Bennington, Vermont
El sol se alzaba en el horizonte mientras el coche atravesaba los verdes paisajes de Vermont.
El viaje hacia Bennington, la ciudad cerca del límite del estado de Vermont con su vecino, el estado de Nueva York, era un trayecto que los detectives habían emprendido con determinación.
Turner manejaba el volante con la vista fija en la carretera, mientras Isabella, agotada por el trabajo y el viaje temprano, se había quedado dormida en el asiento trasero.
Mark, por su parte, que ocupaba el asiento del copiloto, se distraía mirando el hermoso paisaje.
Durante el viaje, Mark y Turner compartieron conversaciones que los llevaron al pasado.
Mencionaron recuerdos de épocas en las que solían recorrer Vermont juntos, a menudo con Lisa y Melissa, en la vieja caravana de Mark.
Hablaban de aventuras en la naturaleza, excursiones a los lagos y montañas de la región, y de momentos compartidos alrededor de una fogata bajo el cielo estrellado.
La nostalgia y la complicidad entre ellos se hacían evidentes, recordando una vida de amistad que había perdurado a lo largo de los años.
Turner, sonriente mientras conducía, dijo:
—¿Te acuerdas de esa vez en la que la caravana casi se queda atascada en medio de aquel bosque? Melissa estaba a punto de matarnos a todos.
—¡Oh, sí! Melissa juró que no volvería a subir a la caravana después de eso. Y luego, Lisa tuvo que usar su ingenio para sacarnos de ahí. Esa mujer siempre tenía un as bajo la manga —respondió Mark con una sonrisa en los labios.
—Sí, Lisa tiene esa capacidad para resolver cualquier situación. Era como nuestra voz de la razón...
—Y tú, ¿qué tal con la música? Sigues tocando la guitarra como un virtuoso, ¿no? —cambió de tema Mark.
—Bueno, ya no tanto como antes. El trabajo me ha mantenido ocupado. Pero de vez en cuando, cuando quiero relajarme, saco la guitarra y toco algunas canciones. A Liam le encanta unirse a mí. Pero Lisa se vuelve loca. Dice que hacemos más ruido que melodía.
Los recuerdos y las risas llenaron el coche mientras avanzaban por la carretera, unidos por los lazos de la amistad y el pasado compartido. La nostalgia les recordaba la importancia de esos momentos en medio de su complicada investigación.
Tras tres horas de conducción, finalmente llegaron a Bennington.
La ciudad tenía un ambiente diferente al de Lakeview, más grande y con una energía distinta.
Se adentraron en una calle residencial, una de esas típicas calles bordeadas de árboles, casas con jardines cuidados y aceras anchas.
La dirección de Lucas Anderson los condujo a una casa pintoresca con un techo a dos aguas y un porche delantero que daba un toque encantador.
Turner aparcó el coche frente a la casa, y los tres detectives bajaron del vehículo. La casa de Lucas, aunque encantadora, parecía estar en silencio. Nadie se movía por la acera, y las cortinas de las ventanas estaban cerradas. Mark consultó su reloj y murmuró:
—Llegamos temprano. Quizás aún está durmiendo.
Isabella, que se había despertado en cuanto habían entrado en la ciudad, salió del coche y llamó al timbre. Nadie salió a atender la puerta.
—Tal vez no está en casa. ¿Qué hacemos? —preguntó a sus compañeros cuando volvió a entrar en el coche.
Turner miró la casa, evaluando la situación.
—Esperemos un poco. Tal vez esté en casa o regrese pronto. Si no, podríamos intentar preguntar a los vecinos si lo han visto. Tenemos que hablar con él como sea.
Mientras aguardaban en la tranquila calle de Bennington, la ansiedad comenzaba a apoderarse de ellos.
Tenían una oportunidad para obtener respuestas, y no podían permitir que se les escapara.
Después de unos minutos de espera, Mark señaló a una anciana que estaba regando sus flores en el jardín de al lado.
—¿Por qué no preguntamos a la vecina? Puede que sepa si Lucas está en casa o si se fue a algún lugar.
Turner asintió, y los detectives se dirigieron hacia la vecina con una sonrisa amigable. La mujer, de pelo blanco y aspecto afable, los miró con curiosidad.
—Buenos días. Disculpe la molestia, pero estamos buscando a alguien que vive en esta casa. ¿Sabe si Lucas Anderson está en casa?
La vecina se secó las manos con un pañuelo y asintió.
—Sí, él vive aquí. Lo he visto salir temprano esta mañana. Pero suele volver siempre para almorzar. Lo sé porque lo veo siempre cuando salgo a regar las plantas. Debería estar a punto de llegar —dijo comprobando la hora en el reloj que tenía en la muñeca.
Los detectives agradecieron a la amable vecina y regresaron a su coche. Se acomodaron en el vehículo, listos para esperar a que Lucas regresara a casa. Sabían que esta reunión podía ser crucial en su investigación, y estaban dispuestos a obtener respuestas.
Después de una larga espera en el coche, los inspectores Mark y Turner avistaron a un hombre que se acercaba a su vehículo.
Este hombre no había cambiado mucho desde la última vez que lo vieron hace seis años.
Ahora tendría alrededor de los 26 años, pero aún conservaba su cabello negro azabache y sus penetrantes ojos azules que parecían capaces de escudriñar el alma de cualquiera.
Lucas, sin duda, seguía siendo un hombre atractivo.
El rostro de Lucas se iluminó cuando se aproximó al coche y llamó a la ventanilla. Mark bajó la ventanilla y Lucas habló con tranquilidad.
—Me han dicho que me están buscando —dijo señalando en dirección a su vecina .
Los tres miraron por la ventana y vieron como la vecina fingía que regaba las plantas y al darse cuenta de que observaban, paró y saludó amigablemente con la mano mientras sus labios se estiraban en direcciones opuestas dejando aparecer una gran sonrisa.
—Sí, somos inspectores del departamento de policía de Lakeview —contestó Mark volviendo a mirar a Lucas.
—Me acuerdo de ustedes, inspector. Hablamos hace seis años, cuando desapareció Emily. Si prefieren, pueden pasar dentro de casa para hablar con más tranquilidad.
Los tres inspectores no perdieron tiempo y se apresuraron a salir del coche para seguir a Lucas hasta su hogar. La casa era modesta pero acogedora, con un jardín bien cuidado y un porche delantero donde las flores florecían en macetas.
Una vez dentro de la casa, se sentaron alrededor de la mesa de la cocina, donde la luz del día se filtraba a través de las cortinas blancas. Lucas los miró con una expresión de curiosidad.
—¿De qué quieren hablar? —Turner comandó la conversación.
—Creo que ya sabrá, Lucas, que ha aparecido el cuerpo de Emily hace una semana. Queremos repasar la información de todos los amigos de Emily en aquella época.
—Ya les conté todo lo que sabía hace seis años. No tengo más información que eso.
—Entendemos, Lucas, pero hemos descubierto nuevas pistas y necesitamos colaborar para esclarecer el caso. Por ejemplo, la última vez que hablamos, mencionaste que no habías visto a Emily la noche que desapareció.
—Eso es.
—Pero hemos encontrado a una testigo, una vecina suya en Lakeview, que asegura que Emily salió de su casa entre las nueve y las diez esa misma noche.
Lucas palideció.
—Según esa vecina, Emily estaba discutiendo con un hombre. Y al ser su casa, deducimos que ese hombre era usted —prosiguió diciendo Turner—. ¿Hay algo que no nos haya contado?
—Está bien —admitió Lucas mientras se levantaba de su silla y se dirigía a la ventana dando así la espalda a los inspectores—.
Emily vino a verme esa noche. Empezamos a discutir y al rato se marchó.
Yo la seguí para intentar arreglar las cosas.
Pero no hubo manera. Entró en su coche hecha una furia.
Conseguí alcanzarla antes de que pudiese encender el motor, entré en el coche con ella para intentar calmarla, pero ella ya había puesto el coche en marcha, intenté hacerla parar y volver a casa para que habláramos, pero no me escuchaba.
Al cabo de unas pocas calles me echó del coche y volví a mi casa andando.
—Según su tía Aurora Lane, usted había empezado una relación con alguien, ¿ese alguien era Emily?
Lucas rio.
—No, claro que no. No sé si se habrán dado cuenta, pero soy gay. Emily y yo solo éramos buenos amigos.
—¿Por qué discutieron esa noche?
—La verdad es que me enfadé con Emily, porque no le caía bien mi novio. Entonces empezamos a discutir por ello.
—¿Qué hizo después de que Emily lo obligara a bajarse del coche?
Lucas suspiró profundamente, como si le costara repetir lo que acababa de contar.
—Como acabo de contarles, Emily me echó del coche unas calles después. Volví andando a casa, me preparé la cena y después me fui a la cama.
—¿Hay alguien que pueda corroborarlo? — preguntó Turner.
—No, estuve solo el resto de la noche.
—¿Podría contarnos por qué decidió mudarse? —preguntó Mark.
—La verdad es que me resultaba demasiado doloroso estar en Lakeview después de su desaparición. Ya había perdido a mi
padre, después a mi madre y ahora mi mejor amiga había desaparecido. No podía dejar de pensar en ello constantemente. Así que decidí alejarme y comenzar de nuevo en otro lugar después de mi graduación.
—¿Por qué nos mintió acerca de haber visto a Emily esa noche? —preguntó Isabella, que se había mantenido al margen hasta ese momento.
Lucas pareció sorprendido por la pregunta. Tardó unos segundos en responder.
—Pensaba que, si lo sabían, podrían pensar que yo tenía algo que ver con su desaparición —admitió finalmente—, pero yo jamás le haría daño a Emily. La quería como a una hermana.
—Muchas gracias por recibirnos, Lucas. Por favor, no salga del estado hasta que hayamos cerrado el caso —dijo Turner mientras se levantaba.
—¿Soy sospechoso? —preguntó Lucas, nervioso.
—No, pero tal vez necesitemos entrar otra vez en contacto con usted —respondió Mark. Los tres detectives se despidieron y salieron de la casa. De vuelta en el coche, analizaron la información obtenida.
—Claramente nos ocultó información la primera vez, eso es sospechoso —comentó Isabella.
—Sí, mintió para protegerse, y aunque su dolor por la pérdida de Emily parece genuino no podemos comprobar su coartada si afirma que estuvo solo —acotó Mark.
—De todos modos, no lo descartemos aún como sospechoso. Sigamos investigando —concluyó Turner mientras ponía en marcha el motor. Tenían más pistas por seguir.