Capítulo cuarenta y cinco
Dos tazas de café, una baraja de cartas y un verano que lo cambia todo
«Sabes... me alegro de que Gloria y Will se hayan encontrado. Hacía mucho tiempo que no veía a mi nieto tan feliz».
Harry habló sin apartar la mirada del mar. La abuela acababa de sentarse a su lado, con dos tazas de café humeante. Mientras barajaba las cartas, levantó la vista y sonrió.
«Ya lo creo. Yo también me alegro por ellos. Hasta ahora, Gloria no había tenido mucha suerte en el amor. Es más... siempre se había encontrado con chicos sin profundidad, sin carácter».
Hizo una pausa, ordenando el mazo con un gesto elegante.
«Llevaba sola un tiempo. Antes de conocer a tu nieto, había decidido quedarse soltera hasta encontrar a alguien adecuado. Y creo que ahora lo ha encontrado. ¿Qué te parece?».
Le guiñó el ojo cómplice. Luego, con su estilo un poco teatral, colocó las cartas sobre la mesa improvisada y dijo: «Bueno, ¿estás listo para perder?».
Él se rió, cogió sus cartas y la partida comenzó, bajo un cielo cubierto de estrellas. A su alrededor, la noche griega respiraba lentamente. Y mientras las olas lamían la orilla, dos parejas, Gloria y Will, Sally y Markus, se estaban enamorando. Quizás solo fuera un verano.
O quizás no. Porque algunos veranos, los que llegan cuando menos te lo esperas, tienen el poder de cambiarlo todo.