4. De vuelta a Lakeview
Mark estaba en la sala de estar de su casa, conversando con Sarah, su amable vecina.
Las maletas estaban listas junto a la puerta, y la decisión de volver a Lakeview había sido tomada.
Los niños jugaban alegremente en el suelo con sus juguetes, ajenos a la seria conversación que los dos adultos mantenían a pocos metros de distancia.
Sarah, con una sonrisa comprensiva y cálida, le ofreció su ayuda mientras se inclinaba para acariciar la cabeza de uno de los niños que acababa de pasar corriendo con un cochecito de juguete en la mano.
—Mark, sabes que siempre estaré aquí para ti. Si necesitas que cuide a los niños mientras estás fuera, no dudes ni un segundo en decírmelo. Estarán en buenas manos, te lo prometo —dijo apretando suavemente el hombro de Mark.
Mark, profundamente agradecido por la generosa oferta de Sarah, dudó por un momento mientras observaba a sus hijos reír y jugar.
Sabía lo difícil que sería estar lejos de ellos, incluso por unos pocos días.
Sin embargo, también era consciente de la importancia de su viaje a Lakeview para la investigación y para encontrar respuestas y que llevarse a los niños e interrumpir su rutina podía perjudicarlos.
Con un pesado suspiro, asintió lentamente y aceptó la amable oferta de su vecina.
—Gracias, Sarah. Significa mucho para mí —dijo con sincera gratitud.
Se acercó a sus dos pequeños, se arrodilló para estar a su altura y les dio un beso en la frente y un largo y cálido abrazo, sintiendo un nudo en la garganta.
—Os prometo que regresaré lo antes posible. Os quiero mucho, y os echaré de menos cada minuto mientras esté fuera —les susurró con voz temblorosa.
Después de la desgarradora despedida, Mark se apresuró a meter una pequeña maleta en el coche y se encaminó hacia Lakeview, sabiendo que enfrentaría un pasado doloroso y un misterio por resolver.
La carretera se extendía ante él, apenas había coches, ya que era una carretera nacional y, en silencio, reflexionó sobre el viaje emocional que tenía por delante.
Llegó a Lakeview ya entrada la mañana. Recorrió la pequeña ciudad en su coche hasta que llegó a un motel en el otro lado de la ciudad, donde había reservado previamente una habitación. El hombre de la recepción después de darle las llaves le indicó el camino hasta su cuarto.
Era una estancia pequeña, al fondo disponía de una cama no muy grande y con las sábanas descoloridas. Tenía un pequeño baño, una televisión que no le daría tiempo a comprobar que no funcionaba y una mininevera vacía. Dejó su maleta encima de la cama y se marchó.
Horas más tarde, en el despacho de Robert Turner, la atmósfera estaba cargada de expectación e incredulidad.
Isabella ya había puesto a Robert al tanto sobre su sorprendente hallazgo de la pieza de mármol y de cómo la había encontrado.
Turner se quedó boquiabierto y estupefacto al escuchar la impactante noticia y se preguntó cómo los forenses habían pasado por alto ese detalle crucial en su primera inspección de la escena del crimen.
—No puedo creer que nadie haya notado esto antes. ¿Cómo pudo el forense pasarlo por alto cuando analizó la escena? —preguntó Robert incrédulo.
—Robert, es normal que no se percataran.
Cuando encuentras un cuerpo, no sueles prestar atención a una simple roca.
¿Quién lo haría? Su enfoque estaba en el cuerpo, eso es comprensible y más en un terreno en el que es habitual encontrarse con varias piedras —explicó Isabella gesticulando con las manos.
Isabella, con una mirada decidida y voz firme, continuó explicando mientras se paseaba por la habitación.
—Sin embargo, el forense nos ha asegurado que realizará un análisis más profundo y meticuloso de la pieza y nos contactará de inmediato en cuanto tenga los resultados.
Espero fervientemente que esta nueva e inesperada pista nos acerque un poco más a la verdad y al esclarecimiento de este caso —dijo Isabella con convicción.
Robert hizo una larga pausa, finalmente decidió confesarle a Isabella el verdadero motivo de su ausencia en los dos últimos días. Revelando más detalles íntimos de la historia de Emily y su conexión personal con el caso, mientras Isabella escuchaba atentamente.
Justo en ese momento crítico, la puerta del despacho se abrió de golpe, y Mark entró apresuradamente en la sala, con el semblante serio y decidido, listo para unirse a la investigación.
Robert, con una leve inclinación de cabeza y una mirada de reconocimiento, le dio la bienvenida, y sus ojos se posaron en Isabella.
—Mark, ella es Isabella Martins, nuestra última incorporación y mi segunda en el caso de Emily. Isabella, este es Mark Jenkins, un antiguo y querido amigo además de un excelente compañero. Mark extendió su mano hacia Isabella con un gesto amable y una cálida sonrisa.
—Un verdadero placer conocerte, Isabella. Espero que podamos trabajar juntos codo a codo para arrojar luz sobre lo que le sucedió a Emily y hacer justicia —dijo Mark con convicción.
Isabella asintió enérgicamente y estrechó con firmeza la mano de Mark, sintiendo su determinación.
—El placer es mío, Mark. Estoy ansiosa por colaborar. Tenemos mucho trabajo duro por delante, pero no descansaré hasta resolver este caso —afirmó Isabella con seguridad.
La intensa conversación se centró de inmediato en el caso. Turner y Mark compartieron sus nítidos recuerdos del año 2017, recordando los obstáculos y desafíos que enfrentaron en ese momento tan difícil. Isabella se unió activamente a la conversación con mirada alerta y un profundo interés.
—¿Quiénes fueron los principales interrogados en ese momento?
¿Hubo algún sospechoso claro? ¿Hicieron algún progreso sólido en la investigación inicial? —preguntó Isabella con avidez. Mark asintió gravemente, recordando esos angustiosos y frustrantes tiempos.
—Sí, interrogamos exhaustivamente a muchas personas cercanas a Emily.
Hablamos con el dueño de la cafetería donde trabajaba, sus profesores, incluso con su tutor Harrison Foster, con quien tenía una sesión de tutoría el día en que desapareció.
También hablamos con todos sus amigos íntimos, principalmente con su mejor amiga y también compañera de trabajo, Olivia Smith.
Pero, lamentablemente, no obtuvimos ninguna pista decisiva.
No hubo testigos ni evidencia física concluyente.
El único sospechoso en ese momento fue David Parker, el exnovio de Emily, pero no había pruebas contundentes para inculparlo, y además tenía una coartada muy sólida.
Isabella asintió enérgicamente, tomando notas meticulosas de los valiosos detalles proporcionados. Era evidente que el caso había sido un rompecabezas sumamente complicado y frustrante en su momento, y la falta de pistas e indicios concretos dificultaba enormemente su resolución.
—Entiendo perfectamente. Parece que tenemos un arduo trabajo por delante. Deberíamos volver a analizar el caso desde el principio, sin dar nada por sentado. Recrear y revisar exhaustivamente todos los pasos de Emily esa noche fatídica —dijo Isabella con convicción.
—Eso fue exactamente lo que hicimos con ahínco hace seis años. Creo que ahora deberíamos ir más allá en la investigación y no centrarnos solo en lo que pasó esa noche o en los días previos a su desaparición —acotó Mark gesticulando con énfasis.
—Tienes toda la razón, Mark —contestó Turner asintiendo—. Deberíamos profundizar e investigar más a fondo la vida completa de Emily, tal vez así descubramos quién podría haber tenido un posible motivo para hacerle daño.
—Empecemos por recopilar y organizar lo que tenemos hasta ahora —dijo Isabella poniéndose de pie enérgicamente y acercándose a la pizarra magnética que había detrás del escritorio de Turner.
Cogió la foto de Emily del expediente, la misma imagen que había estado colgada en el tablón hace seis años, y la pegó en el centro de la pizarra.
Luego, mientras Mark iba analizando la escasa información que encontraron en aquella época, Isabella fue agregando más imágenes relevantes y escribiendo los detalles clave en la pizarra con marcador rojo.
—Lo que sabemos hasta ahora —comenzó Mark mientras Isabella tomaba nota—.
Emily era una joven prometedora de 21 años, estudiaba periodismo en la Universidad de Lakeview, cursaba su penúltimo año de carrera.
Se había mudado desde Oakville, donde vivía con sus padres John y Megan Adams. Alquiló un pequeño apartamento en el número 14 de Springsteen, concretamente el 3B.
Trabajaba en el turno de tarde de la cafetería Brew Haven.
En su primer año de universidad conoció a David Parker, con quien mantuvo una relación de aproximadamente tres años.
Habían terminado poco antes de su desaparición, por eso David fue el principal sospechoso inicialmente, pero tenía una coartada muy sólida, su hermano pudo confirmarnos su versión.
Ese día tuvo una tutoría con uno de sus profesores que estaba preocupado por su repentina bajada de notas. Él también tenía coartada.
—¿Tal vez sus notas bajaron a raíz del término abrupto de su relación con David?
—reflexionó Isabella en voz alta—. Tenemos que abordar este caso desde un nuevo ángulo.
Hay algo más que hemos pasado por alto, estoy segura.
—Isabella miró fijamente la foto de Emily en la pizarra, como buscando fervientemente alguna respuesta reveladora en su mirada.
Mark asintió con gravedad, rememorando internamente lo que había sucedido en el pasado. Recordó las interminables noches de insomnio, las pesadillas recurrentes y la obsesión enfermiza que lo habían consumido durante la primera investigación fallida.
—Tienes toda la razón, Isabella. En ese momento, nuestra visión y perspectiva estaban completamente nubladas por las circunstancias. Ahora necesitamos replantearlo todo, analizar cada detalle como si fuera la primera vez —admitió Mark.
Robert Turner, con su vasta experiencia, agregó reflexivamente: