ANTONIO ENTREVISTA 1
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ANTONIO

ANTONIO

Por Ana Luisa Solis Gil

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ENTREVISTA 1

Sabiduría Viva

Alfonso Pérez Reguera

Escritor

• ¿Y esto qué es? ¿Quién es Tlacaélel? ¿De dónde viene esto?

En aquellos años yo andaba muy metido en mi trabajo, y no me di cuenta quien me había dejado el libro hasta que volví a ver a mi cuate y mi cuate me dice:

• Oye, este es el personaje del que te he estado hablando. Creo que vale la pena que lo conozcas, creo que él te puede dar una visión distinta a la que tú tienes de tu pasión por los mayas.

Pues como que sentí que era un compromiso con mi amigo de conocer al autor del libro más que con Toño, pues para mí aún él no era nadie, pues era un hombre más. No había leído Tlacaélel, simplemente estaba muy metido en mi trabajo.

En una ocasión, invitado por mi amigo, fui a dar una charla junto con otros ponentes, sobre finanzas.

Ahí fue donde vi por primera vez a Toño Velasco, al llegar a la plática veo a un señor; en aquel entonces tenía Toño, ¿pues qué tendría?

50 años, 55 años. Muy amable, me ayuda a acomodar todos los aparatos para dar las pláticas.

Pues ahí tuvimos un contacto mínimo, a mí me tocó hacer la presentación y luego me fui a sentar para esperar mi turno y en eso se acerca mi amigo y me dice:

• Oye, aprovecha, habla con este personaje.

y le digo:

• Oye, pero cómo, si yo no he dado la plática

y me dice:

• No te preocupes, yo doy la plática por ti.

Entonces, empiezo a platicar con Toño Velasco Piña sobre México y sus culturas y sobre la historia sagrada de la humanidad…

y te quiero decir que ya no regresé a la plática, me pasé platicando con Toño fácilmente 3 o 4 horas.

La verdad me dio una cátedra de muchas cosas que yo desconocía totalmente, empezó a hablarme de estos conceptos que ya ahorita son muy comunes para nosotros.

De historia sagrada, me dio varios nombres de autores y lo que recuerdo es que me recomendó que leyera “La mujer dormida debe dar a luz” y “Tlacaélel”.

Faltaban algunos años para que se publicará “Regina” y salí de la plática y fui a comprar “La mujer dormida debe de dar a luz” y como ocurre con los trabajos de Toño, me quedé todo el fin de semana leyendo ambos libros.

Le hablé el lunes inmediatamente, yo no lo conocía, pero le pedí los datos a mi amigo, le hablé a Toño y me dijo que fuera a verlo el siguiente jueves.

Entonces comencé a ir a las pláticas que daba Toño con su gran amigo y aliado en estos trabajos, el queridísimo Francisco Lerdo de Tejada, cada ocho días.

Lamentablemente Paco murió en 2004 a la edad de 70 años, el fue la mancuerna de Toño por muchos años.

Yo así conozco a los dos y asistí a esos ciclos de pláticas esotéricas y conocimiento profundo de las culturas durante 4 o 5 años, casi no fallé a ninguna.

Nada más como una acotación, un día voy a ver a Toño Velasco Piña a su oficina, la oficina estaba en la calle de Sinaloa en la colonia Roma, ahí llega Paco, Nilda, María Esther, su hermano, Lulú. Llega Toño y ahí en ese saloncito de su oficina conozco también al taller de Citlalmina.

Las pláticas se extendieron por muchos años y luego se empezaron a hacer en una lavandería de la colonia Cuauhtémoc.

Esa lavandería tenía una característica, estaba ubicada abajo de un cabaret.

En tres o cuatro ocasiones saliendo de la plática con Toñito y Paco, me iba al cabaret con mis cuates de la universidad.

Yo vivía dos mundos muy distintos, agradables y muy completos.

Lo impresionante de esto, es que a la lavandería llegábamos 50, 60, 70 personas…

Llegaban expositores tan importantes como Andrés Segura, General de danzas concheras, por supuesto Velasco Piña, que iba una vez al mes y Paco Lerdo, expositor principal.

En la lavandería sólo había una banca y nos sentábamos donde podíamos entre las lavadoras o en el piso y ahí tomábamos apuntes de toda lo que se decía sobre México y otros temas.

Paco siempre acompañaba sus pláticas con una meditación al final.

Con Paco vimos el tema de la respiración en cuatro tiempos y luego también desde ese entonces, nos daba trabajos para hacer en casa.

Entre sus trabajos todavía lo conservo. Recuerdo que nos hizo pintar un triángulo, este es un ejercicio que muchos han de haber hecho.

Lo observabas en tu cuarto, en donde acostumbras dormir, con una vela encendida y buscando que no parpadearas, es de los ejercicios más, más padres, más sencillos y más mágicos que vimos con Paco.

Y pues así fueron mis visitas a las charlas con Paco:

Recuerdo en una ocasión, que tenía en el pizarrón un círculo que significaba “La eternidad del ser”, yo en aquel entonces no tenía la menor idea.

Hablaban de cosas esotéricas y espirituales que yo no entendía. Los que ya tenían mucho tiempo yendo, hacían pocas preguntas, pero pues yo estaba entrando por primera vez y no entendía nada.

Entonces empecé a preguntar y me di cuenta que era el único que preguntaba y dije, bueno, pues que tímidos son estos cuates, pues no, lo que pasa es que, los demás estaban meditando y yo estaba preguntando.

Afortunadamente Paco se dio cuenta que yo tenía por ahí alguna inquietud y ya cuando terminamos la plática me dijo que, si le podía dar un aventón y como que Paco me provocó, le dije que no había entendido nada.

Pero luego como que me provocó para que fuera la siguiente reunión, yo en realidad ya no quería ir.

¡Qué voy a perder mi tiempo en estas mafufadas!

El caso es que al siguiente jueves estaba yo ahí presente y ya no dejé de ir.

Recuerdo perfectamente bien a Marián de Llaca, Manuel Zárate, Cecilia Albarrán y tiempo después llegó Aurora Ballesteros, grandes amigos y personajes.

Pero sí, al principio, yo no entendía nada, nada, nada. Pero Paco logró picarme, para seguir yendo y yo me decía:

¿Quién sabe qué está diciendo este amigo? Pero me interesa saber más del tema.

Después de más de cinco años, Paco deja las pláticas y se las pasa a Marco Antonio Karam y luego al maestro Arturo Meza, me parecieron sensacionales.

Pero lo mío eran las pláticas de Paco y Toño, esas pláticas de los jueves hasta donde yo recuerdo, eran impresionantes. Ahí escuché por primera vez hablar a Toño sobre esta visión antigua y moderna de la historia… Aquella fabulosa de las cuatro culturas, las cuatro épocas sagradas.

Poco a poco me fui enrolando con Paco y Toño, esta mancuerna¡

Paco hacía de Toño un personaje muy mágico, muy misterioso.

Luego Toño comentaba cosas como:

• No, pero este Paco está loco. ¿Cómo crees que voy a estar yo meditando toda una tarde?

Esos viajes esotéricos que maneja Paco¡

Con ellos, me fui abriendo a un mundo que yo nunca pensé que existiera.

De repente escucho que hay una palabra que dicen que existían los Concheros ¡Madre!

¿Qué es eso? Y ocurre que me invitan a danzar con ellos.

Me hablan de un personaje que se llamaba Don Faustino, y luego Manuel Zárate se mete a trabajar muy fuerte con él y yo por temas de trabajo no pude estar muy cerca, pero Don Faustino y su familia me reciben muy bien, incluso me dieron el honor cuando fallece Don Faustino de ser el Padrino de velación¡¡¡

O sea, yo que quedé hermanado a la tradición conchera a través de un personaje como Don Faustino, General de danzas concheras¡¡¡ y con él, voy encontrando los secretos de la danza. Tú Analu sabes muy bien que no me considero conchero. Sí me considero danzante.

Porque más adelante, por otro lado, siguiendo estos trabajos Paco me dice que hay un grupo de gente medio loca que se reúne a danzar en Chapultepec.

Era gente que también conocía a Toño Velasco Piña y que voy a verlos un día.

Y ocurre que me meto a aprender con un grupo en el que estoy participando desde 1985 a la fecha poquito más de 40 años.

Es el Taller de Investigación Teatral de la UNAM.

De nuevo, todo eso se da, a través de la mancuerna Paco-Velasco Piña.

Voy conociendo todo lo que va girando alrededor de ellos, entonces ya en ese grupo conozco a gente como Nicolás Núñez, Helena Guardia y Ana Luisa Solís.

Y me toca saber que ellos van a hacer un viaje al Tíbet por un año. En aquel entonces, regresan con una danza preciosa que se llama “Citlalmina”.

Pero mientras le encargan el trabajo del taller a otro amigo de estas aventuras, Jaime Soriano.

Con Jaime me tocó un trabajo hermosísimo que se llamaba “Pitao Sik” El corazón del Rayo.

Y luego me toca colador con el taller algunas obras como Huracán, corazón del cielo.

Tonatiuh. y finalmente con la danza de Citlalmina una danza conchera/tibetana. Misma que no he dejado de practicar.

Regresando a Toño y Paco, ocurre que empezamos a conocer otro gran personaje, a Andrés segura, un gran conocedor del México profano y danzante conchero, con él, hicimos un viaje maravilloso a Tepoztlán, entendimos y sentimos como Tepoztlán tiene un corazón que palpita, está vivo y es un lugar de mucho poder, es mágico.

También, fuimos a la poza donde nació Quetzalcóatl en Amatlán. Ese fue otro día maravilloso.

Por la parte conchera tuve la oportunidad de conocer a auténticos mexicanos como Don Faustino, quien aparece en la obra de Regina que escribió Toño y fue quien lleva el cuerpo de Regina a una cueva por la volcada Iztaccíhuatl y ahí le hacen su funeral y velación.

Andrés Segura, que nos dio unas pláticas hermosísimas, sobre todo el significado de los concheros y del despertar de la conciencia.

Don Emilio, el hermano de Andrés Segura, que es el personaje que va gestionando todo lo necesario para que la danza se quede en el Zócalo.

A Nacho Cortés, danzante y dirigente de danzas concheras.

Don Faustino también tenía su hermano del alma, Don Ernesto Ortiz, General de danzas concheras.

“La nanita”, generala de danzas concheras, quien abre las puertas de la danza a España a través de Emilio Fiel.

A don Florencio Gutiérrez, gran personaje de la tradición y general de las danzas concheras.

Entre otras cosas que recuerdo, así como memorables, el trabajo de tocar las campanas en la catedral.