Anillos y estrellas (The Hidden Society 1) Epílogo #2
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Epílogo #2

Hemos revisado varias veces el manual de la Hidden Society y…

no he parado de suplicarle que no me borre la memoria. Quiero ser

una de ellos. No es del todo imposible formar parte de esa sociedad,

pero las maneras de conseguirlo resultan terriblemente violentas.

Una de sus leyes de la establece: «Cualquier humano que sea tocado

por la magia de forma permanente tiene derecho a decidir quedarse

en la sociedad mágica».

4 de mayo

¡He convencido a Domiziana! Todavía no me lo creo. ¡Seré una

maga!

18 de mayo

Mi vida ha cambiado por completo. Al margen de las horas de clase

y de estudio, dedico todo el tiempo a prepararme para convertirme

en maga. No exactamente en maga, me ha advertido Domiziana,

sino en algo similar. ¡Tendré poderes mágicos! Todavía no me lo creo.

Entreno en el gimnasio y sigo una dieta diseñada por Domiziana.

Preparamos un ritual.

23 de junio

El ritual está resultando más complicado de lo previsto y requiere

cálculos precisos por parte de Domiziana, que pasa cada vez más

tiempo en su despacho para prepararlo todo. Se necesita una noche de

luna nueva, y yo tengo que estar en plena forma. A pesar de que no

me ha explicado los detalles, me tranquiliza y me asegura que me

convertiré en maga.

3 de septiembre

Todo va por el camino correcto. Sigo estudiando para los exámenes

en Ca’ Foscari, pero, si todo sale bien, a principios del año que viene

entraré a formar parte del mundo mágico.

12 de noviembre

Domiziana ha contratado a un espectro, una criatura mágica, y le

encargado que le traiga un libro en la Biblioteca Marciana.

Es un volumen encantado que a los miembros de la Hidden Society

les está prohibido tocar. Pero un espectro tiene el poder de poseer a los

humanos, burlando esta regla. Al menos, eso es lo que ha averiguado

Domiziana. Le he preguntado por qué no podía ir a buscar el libro yo

misma, pero me ha explicado que ya no soy del todo humana. En la

dieta que me ha prescrito y que prepara Alberto hay ingredientes que

están alterando mi organismo. Me alimentan con polvo de estrellas.

19 de diciembre

Me he encontrado con Ismael en la Biblioteca Marciana. Creo

que se enfrentó al espectro contratado por Domiziana para tratar de

impedirle que se llevara el libro. Me miró de una forma extraña en el

pasillo. Parecía preocupado por mí. Temí que intuyera que me ocurría

algo raro… pero Ismael es un simple humano, ¿cómo va a saberlo?

Me he pasado meses preparándome para este momento. Dentro

de unas horas, Domiziana llevará a cabo el ritual, y en los días

siguientes pondremos en práctica un plan para que parezca que

he descubierto la magia por casualidad y así ingresaré oficialmente

en la Hidden Society.

Con estos fragmentos, enterraré todos mis recuerdos sobre la magia.

Todo el mundo me dice que miento fatal, así que, si desconozco la

verdad, no hay posibilidad de que me equivoque al mentir.

Cerré el diario y me hundí aún más entre los cojines.

¿Qué acababa de leer? No había duda de que era mi letra, la habría reconocido en cualquier parte.

Se trataba de mi caligrafía, practicada a lo largo de años y años de apuntes tomados en la universidad.

Pulcra y del tamaño justo para que encajase entre las líneas de un texto.

Mientras leía, ciertos recuerdos habían brotado en mi mente.

Cada detalle recogido en el diario había aparecido en forma de imágenes, escenas claras y conversaciones que sonaban nítidas desde el pasado.

No me cabía la menor duda de que esa era la verdad, que había sepultado entre aquellas páginas para que no pudiera emerger en ningún momento y destruir mi actuación como humana alucinada por el mundo de la magia.

Liberé el farolillo para que continuara dando vueltas por la celda y me quedé en silencio, escuchando el eco de mis pensamientos al estallar en mi interior.

¿Qué había hecho?

Había sido yo. Ahora que mis recuerdos habían regresado, sabía que Domiziana no se había esforzado demasiado en frenar mi deseo de unirme a la Hidden Society y había cedido con facilidad a mis súplicas.

Pero había sido yo.

Toqué el borde de las páginas, con cuidado de no cortarme con el papel. Medité sobre lo que sucedería a partir de ese momento. Si se lo contaba a Ismael, ¿cómo reaccionaría? ¿Me acusaría de ser la responsable de todo lo que le había ocurrido? ¿Era culpa mía que hubiera perdido sus anillos?

Claro que, a cambio, me había encontrado a mí, y juntos podíamos desatar el poder de una estrella.

Inspiré hondo y sentí que las brasas se reavivaban y que la promesa de fuego bajo la piel fluía. Bastaba un soplido para desencadenarse.

—¿Ámbar?

La voz de Ismael sonó a unas estanterías de distancia. Se acercaba, quizás guiado por la luz de mi farol.

Exhalé para acallar las brasas y me levanté con el diario entre las manos.

Unos pasos más y todo lo que habíamos vivido aquellos meses se desmoronaría.

Juntos, Ismael y yo habríamos conseguido lo imposible.

Con mi poder y su técnica, nos podíamos convertir en los mejores arcanistas que la Hidden Society hubiera visto jamás.

¡Había tantos sitios que queríamos explorar, y un mapa del mundo que marcar!

¿Quién era yo? ¿La Ámbar que había escrito aquel diario o la que lo tenía ahora en las manos?

Miré a mi alrededor, aspirando el aroma a tinta y pergamino que impregnaba la Gran Biblioteca, y me llevé una mano al anillo que llevaba colgado en el pecho.

—¿Ámbar?

La voz de Ismael estaba a solo un pasillo de distancia.

Sentí que dejaba de temblar al esconder el diario en el fondo de un estante bajo, detrás de una fila de volúmenes cubiertos de polvo.

Recogí los libros que quedaban en la celda y corrí hacia él.

—¡Me has encontrado! —exclamé, mientras el farolillo flotaba a mi espalda, iluminando mi sonrisa más radiante.