Arrogante: El libro de mentalidad de Isra Bravo 17. El impostor seductor
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17. El impostor seductor

El impostor seductor

Muchos emprendedores se quedan estancados (y ya sabes que lo que parece estancarse, en realidad está retrocediendo) en esa fase de trabajar sólo con gente que está arrancando.

Yhay un motivo oculto para ello, uno que quizá no sea tan evidente.

Yes que se sienten más seguros ahí, creen que a este perfil de cliente sí podrán ayudarle, pero que no están preparados para ir a por los más grandes.

Esto demuestra muchos rasgos de una mentalidad fija: tener miedo al fracaso, no querer retarse, evitar los desafíos, sentir que no estás preparado.

.. Y,a menudo, lo que está detrás de todo esto es el famoso «síndrome del impostor».

Esto es, pensar que eres un fraude y que la gente se va a dar cuenta, que lo que has conseguido no se debe a tus méritos, sino a la suerte, sentir que no mereces éxito o reconocimiento.

.. Ytodo eso, a pesar de haber demostrado sobradamente tu competencia.

Es probable que hayas oído todo tipo de explicaciones y de soluciones para superarlo. Yo también. Pero la mejor lección que he recibido nunca sobre el síndrome del impostor me la contó un profesor de tango.

Conocí a este profesor de tango porque un amigo me llevó a una milonga, una «reunión» donde se juntan en un salón para tomarse unas copas, bailar, etcétera. Vivir y vender es lo mismo, ya lo sabes. Ycomo tal, una buena clase de tango es una excelente lección de seducción, de vida y de ventas.

Para que te hagas una idea, en este tipo de bailes hay muchas más mujeres que hombres.

Ycada uno va por la razón que sea. Desde los que quieren incluir un poco de actividad física relajada en sus vidas, hasta los que quieren socializar, los tipos que quieren sentirse más machos, las mujeres que quieren sentirse más atractivas.

.. En fin, cada uno tiene sus razones y cada uno tiene sus costumbres y hay que respetarlas.

Ahora, con los hombres hay un gran problema (y verás cómo vas a ir entendiendo de dónde viene el síndrome del impostor).

La mayoría de los hombres se sienten atraídos por el mito del seductor tanguero y piensan que están a un paso de convertirse en seductores natos, tienen esa idea.

Pero la realidad, según me contaba este hombre del que aprendí tantísimo sobre mentalidad, es que si se aplican e invierten al menos dos horas semanales, además de acudir a las milongas para poner en práctica lo aprendido, lo que les queda por delante es entre un año y dos sintiéndose como si tuvieran dos pies izquierdos o fueran completamente borrachos.

Eso es, básicamente, lo que les espera. ¿Por qué?

Porque el aprendizaje es así de maravilloso y de cabrón: la mayoría de los hombres van allí para sentirse un macho alfa y acaban sintiéndose como Mr. Bean.

Por eso son muy pocos los que siguen adelante, es un milagro prácticamente.

Ycuando entiendas todo el proceso, vas a ver cómo puede cambiar tu mentalidad a partir de ahora para los negocios y la vida.

¿Quiénes son los únicos que siguen adelante con ello? Los que avanzan hasta la tercera fase del aprendizaje sin tirar la toalla. Ytú te puedes preguntar (yo me lo pregunté): «Oye, ¿cuáles son las fases del aprendizaje?».

1. Primera fase

En la primera fase no sólo no eres capaz de hacer lo que se te pide, sino que ni siquiera eres capaz de entender lo que se supone que debes estar haciendo.

Aquí el alumno suele seguir adelante un poco más, porque es consciente de que acaba de empezar y de que le tiene que llevar algo de tiempo.

No lo entiendes y no eres capaz de hacerlo, pero es la fase de tonto motivado: «Bueno, no me estoy enterando de nada, pero supongo que es normal».

De esta primera fase pasa casi todo el mundo hasta la segunda.

2. Segunda fase

Ésta es muy complicada. Por fin entiendes lo que debes estar haciendo, pero las conexiones que hay entre tu cerebro y tu cuerpo van por libre.

Osea, tu cabeza dice una cosa, pero tu cuerpo hace otra totalmente diferente.

Por ejemplo, el profesor me contaba que sabes que debes andar más recto, pero eres totalmente incapaz de mantener la espalda erguida si no estás pensando exclusivamente: «Tengo que ir recto, tengo que ir recto, tengo que ir recto».

Entiendes que debes proyectar la energía con el pecho, pero, aun así, usas los brazos para zarandear a tu pareja de baile de un lado a otro. Osea, entiendes pero no eres capaz.

En ese punto es donde la mayoría tira la toalla. «Yo no he nacido para esto.» «Tengo que asumir mis limitaciones.» «Lo mío es beber cerveza, voy a probar en Tinder.» «Para qué me voy a complicar la vida con el tango si total, yo lo que quiero es conocer mujeres.»

Los que aguantan, que aquí ya son muy pocos, son los que llegan a la tercera fase.

3. Tercera fase

Entiendes lo que debes hacer y además, ocurre un milagro: lo ejecutas más o menos de forma competente.

Pero aquí todavía no estás a salvo, porque el aprendizaje es mucho más complejo que esto.

El aprendizaje en ningún caso es cosa de tres fases, es cuestión de toda una vida.

Que hayas llegado a la tercera fase no quiere decir, ni mucho menos, que hayas alcanzado el final del viaje, y muchos creen erróneamente que sí.

Esto me lo explicaba el profesor de tango tal cual te lo estoy explicando a ti, palabra arriba, palabra abajo y con acento argentino.

Estas tres fases son cíclicas y cuando uno llega a la tercera, si sigue avanzando, si continúa aprendiendo, tarde o temprano acaba cayendo de nuevo en la primera. ¿Cómo es esto posible? ¿Vamos hacia atrás? Bueno, eso es lo que podría parecer, pero realmente no es así.

Piensa en ese aprendiz de seductor en la pista.

Ya no se siente torpe. Algún paso le queda bien, se mueve fino, tiene soltura, tiene desparpajo.

Las mujeres ya no miran hacia otro lado cuando las intenta sacar a bailar.

Ya no piensan: «No voy a bailar con éste, que parece que es invertebrado».

Incluso algunas que a lo mejor sean muy majas le van a decir que baila bien.

Ha llegado a la tercera fase. Pero como te he dicho hace un momento, todavía no está a salvo.

Eso es porque muchos, cuando llegan a esta etapa, se creen que lo saben todo y dejan de intentar aprender.

Se quedan ahí para siempre. Aveces incluso algunos, los más osados y los más ignorantes, se atreven a hablarle al maestro de tú a tú.

Un poco como «qué me vas a enseñar tú a mí ya».

Para que te hagas una idea, antes, cuando leía las respuestas que llegaban a mi email diario (algo que dejé de hacer porque recibía cientos cada día, luego te lo cuento), me llegaban correos constantemente para «enseñarme» a escribir mejor, a no cometer faltas, a evitar ciertos temas, etc.

Escucha, gano varios millones de euros al año haciendo esto, mandando putos emails, ¿los ganas tú?

Entonces date un paseo con tus consejos de los cojones.

Ysi esto te resulta ofensivo o arrogante, cierra este libro, tíralo a la hoguera y date un paseo, lo que sea, antes de aguantar opiniones de quarterback de salón.

¿Lo verdaderamente importante de todo esto? Soy consciente de que estoy en un continuo aprendizaje, en un continuo y absoluto aprendizaje. Ylo podemos equiparar al mundo del marketing, las ventas, el copywriting o lo que te dé la gana de la siguiente manera:

La primera fase es como el que no sabe nada de ventas ni lo ha logrado todavía en su negocio y te dice burradas y auténticas barbaridades como «es que esto no funciona en mi nicho» o «es que mi cliente no funciona así». Éstas son ideas equivocadas a las que se agarra muchísima gente.

Luego está el que empieza a entenderlo un poco, pero lo hace fatal. Intenta aplicar lo que ha aprendido, pero no le funciona y se pregunta si está fallando el producto, si está fallando él o está fallando el método o si está fallando el mundo.

Yluego está el que ha aprendido cosas (la tercera fase), ha puesto algo en práctica, ha tenido algo de éxito y ya deja de escuchar y aprender.

Yno sólo piensa que lo sabe todo, sino que se permite el lujo de ir dando lecciones constantemente, lecciones que nadie le ha solicitado.

Esto es lo que hablábamos antes del efecto Dunning-Kruger.

Bien.

Te dejo unas palabras textuales de este maestro de tango que para mí fueron claves: «Aquellos llamados a la grandeza, o al menos a la auténtica competencia, siguen profundizando en su aprendizaje y se dan cuenta de que ir más erguidos que antes no significa ir lo suficientemente rectos.

Que conseguir que tu pareja de baile ejecute los movimientos que tú le estás pidiendo puede tener que ver quizá más con la intuición de la persona a la que estás abrazando que a tu propia solvencia, a tu propia competencia».