25. Sólo soy un tipo tranquilo que descargaba camiones #2
Un día, a finales de septiembre de 2025, leí una frase que me marcó mucho, una frase de Schopenhauer que decía: «La riqueza material es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da».
Leer eso me causó un gran impacto. Yno por tener nada en contra del dinero, el dinero me parece maravilloso, necesario, y desde pequeños nos deberían educar en él, pero esas palabras.
.. Sentí su eco dentro de mí. Llevaba varios años ganando mucho dinero, cada día, cada mes.
Sin embargo, mi objetivo, como una inercia inconsciente, era hacer más, facturar más, ganar más.
Eso no tiene nada de malo, nunca lo criticaré, pero entendí que el dinero no era un objetivo lo suficientemente ambicioso para mí.
No necesitaba más dinero, no quería beber de esa agua salada.
El dinero vendría, más o menos, me daba igual, pero ahora mi ambición era el legado, dejar escritos montones de libros para que mi hija los leyera, para que los leyera el hijo de un panadero, la hija de un camionero, o de un consejero delegado, o de un CEO, o el hijo de una señora de la limpieza.
Quería llegar al mayor número de personas posible, hacer accesible todo lo que había logrado, todo lo que yo había conseguido y aprendido.
Compartirlo con el mundo para quien lo quiera, escribiendo, haciendo lo único que de verdad me salvó siempre.
Ganaría mucho menos con un libro que con un infoproducto, el margen es infinitamente menor, pero ¿qué más da?
Ya no quería dinero, era, como te decía, mucho más ambicioso.
Yal leer esa frase, entendí por qué el ciclo quedaba cerrado en 2026, por qué era el momento de pasar a otra etapa, de expansión, donde el dinero, sencillamente, quedara fuera de mi atención, donde no haría nada por ser más o menos rentable.
Mi ambición era infinita y mucho más grande, era dejar un legado y no se me ocurre mejor forma que a través de los libros.
Ysobre todo, contentar a mi niño interior, con el que tanto hablo, regalarle la vida que siempre soñó, escribir.
¿Yqué necesitas saber tú de todo esto?
Tu palabra es una de las cosas más valiosas que tienes.
Mantener tu palabra y que los demás sepan que lo haces genera confiabilidad, que es básico para tener un negocio y una vida que vayan bien.
Si dices que no vas a hacer ofertas, no las haces; si dices que retiras algo de la venta, no lo vendes más; si le dices a un cliente que el trabajo estará X día, se lo entregas ese día.
.. Yasí con todo. Poca gente cumple su palabra.
Hacer eso te dará una enorme ventaja competitiva, simplemente, cumplir tu palabra y cumplir tus plazos.
Faltar a tu palabra, en el mejor de los casos, dará sensación de poca profesionalidad, pero la mayoría de las veces hará que lo que digas no tenga valor, que la gente no te crea y no te vean como alguien confiable.
Sólo si te dedicas a la política y asumes que tu votante medio es idiota perdido, puedes permitirte el lujo de mentir una y otra vez y llamarlo «cambiar de opinión» o un insulto a la inteligencia de ese estilo.
Pero si no te dedicas a la política, olvídalo.
Sé fiel a tu palabra, muestra respeto por ti mismo y por los demás.
Esto es parecido a lo que digo tantas veces de que «hay que vender diciendo la verdad», pero va un paso más allá.
No sólo se trata de que vendas diciendo la verdad, sino que debes asumir que tu palabra es vinculante.
Puedes rectificar si quieres cambiar algo y la gente lo entenderá, no pasa nada.
Pero deben ser casos excepcionales y justificados.
Si tú tienes palabra, si la gente sabe que tú cumples tu palabra, confiarán de verdad en ti. Tendrás una reputación y una autoridad enormes entre las personas que estén a tu alrededor. Te irá bien. En los negocios y en la vida.
4. Perseverancia
La forma de justicia más elevada que existe. La perseverancia. La perseverancia es tu forma de decirle al mundo: «Mis cojones son mucho más grandes que todas mis carencias».
La perseverancia lo es todo. Siempre habrá alguien más listo que tú, más guapo, con más dinero, con más experiencia, con más gracia, con más polla, con más amigos, con más suerte, con más lo que sea.
Pero nunca, jamás, deberías dejar que nadie fuese más perseverante que tú.
Que como mucho alguien sea capaz de igualarte, que también esté dispuesto a perseverar hasta el último de sus días.
Te pueden ganar a todo, pero nadie te debería ganar en esto.
Es algo que también he dicho montones de veces en mis emails, en mis libros, en las entrevistas, en los pódcasts, en las formaciones.
.. Sólo con que seas perseverante, con que estés dispuesto a perseverar de verdad, estás por delante de la gran mayoría de la gente que hay ahí fuera.
Yes verdad. Muchos van a empezar a hacer las cosas y, al no ver resultados en poco tiempo, van a dejarlo y a probar otra cosa, y luego otra.
.. Pasa con todo. La perseverancia es uno de los componentes más valiosos que puedes sumar a tu mentalidad.
Los agoreros, los flojos, los envidiosos y mediocres nunca entenderán esto y siempre buscarán excusas.
5. Conócete a ti mismo
Mira, a finales del siglo V a. C. esto ya lo había escrito un griego en el templo de Apolo en Delfos.
Pero cuando hablo de conocerte a ti mismo, me refiero sobre todo a tus limitaciones.
Conocer tus limitaciones es todavía más importante que conocer tus puntos fuertes.
¿Te cuesta aceptar la autoridad? Entonces no deberías trabajar para otros.
¿Te cuesta decir que no? Pues entonces no deberías liderar un equipo o un puesto de responsabilidad.
¿Te cuesta tomar decisiones? Pues deberás tener sistemas que te las faciliten. .. Me refiero a ese tipo de cosas.
Por supuesto, hay cosas que se pueden entrenar o mejorar, pero yo, por ejemplo, sé que no tolero que me den órdenes, o que no estoy cómodo cuando no tengo el control.
.. Yprecisamente por eso monté mi negocio.
Porque sé que, por mi manera de ser, no sirvo para tener un jefe ni acepto las órdenes con naturalidad. Lo llevo muy mal.
Recuerdo que con unos veinticinco o veintiséis años trabajé durante un día en una tienda de muebles, una tienda de sillones de lujo.
Estaba en el barrio de Salamanca en Madrid.
El dueño era un tipo trajeado con pinta de italiano mafioso de segunda.
El caso es que en mi primer día de trabajo y después de una muy breve formación en vender sillones (que es como vender cualquier otra cosa), estaba en aquella tienda.
Aquel trabajo era importante para mí, tenía que pagar el alquiler de un piso interior, oscuro, de apenas 30 metros cuadrados donde vivía con una chica que estaba como un cencerro.
Imagínate vivir con una chica que está como un cencerro en un espacio de apenas 30 metros cuadrados donde nunca entraba la luz.
Algo así podría hacerte inmortal. Si lanzaran una bomba atómica, sólo sobrevivirían las cucarachas y yo y, tal vez, la chica cencerro, pero no estoy seguro.
No podía perder ese trabajo, tenía que mantener una casa que parecía un trastero, tenía que pagar un alquiler, y comida y cerveza y salir a cenar por ahí de vez en cuando con la mujer que estaba como un cencerro.
No tenía un duro ahorrado y no sabía hacer nada en la vida, sólo trabajar en cualquier cosa y, muchas veces, era en las cosas en las que nadie quería trabajar.
Pero este trabajo en la tienda de sillones de lujo no estaba mal.
Había aire acondicionado (aunque no me gusta casi nunca) y lo mejor de todo, no tenía compañeros. Eso estaba muy bien.
Yahí estaba en mi primer día. La mañana fue muy tranquila, apenas entraron dos clientes a los que atendí como se espera que atienda un dependiente del montón.
Amable e informativo. Por la tarde no entraba nadie, así que allí estábamos yo y mi amabilidad fingida del montón.
Aquello era un aburrimiento. Saqué mi teléfono móvil y llamé a una chica que no era la que estaba como un cencerro y con la que vivía.
Esta chica a la que llamé no estaba loca, si es que hay alguien que no esté loco.
En medio de la conversación entró el dueño, el tipo con pinta de italiano mafioso de segunda.
Aparté el teléfono, sin fingir ni disimular que estaba hablando y le saludé.
Su respuesta fue, textualmente, la siguiente:
—Para hablar por teléfono te vas a tu casa, aquí no se viene a hablar por teléfono.
Aquello me molestó mucho. No me gustaron ni las palabras, ni el tono, ni las formas. En definitiva, ese gilipollas no me gustó, así que me lo puso fácil:
—Pues eso haré, me voy a mi casa y así hablo tranquilo.
El tío se quedó con esa cara que se te debe de quedar cuando te dicen que un camión te va a pasar por encima de los huevos y que tienes que correr desnudo por un descampado para evitarlo.
Le estaba dejando tirado en la tienda con toda la tarde por delante.
Seguro que tenía mejores planes que quedarse allí.
Irse de putas, por ejemplo. Tenía pinta de putero.
—Piénsalo bien, si te vas no vuelvas más.
—Tranquilo, no vuelvo más.
Ysalí andando, sin un duro, sin trabajo y con una casa de 30 metros cuadros sin luz natural y que había que mantener.
Ycon una mujer cencerro dentro. El panorama no pintaba bien.
Pero ésa fue siempre mi forma de ser. Me gusta el respeto.
Decir las cosas con respeto. Sólo soy un hombre tranquilo, quiero que me dejen en paz, no quiero ser dueño ni esclavo de nadie.
Si hay que renunciar a un trabajo o a dinero o a una mujer, se renuncia.
No pasa nada. La vida seguirá su camino tranquila e implacable, como el maravilloso paso del tiempo.