Hace 5 años
El reloj de pared marcaba una hora inaceptable.
Mark no había vuelto a casa para cenar con su familia, y Melissa estaba empezando a sentirse preocupada y enfadada.
Había terminado de acostar a sus hijos y se sirvió una copa de vino en la cocina.
Levantó la copa y la observó, los recuerdos de cómo había llegado a ese punto la invadieron.
Se miró a sí misma en el reflejo del cristal del vino.
Con su cabello castaño, que comenzaba a mostrar algunas canas, y sus ojos que habían perdido parte del brillo que solían tener, Melissa se veía cansada y apesadumbrada.
Si bien la maternidad la había llenado de alegría, el distanciamiento con su esposo estaba afectando su felicidad.
Se sentía atrapada entre sus responsabilidades familiares y la sombra del caso de Emily que se interponía en su vida.
Se preguntaba cómo había llegado a este punto, donde se sentía tan sola y descuidada.
Esa noche, Mark no fue a dormir con ella.
A la mañana siguiente, al entrar en el despacho de Mark, Melissa observó el espacio con detenimiento.
La luz del sol entraba por la ventana, iluminando la habitación.
El despacho estaba abarrotado de expedientes y carpetas, y la amplia mesa de roble estaba repleta de documentos.
Tres sillas rodeaban la mesa, dos de ellas en su lugar habitual y una de pie junto a la pizarra.
La pizarra, que ocupaba una de las paredes, estaba cubierta de fotografías y notas adhesivas que representaban la obsesión de Mark con el caso de Emily.
Cada detalle, cada pista potencial, estaba representado allí, en esa superficie blanca.
Melissa se dio cuenta de que la investigación de su esposo se había vuelto casi tan importante como su familia, y se preguntó si alguna vez encontrarían respuestas o si este oscuro misterio los consumiría por completo.
—Mark, ya es hora de que dejes ese caso.
Ha pasado casi un año desde la desaparición de Emily.
Las búsquedas se han detenido, no hay pruebas sólidas y tú sigues obsesionado con esto.
Estás descuidando a tu familia, a tus hijos...
, ¡a mí! —le dijo a su marido que estaba de pie junto a la ventana leyendo un documento mientras se fumaba un cigarrillo.
—Melissa, no entiendes. Esto es lo que hago, lo que soy. No puedo simplemente abandonar este caso. Estoy cerca, lo siento. Solo necesito más tiempo —contestó Mark con voz cansada y frustrada.
—Mark, sé que es importante, pero nosotros también lo somos. ¿Tienes idea de cuánto tiempo ha pasado desde que cenaste con nosotros o acostaste a los niños? Estamos desmoronándonos aquí. —Las lágrimas empezaban a desbordarse de sus ojos.
La tensión en la habitación era palpable, y Melissa sintió que Mark se estaba alejando cada vez más.
El tiempo que pasaba trabajando en el caso de Emily era tiempo robado a su familia.
Mark le dio una larga calada a su cigarrillo antes de apagarlo en el cenicero que tenía apoyado en el marco de la ventana.
Se giró hacia Melissa y en un tono pasivo agresivo le contestó:
—Tengo que ir al departamento. Llego tarde. Hablaremos de esto más tarde.
Sin mirar atrás, Mark salió del despacho y se fue, dejando a Melissa sola en la habitación.
Ella sintió la frustración de su esposo y su propia impotencia al no hacerlo entender que su familia también lo necesitaba.
Se quedó unos minutos en el despacho de Mark, mirando la pizarra donde él había pegado toda la información del caso de Emily, mientras notaba como varias lágrimas se desbordaban de sus ojos y caían precipitadamente sobre sus mejillas.
Respiró profundamente durante unos minutos en un intento de tranquilizarse, se limpió las lágrimas y se dejó caer en una de las sillas que estaban de frente a la pizarra con los detalles del caso de Emily.
Sin darse apenas cuenta empezó a leer el expediente que estaba sobre la mesa.
Cuando quiso darse cuenta ya habían pasado varias horas.
Pero ella seguía inmersa en su lectura del caso.
En ese instante pensó que tal vez si encontraba algo que acercara a Mark a descubrir lo que le había sucedido a Emily, recuperaría a su marido.
Ese fue el comienzo de su propia obsesión con el caso de Emily Adams y su involucramiento en una búsqueda de respuestas que la llevaría por un camino inesperado.