Capítulo 24
Oxford, Inglaterra.
Jake estaba acostado de espaldas, y aunque su rostro estaba más delgado, ya no parecía un cadáver; Morgan observaba su pecho subir y bajar suavemente con su respiración.
La habitación del hospital estaba mucho más tranquila que antes; la mayoría de los monitores habían sido retirados.
Jake se había recuperado lo suficiente para ser revivido del coma inducido y ahora dormía en paz, aunque Morgan estaba desesperada por despertarlo y hablar con él, pero ambos necesitaban descansar, así que se sentó en la silla junto a la cama y cerró los ojos, agradecida por la paz y la tranquilidad.
Había sido un largo día de interrogatorios en Londres, la destrucción de Abu Simbel requería una historia convincente.
Morgan se había sentado con el director Marietti, y mientras bebían café negro y espeso elaboraban los comunicados de prensa.
Al final, los medios recibieron la versión de que un grupo extremista islámico se había adjudicado el atentado, pues los templos eran considerados ídolos en el país musulmán y debían ser destruidos.
Resultaba lo suficientemente creíble dada la evidencia del tiroteo, además aún había mucha atención internacional puesta en el conflicto de Israel.
Pronto el ciclo de noticias pasaría a otra cosa.
—Hola —la voz de Jake sonó ronca y áspera.
Morgan abrió los ojos y sonrió.
—Hola, tú.
Le tomó la mano y la apretó, inundada de alivio. Jake iba a estar bien. Se quedaron con las manos tomadas en silencio. Siempre había tanto qué decir, pero quizá nunca dirían esas palabras en voz alta.
—Martin me contó que volaste un sitio Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO —dijo Jake, con esa sonrisa traviesa de siempre.
Morgan negó con la cabeza, fingiendo desesperación.
—Y también causé un buen destrozo en la Gran Logia Unida de Inglaterra. ARCANO tiene mucho qué limpiar, pero Marietti lo tomó bastante bien.
—Parece que necesitas un compañero que te mantenga fuera de problemas.
—Sí, claro, hubieras sido de gran ayuda. Ni siquiera pudiste mantenerte consciente.
Jake rio, luego hizo una mueca y tosió con violencia, su cuerpo se sacudió de dolor. Morgan lo miró ansiosa hasta que él recuperó el aliento.
—Pronto estaré de regreso contigo, lo prometo —su voz parecía mucho más fuerte que su cuerpo, y Morgan se inclinó hacia él.
—No le digas a Marietti, pero la verdad es que sí necesito un descanso. Me han disparado, golpeado, apuñalado, quemado y hecho explotar, todo en esta semana —hizo una pausa—. Y estoy confundida sobre lo que realmente pasó.
Jake asintió.
—Martin me contó sobre la búsqueda del arca. ¿La encontraron entre los escombros?
Morgan negó con la cabeza.
—No quedó nada en las ruinas del santuario; no había restos humanos, ni fragmentos del arca, ni siquiera un altar. No hay nada que explique la explosión o que respalde mi explicación de los hechos.
Jake le apretó la mano de nuevo.
—Te creo, y Marietti también; esto es ARCANO, es lo que hacemos. Las piezas del arca no debieron estar juntas de nuevo. No era el momento.
Morgan suspiró.
—Sigo enfrentándome a cosas que no puedo explicar. Quiero estudiar el arca y entender cómo funciona su energía, pero quiero hacerlo en un laboratorio, lejos del humo alucinógeno y de esa atmósfera de lo divino. Ahora nunca sabré qué fue real o por qué me sentí así.
Jake sonrió.
—Déjalo pasar, Morgan, hay misterios que nunca podremos resolver.
ARCANO existe para mantener el equilibrio, para asegurarse de que esas cosas no desestabilicen un mundo que no está listo para conocerlas.
Esta vez ganamos, aunque haya sido de una forma extraña, pero mañana habrá otra batalla. La próxima vez, la enfrentaré contigo.