Antes de que hablen 10. El vecino
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10. El vecino

El sábado por la mañana, Mark y Turner se dirigieron a Brew Haven, el acogedor café de Lakeview.

David Parker ya los estaba esperando en una mesa al fondo del local.

Habían logrado contactarlo el día anterior y acordaron encontrarse para hsblar sobre el caso de Emily Adams. David, de aspecto robusto y aparentemente inalterado por los años, aún conservaba la mirada penetrante que Mark recordaba.

El aroma del café recién preparado llenaba el ambiente mientras los tres hombres se acomodaban en sus asientos. Turner tomó la iniciativa en la conversación, dispuesto a obtener respuestas.

—David, agradecemos que hayas accedido a reunirte con nosotros.

Me imagino que estarás al tanto de que el caso de Emily ahora es investigado como un homicidio.

Necesitamos que nos vuelvas a contar lo que pasó la noche en la que desapareció, cuando la estabas esperando en el parking del campus —Turner habló con seriedad, mirando directamente a David.

—Por supuesto, no tengo problemas en ayudar en lo que pueda.

Como ya saben, Emily y yo salimos durante casi tres años, nos conocimos en su primer año en la universidad.

Yo ya iba por el segundo año. Desde que la vi, me quedé prendado de ella.

Tenía una belleza surreal y cuando la fui conociendo mejor, me di cuenta de que era igual de bella por dentro.

Estuvimos bien durante mucho tiempo, pero un día Emily decidió cortar.

Yo no aceptaba esa decisión e intenté volver con ella.

La esperé al lado de su coche en el parking , sabía que ese día iba a salir más tarde porque me había enterado por su amiga Olivia Smith de que tenía tutoría.

Cuando por fin salió, me vio sentado en el capó de su coche, no le hizo mucha gracia verme allí.

No quiso hablar conmigo, así que se subió a su coche y se fue. No volví a verla más después de eso.

—¿Qué hizo después?

—Ya se lo dije en la época, inspector. Fui al bar con mi hermano Daniel. Estuvimos allí y luego nos fuimos los dos juntos a casa de mis padres.

—¿Por qué termino su relación con Emily?

—No lo sé, fue ella la que terminó. Nunca quiso darme explicaciones.

Turner y Mark sabían que en eso estaba mintiendo, así que decidieron revelarle lo que sabían.

—Hemos encontrado el diario de Emily, señor Parker —dijo Mark, que había tomado el relevo.

—En él, Emily relata cómo descubrió que usted la engañaba. Por eso decidió romper con usted. —David palideció en el acto—. Usted lo sabía perfectamente. Emily se lo llegó a gritar en medio del pasillo: «Mentiroso de mierda». ¿En qué más nos está mintiendo?

—Está bien —dijo David, decidido a contar la verdad—. Emily descubrió que la engañaba, no lo conté antes por miedo a que pensaran que yo podría haberle hecho algo. Pero de verdad, todo lo que he dicho es cierto. No volví a ver a Emily después de nuestro encuentro en el campus.

—De eso es exactamente de lo que se trata, usted fue el último que vio a Emily esa noche.

—Yo no le hice nada. Ustedes mismos comprobaron mi coartada hace seis años.

—Hemos encontrado una testigo —prosiguió Turner—. Nos dijo que esa noche, entre las nueve y las diez de la noche, vio a Emily discutir con un hombre .

—A esa hora yo ya estaba en el bar con mi hermano. Pueden volver a comprobarlo si quieren.

—¿Por qué se mudó de Lakeview?

—Después de la desaparición de Emily, todo el mundo en Lakeview decidió que yo tenía algo que ver con su desaparición.

No aguantaba más las miradas acusatorias de la gente.

Así que cuando me salió la oportunidad de hacer las prácticas de derecho en un despacho de Nueva York, no lo dudé.

Conocí a mi mujer, formé mi propia familia.

Así que decidí asentarme en Nueva York. Vengo a Lakeview una vez al mes para visitar a mi padre.

Turner asintió y siguió con la conversación, haciéndole preguntas específicas a David para arrojar luz sobre el misterio que rodeaba la muerte de Emily. La atmósfera en Brew Haven se volvió tensa. Los inspectores tenían claro que David no era el culpable de lo que le había pasado a Emily.

Mientras Mark y Turner se reunían con David Parker para obtener información valiosa, Isabella estaba decidida a descubrir más sobre el misterioso vecino de la señora Bennet.

Había decidido empezar buscando la casa en el registro de propiedad, para ver si obtenía el nombre del propietario.

Al final consiguió descubrir que la casa pertenecía a Lucius Anderson, pero desafortunadamente, este había fallecido hacia más de diez años.

No constaba ningún nuevo propietario, así que comenzó a indagar en la vecindad.

Recorrió las casas de la misma calle, buscando cualquier pista sobre la historia de la casa.

La mayoría de los vecinos le confirmaron que la casa había estado vacía durante años, sin actividad ni ocupantes notables.

—Lleva años vacía —le comentó una vecina que salió a atenderla aún en bata.

—No, no sé quién es el propietario. Yo me mudé hace dos años y ya estaba vacía —le contestó otro vecino, un hombre joven de un gran atractivo .

Finalmente, un amable vecino, después de dudar por un momento, le dio un dato crucial:

—La casa pertenecía al difunto Lucius Anderson. Un gran hombre y amigo. Desafortunadamente falleció joven, tenía cáncer. Al morir, pasó a ser propiedad de su único hijo, Lucas Anderson.

—¿Y su hijo no vive en la casa?

—No. Vivió en ella durante unos años. Pero hace cosa de cinco o seis años se mudó de Lakeview.

Isabella anotó este nuevo detalle en su cuaderno y, con esta información, tenía una nueva dirección en la investigación. Pero aún quedaba por descubrir qué conexión podía tener Lucas Anderson con el caso de Emily Adams.