CAPÍTULO VEINTISIETE - PERFECTO #4
Como era de esperar, la zona de la piscina estaba caliente como el infierno y Melissa maldijo la dichosa curiosidad que la había sacado de su habitación. Apenas había salido y ya sentía el sudor deslizarse bajo el vestido negro de manga larga que llevaba.
—¡Eh! —gritó Angela en cuanto vio a su mejor amiga. Estaba de lo más cómoda bajo la sombrilla, bebiendo zumo de naranja—. ¡Me alegro de que hayas salido de tu escondite!
Demasiado tarde para dar marcha atrás. Melissa resopló y fue al encuentro de su amiga.
—No pudiste resistirte, ¿verdad? —dijo Angela con una sonrisa traviesa—. ¡Lo sabía!
—Genial —Melissa se encogió de hombros—. Solo vine a tomar un poco el aire. No tiene nada que ver con Gabriel.
—Vale... —Angela dio un sorbo a su zumo—. Hagamos como que te creemos.
—¿Melissa? —Gabriel la llamó desde la piscina al emerger.
Con el corazón acelerado, la chica asintió tímidamente.
Era patética bajo aquel sol insoportable, vestida de forma totalmente inadecuada para el clima, sudando como si se estuviera derritiendo, pero aun así, Gabriel la miraba como si fuera lo más maravilloso del universo.
La admiración que encontró en los ojos de aquel hombre absurdamente guapo la llenó de emoción.
Se enamoraba un poco más de él, aunque pareciera imposible.
—Creo que quien va a necesitar un babero ahora eres tú —Angela la sacó de su ensoñación con el comentario.
—¡Ah, cállate! —Melissa sonrió y se sentó junto a su amiga mientras observaba a Gabriel salir de la piscina.
Sorprendida, mantuvo la mirada fija en la espalda desnuda del cantante, donde destacaba un gran y detallado tatuaje maorí sobre la piel blanca.
—¡Joder! —maldijo en voz baja, lo que hizo reír a Angela cuando él dejó caer la toalla con la que se había secado y caminó hacia ellas—. ¡Está buenísimo!
—Señoritas... —Gabriel las saludó—. ¿Estáis cómodas?
—¡Estoy en el cielo, eso es lo que pasa! —respondió Angela, todavía intentando contener la risa por la reacción de su amiga.
—Hace un calor infernal aquí —dijo Melissa mientras desviaba la mirada hacia cualquier cosa que no fuera el pecho desnudo del cantante. En respuesta, Gabriel se rio con ganas, como si se lo hubiera esperado.
—Oh, estás aquí —los interrumpió la voz molesta de Karen. La chica apareció sonriendo, con un bikini indecente incluso para estar en casa.
—Pensé que no vendrías. Odias el sol de Sarasota —dijo Gabriel.
—Estoy intentando acostumbrarme. Y hace un día precioso. ¿Puedes ponerme el protector solar en la espalda? —preguntó con un puchero forzado. Melissa no pudo evitar poner los ojos en blanco.
—¡Por supuesto! —Antes de que Gabriel pudiera levantarse de la tumbona en la que estaba sentado, Karen saltó sobre el regazo del cantante, se echó el pelo hacia atrás y le entregó el protector solar.
Lissa no entendió del todo su propia reacción, pero odiaba ver a la rubia acomodada en el regazo de Gabriel, especialmente cuando cerró los ojos y suspiró al sentir la mano masculina deslizarse por su espalda mientras le extendía el protector.
—Tú también deberías ponerte un poco... —dijo el rockero, ajeno a que Melissa estaba haciendo un esfuerzo enorme para no estrangular a Karen en ese momento—. El sol pega fuerte y no estás acostumbrada.
En lugar de responder, la artista resopló al ver a la rubia acomodarse en los muslos de Gabriel para mirarlo después de que él dejara el protector solar a un lado.
—¡Gracias, Gabe! —la chica abrazó a su hermano, le deslizó las uñas por la espalda y, sin ninguna vergüenza, depositó un beso prolongado en su cuello.
—No hay de qué, hermanita —él la abrazó antes de quitarla de su regazo—. Ahora, tú... —el rockero le guiñó un ojo a Melissa, que observaba el intercambio entre los dos hermanos con una buena dosis de incredulidad.
—Puedo hacerlo sola... —Lissa cogió la botella de protector solar que él le ofrecía—. Será mejor que vuelvas a la piscina.
—¡Gran idea! —se animó Karen—. Ven conmigo... —Tiró de la mano de su hermano, lo llevó hasta el borde de la piscina y, como si quisiera poner a prueba la paciencia de Melissa, lo agarró para saltar juntos al agua.
—¡Zorra! —soltó Melissa mientras apretaba la botella en la mano.
—Vale... —Angela le tocó la cara para que su mejor amiga la mirara cuando Karen se giró para aferrarse a Gabriel dentro de la piscina, con las piernas enroscadas alrededor de su cintura y sujetándose de su cuello—. Respira o te va a dar un infarto.
—Está coqueteando con él... —Melissa cerró los ojos para no ver los jueguecitos en la piscina—. ¡Joder! ¿Por qué no me di cuenta de esto antes?
—Son hermanos, Lissa —respondió su amiga, pero lanzó una mirada a Karen justo cuando la chica volvía a deslizar la mano por la espalda de su hermano y depositaba un beso en su tatuaje—. ¡Joder! Esto solo puede ser cosa de nuestras cabezas.
Con las manos temblorosas, Melissa dejó caer el protector solar al suelo y miró fijamente a su amiga.
—¿Me vas a decir que es imposible que un pariente esté interesado en otro?
—Es diferente, Lissa —Angela intentó encontrar una explicación lógica—. Lo que te pasó a ti fue abuso. Y en realidad no tenías parentesco con él. Lo que pasa entre ellos es solo...
—Una chica insinuándose descaradamente a su hermano adoptivo.
Angela se giró para mirar a la gente en el agua. Entendió lo que Melissa quería decir, pero seguía sin poder creer que la conclusión de Mel fuera correcta.
—No... son solo dos hermanos que se llevan bien, muy unidos. —Cuando oyó a los hermanos salir de la piscina, Angela apretó la mano de Lissa, que aún temblaba—. No saquemos conclusiones precipitadas.
—El agua está increíble... —Karen llegó primero, escurriendo su largo cabello y salpicando el rostro de Melissa con las gotas—. ¿No vas a probarla, chica gótica?
—La voy a ahogar —le susurró Lissa a su amiga.
—No, no lo harás —Angela retuvo a Melissa en su sitio.
—¿Gabe? —Karen se interpuso frente al rockero antes de que pudiera acercarse a Mel—. ¿Puedes ajustarme el bikini? No quiero quedarme con dos marcas.
Extendió la mano para ajustar las tiras, pero antes de tocarlas, sintió que Melissa tiraba de él hacia ella.
—Siéntate aquí conmigo. —Intentando contener su temperamento, le hizo sitio para acomodar al cantante en la misma tumbona.