Antes de que termine el último año CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

El mensaje llegó un jueves.

Por supuesto.

Mi teléfono vibró sobre el escritorio.

Estaba estudiando para un examen.

Miré la pantalla.

Alex Bennett

El mundo hizo algo extraño.

Como si durante un segundo todo volviera atrás.

El instituto.

Las gradas.

La biblioteca.

La lluvia.

Un chico de nudillos lastimados apoyado contra una pared.

Abrí.

Alex: Hoy pasé por nuestro antiguo salón.

Los tres puntos aparecieron.

Alex: Por un segundo pensé que todavía ibas a estar ahí.

Me quedé mirando la pantalla.

No sabía qué responder.

Así que dije la verdad.

Sofía: Probablemente diciéndote que llegaras puntual.

Respuesta inmediata.

Alex: Eso jamás habría pasado.

Sonreí.

Sofía: ¿Cómo estás?

Los puntos tardaron.

Alex: Bien.

Fruncí el ceño.

Otro mensaje.

Alex: De verdad esta vez.

Me reí.

Sofía: Me alegra.

Alex: ¿Tú?

Miré mi habitación.

Los apuntes.

Las fotografías nuevas pegadas en la pared.

Una taza sucia.

Los libros.

Mi nueva vida.

Sofía: También.

Silencio.

Después:

Alex: Cumplí un año.

Me quedé inmóvil.

Sabía exactamente qué quería decir.

Un año.

Me llevé una mano a la boca.

Sofía: Alex.

No sabía qué escribir.

Finalmente:

Sofía: Estoy muy orgullosa de ti.

Tardó en responder.

Alex: Hoy puedes decirlo.

Una lágrima cayó.

Pero estaba sonriendo.

Sofía: ¿Emma hizo fiesta?

Alex: Compró un pastel horrible.

Sofía: Obviamente.

Alex: Mi papá vino.

Eso me sorprendió.

Sofía: ¿Cómo está él?

Alex: Seis meses.

Cerré los ojos.

Algo cálido se instaló en mi pecho.

No era felicidad perfecta.

Pero se acercaba.

Sofía: Me alegra muchísimo.

Alex: Yo también.

Pasaron unos segundos.

Alex: ¿Vuelves en vacaciones?

Mi respiración se detuvo.

Había comprado el pasaje aquella mañana.

No se lo había dicho.

Sofía: Sí.

Los puntos aparecieron casi inmediatamente.

Desaparecieron.

Volvieron.

Alex: Ah.

Me reí.

Sofía: Qué entusiasmo.

Alex: Estoy siendo normal.

Sofía: Nunca has sabido.

Alex: Justo.

Otro silencio.

Entonces:

Alex: ¿Quieres tomar un café cuando vuelvas?

Miré el mensaje.

Mi corazón latía rápido.

Pero no como antes.

Antes habría intentado imaginarlo todo.

Qué significaba.

Si volveríamos.

Si esta vez funcionaría.

Si él seguía queriéndome.

Si yo todavía lo quería de esa forma.

Por primera vez, no necesité saberlo.

Escribí:

Sofía: Sí.

Alex respondió:

Alex: ¿Eso es un sí de amigos?

Sonreí.

Pensé un segundo.

Sofía: Es un sí para tomar café.

Tardó.

Alex: Sigues siendo insoportable.

Sofía: Y tú sigues llegando tarde.

Alex: He mejorado.

Sofía: Lo sé.

Esta vez el silencio fue distinto.

Tranquilo.

No necesitaba llenarlo.

Antes de bloquear el teléfono, apareció un último mensaje.

Alex: Buenas noches, Mendoza.

Escribí:

Sofía: Buenas noches, Bennett.

Apagué la lámpara.

Y mientras me acostaba, pensé que quizá algunas historias de amor no terminaban cuando dos personas se separaban.

Tal vez solo dejaban de pertenecer al mismo capítulo.

Alex había sido mi último año.

Mi peor compañero posible.

Mi primer amor.

El chico al que no pude salvar.

Y el chico que, al final, aprendió que nunca había necesitado que lo hiciera.

Yo había aprendido algo también.

Irme no significaba abandonar a las personas que quería.

Elegirme no significaba quererlas menos.

Y quizá dentro de unas semanas nos sentaríamos frente a frente con dos cafés entre nosotros.

Quizá descubriríamos que éramos demasiado diferentes.

Quizá volveríamos a enamorarnos.

Quizá no.

Por primera vez, no necesitaba conocer el final.

Porque antes de que terminara aquel último año, Alex Bennett me había enseñado que algunas de las mejores cosas de la vida no podían planearse.

Y yo le había enseñado que quedarse vivo para descubrir qué venía después siempre valía la pena.