Capítulo dieciséis #3
—Eso nos deja divididos en tres equipos —dije—. No me gusta nada. ¿Quién va a curar a estos imanes de balas si no estoy yo?
—Cada equipo tendrá recursos médicos —dijo Kass—. No serán como tú, pero servirán.
—La buena noticia —dijo Jax, percibiendo mi inquietud— es que todos estaremos en la misma zona geográfica, a solo unos treinta y pico minutos de distancia por aire. Ejecutaremos todas las misiones con transporte adecuado y capacidad de movimiento.
—Bueno, vale —dije, aunque el plan seguía sin convencerme—. ¿Quién va a llevar el control?
—Trev llevará el control de las tres operaciones desde aquí —dijo Kass—. También se encargará de la seguridad local. Tendremos que cerrar bien las escotillas aquí en Denver y en Resurrection.
Se me cayó un poco el alma a los pies.
—¿Creéis que Zero Tango atacará la base mientras estamos fuera?
—Es posible —dijo Jax—. Estaremos preparados. Pero si voy a desaparecer del mapa para investigar a Viklund, necesito saber que Emme y los niños están a salvo. Así que les dijimos a los niños que se iban de vacaciones. En cuanto esté listo para irme, Emme llevará a los niños a Isla Tovar contigo.
—¿Conmigo? —Me eché hacia atrás—. ¿Estás seguro de que quieres hacer eso?
Jax sonrió.
—No se me ocurre nadie mejor.
—Aquí igual —dijo Max—. Como a Lexi solo le quedan unas semanas para dar a luz, ha decidido que quiere estar pegada a ti mientras yo no esté. Está un poco nerviosa, así que serás mi sustituto para la cuenta atrás.
—Pero no te preocupes —dijo Jax—. Será rápido.
—Entramos y salimos —añadió Max—. Volveré con tiempo de sobra para la operación Llegada del Bebé.
—Más te vale, tío —dije, esbozando una sonrisa—. O temo por tu vida. Lexi te mata si te lo pierdes.
—Te recibo alto y claro —sonrió Max—. Llueva o truene, pienso estar allí.
—Marisol decidió quedarse en Denver —intervino Troy—. No puede alejarse del trabajo ahora mismo. Reforzaremos su equipo de protección, pero si no te importa, nos gustaría que Lulu se uniera a vosotros. Está emocionada con lo de las vacaciones y me quedaría más tranquilo si está con la pandilla.
—Supongo que oficialmente me toca hacer de niñera —dije—. No hay problema. Adoro a esos críos. ¿Y tú, Kass? ¿Tienes algo o alguien para mí?
—Pobres almas desafortunadas —se burló de los demás, sonriendo—. Si tuviera un gatito, os lo mandaría a Isla Tovar para que lo cuidarais. Pero soy un agente libre, así que sin ataduras.
—Ya —resoplé—. Tengo una palabra para ti que empieza por Te.
Detecté un estremecimiento tras la fachada impasible de Kass. Vaciló y luego preguntó:
—Hablando de Liberty Rose, ¿alguien ha sabido algo de ella últimamente?
—Lo último que supe fue cuando me envió ese mensaje sobre River Niles —dije—. Pero no fue hace tanto, ¿una semana y media quizás?
La mirada de Kass recorrió la habitación.
—¿Alguien más?
Todos negamos con la cabeza.
—Tío —dijo Max—, acabas de proclamar que no tienes ataduras. ¿Y ahora preguntas por Tee?
La mirada gélida de Kass se clavó en Max.
—Mi pregunta es puramente intelectual.
—Intelectual, y una mierda —fruncí el ceño—. Pareces preocupado. ¿Qué ocurre?
—Sé que desaparece a menudo, pero... —El tipo de incertidumbre que vislumbré en el rostro de Ice no era algo que viéramos en él a menudo—. Tengo una rata royéndome las tripas. No consigo que pare.
Mierda. La rata que vivía en las tripas de Kass era una leyenda de las Fuerzas Delta que había salvado muchas vidas.
—Intentaré contactar con ella —se ofreció Jax.
—Todos lo intentaremos —dije—. A lo mejor uno de nosotros tiene suerte.
—Gracias —murmuró Kass—. Pongámonos a trabajar.
Pobre Kass. Estaba en un estado de negación total y absoluta.
—¿Cuánto tiempo os llevará planificar vuestras misiones? —pregunté.
—Una semana más o menos, quizá más —dijo Kass—. Tenemos que contrastar la información que tenemos y colocar a nuestros agentes en posición. Pero tu misión empieza hoy. Será mejor que vayas a hacer las maletas. El avión te espera en la pista.
—¿Ahora? —dije.
—Cuanto antes, mejor —dijo Troy—. Tú y Blue tenéis que haber desaparecido antes de que las autoridades llamen a la puerta.
—De acuerdo, me voy.
¿Cómo iba a convencer a Blue de que viniera conmigo?
Ahora que teníamos un plan sólido para llegar hasta Zero Tango, me sentía mucho mejor. Pero conociendo a mi enemigo, también me sentía mucho peor.
Y luego también estaba el asunto entre Blue y yo. Me aclaré la garganta, pero me costaba sacar el tema. Mis hermanos se dirigieron hacia la puerta, todos excepto Jax, que se quedó en su asiento. Me miró y arqueó las cejas.
—Esperad un momento, chicos —dijo, deteniéndolos a todos en seco—. Apollo tiene algo más que decir.
Le hice una peineta a Jax.
—¿En serio, Jax?
—Lo siento, pero tienes una cara de mierda —dijo encogiéndose de hombros—. Mejor suéltalo ya y acabemos con esto.
Los demás me miraron fijamente, pero fue Kass quien preguntó:
—¿Soltar el qué?
Fulminé a Jax con la mirada un rato más, pero tenía razón. Tenía que ponerlo todo sobre la mesa o perdería la cabeza. Era hora de enfrentarme a lo gordo.
Respiré hondo y me obligué a hablar.
—Me acosté con Blue.