como copywriter.

Ylo suficientemente arrogante como para esclavizarte.

Espero que te duela.

Para los pocos que me quieren mucho y para los muchos que me quieren un poco.

Mira.

La satisfacción, el placer, la conquista de alcanzar algo rara vez será impulso suficiente.

Quiero decir, si tu vida es normal, tu pareja es normal, tus ingresos son normales.

.., si todo podría mejorar, pero es «normal» y no está tan mal, es complicado que tengas la fuerza bruta y puta de tirar la pared a cabezazos.

De entrar en el mercado con un hambre infinita.

Porque las personas nos movemos mucho más y mucho antes para evitar un dolor que para buscar un placer.

Por eso cuando me preguntan qué fue determinante para mí, siempre digo: «La desesperación fue mi palanca».

Pensar que nada había merecido la pena y que había traicionado mis sueños de niño, que no podría pagar un triste alquiler y que mi hija, cuando fuera una mujer adulta, pudiera sentir vergüenza de su viejo, ésa fue mi palanca.

Estaba desesperado.

El dolor era insoportable, no podía dormir más de dos horas seguidas, ésa es la verdad.

Era un zombi en un polígono descargando cajas.

Sin dinero.

Sin contactos.

Sin estudios.

Sin títulos.

Sin planes más allá del siguiente día oscuro.

La sensación de vida fracasada era tan intensa que sólo me quedaba morir alcohólico o hacerme rico.

Su puta madre.

No había más.

O me destruía del todo o me hacía rico escribiendo.

Blanco o negro.

Ni plan B ni cojones.

Ésa fue mi fortuna.

Mi amada desesperación.

Así que, amigo, no te deseo ningún mal, ni tienes que llegar a mi límite ni al de nadie, cada uno tiene su dolor y su camino, pero espero que veas el precipicio, que lo sientas, porque es muy probable que así y sólo así, derribes las puertas a hostias.

Yquien quiera que mire y se inspire y quien quiera que critique y te la coma.

Espero que te duela.

Te lo deseo de corazón.

Que duela.

Eres muy afortunado si eso te pasa.

Arrogante

Pd: Arriba.