Ángel roto CAPÍTULO VEINTE - DI ALGO
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CAPÍTULO VEINTE - DI ALGO

“Y tropezaré y caeré

Todavía estoy aprendiendo a amar

Gabriel Voss se alegraba de haber vuelto por fin a su habitación de hotel aquella tarde-noche. Por supuesto, nada se comparaba con estar en casa, relajado y con la agenda libre. Pero después de un día tumultuoso y agotador, era agradable poder disfrutar de un baño caliente y tirarse en la cama.

El ensayo había sido fructífero, aunque tenía la cabeza en otra parte, como le venía pasando en los últimos días, sin dejar de pensar en Melissa Bittencourt.

La única ventaja de estar tan pillado con esa chica era que había logrado componer una nueva canción. Y esa tarde, mientras la banda se preparaba para el ensayo, incluso había rasgueado una nueva melodía.

Estaba deseando que empezara el ajetreo de la gira.

Quizás con un espectáculo cada noche lograra agotarse físicamente y por fin sacarse a Mel de la cabeza.

Eso era lo que estaba decidido a hacer. Al fin y al cabo, estaba claro que se estaba involucrando demasiado y que ella no estaba realmente interesada.

Era cierto que ella había correspondido a sus besos con bastante entusiasmo en varias ocasiones, pero cuando no se estaban besando, la chica siempre encontraba la manera de alejarlo.

Y ella había dicho con todas las letras, en Año Nuevo, que no tenían nada.

Bueno, él no se había comprometido formalmente, pero en su cabeza tenían una conexión, algo incluso más real que cualquier etiqueta.

El problema era que para Melissa no existía ninguna conexión entre ellos...

Quizás, como mucho, estaba el subidón de adrenalina de estar engañando a todos y, de paso, besarse con un cantante famoso.

—Lo que sea... —gruñó Gabriel mientras se tiraba en la cama.

No iba a buscarse problemas. No le interesaba desarrollar ningún amor platónico. Sabía cómo podía acabar algo así y no quería revivir la situación, especialmente siendo el que ama sin ser correspondido.

Mientras miraba el techo blanco, volvió a recordarla con aquel abrigo blanco... Tan diferente de como solía verla y, sin embargo, tan hermosa.

El cantante resopló exasperado. Necesitaba sacarse a Melissa de la cabeza.

Pensó en invitar a Arthur a aprovechar la noche neoyorquina mientras aún tuvieran tiempo, pero descartó la idea de inmediato. No estaba de humor para trasnochar, y su amigo lo había dejado plantado esa tarde.

Era inaudito, pero Arthur había faltado a un compromiso.

Un compromiso profesional. No era propio del asistente.

Era tan extraño que Gabriel se preocupó al darse cuenta de que su amigo no había aparecido, incluso cuando el ensayo ya estaba llegando a su fin.

Intentó llamarlo, pero no le cogió el teléfono.

Solo cuando estaba a punto de volver al hotel recibió un mensaje escueto.

«Estoy ocupado». Eso era todo lo que el siempre profesional Arthur había dicho.

Cuando llegó al hotel, descubrió que su amigo estaba ocupado con Melissa.

Se enteró por el guardaespaldas de la chica, que estaba saliendo del hotel, aparentemente listo para disfrutar de la noche.

Preguntó por la chica sin poder evitarlo, y le dijeron que Lissa estaba en su habitación y que Arthur había estado con ella toda la tarde.

Por lo visto, todas las mil razones que el asistente personal le había dado a Gabriel para mantenerse alejado de Melissa no iban con él.

Quería preguntarle a su amigo qué le había llevado a abandonar sus compromisos de trabajo para pasar la tarde con Melissa, pero tenía que reconocer que le daba un poco de miedo la posible respuesta.

Era ridículo, pensó Gabriel llevándose las manos al pelo, pero parecía que estaba celoso de un posible acercamiento entre Melissa y Arthur. Como si no bastara con los celos que ya sentía por el misterioso tipo que Angela había mencionado en Año Nuevo.

Se habría insultado un poco más si el teléfono no hubiera sonado justo en ese momento. Al mirar la pantalla, el cantante incluso se planteó no contestar.

Una llamada de Angela... Habían intercambiado números cuando hablaron en Año Nuevo, pero no se habían llamado desde entonces.

Ya no estaba tan molesto por lo que Melissa había dicho durante la fiesta, pero se había propuesto mantenerse alejado de la chica, y acercarse a su mejor amiga no le ayudaría en absoluto.

Por otro lado, Angela siempre se había mostrado muy amable y simpática en las pocas ocasiones en que habían hablado. Sería completamente injusto ignorar la llamada, especialmente cuando la chica estaba pasando por un momento tan complicado en su vida.

Con un suspiro, el rockero aceptó la llamada.

—Gabriel... —dijo ella con timidez—. Siento molestarte así...

—Está bien, Angela —la interrumpió él, con una pequeña sonrisa en la voz—. No molestas.

Ella suspiró.

—Eres muy amable, pero estoy segura de que no quieres que una fan te llame a todas horas.

Gabriel no pudo evitar reírse. Adoraba a sus fans, pero sería complicado si lo llamaran a todas horas. Había pasado una vez, cuando su número se filtró en internet, y había sido una locura.

—Bueno, sería complicado lidiar con muchas llamadas de fans, pero tú eres más que una simple fan.

—¿Lo soy? —preguntó Angela sorprendida.

—Por supuesto que lo eres —le aseguró—. Siempre y cuando no divulgues mi número en tu página de fans, podemos hacernos amigos.

—Prometo que nunca lo haré... —dijo ella—. Pero ya que vamos a ser amigos, ¿puedo confesarte algo?

—¿Es ahora cuando me dices que te has imaginado casándote conmigo mil veces?

Angela soltó una carcajada.

—Eres guapo, el sueño de toda chica... —Gabriel podía pensar en al menos una chica que no lo consideraba tan deseable—. Pero nunca me he imaginado contigo románticamente —aseguró la fan—. No sería justo.

—Angela, no puedes pensar así. Eres una persona increíble; cualquier chico que esté contigo sería un tipo afortunado.

—Por supuesto que lo soy —dijo con entusiasmo—.

Soy fantástica. De hecho, lo siento por todos esos chicos que nunca me tendrán como novia...

—Gabriel volvió a reír. Ella tenía un gran sentido del humor, muy diferente al de su amiga—.

Pero la realidad es que mi fecha de caducidad se está acabando...

Y estoy bien con eso. Es como tiene que ser. Solo me preocupa Lissa...

—Creo que deberías preocuparte menos por ella y pensar más en ti mismo —le aconsejó la cantante. Su amistad era hermosa, pero no parecía muy saludable.

—¿Qué ha hecho ahora? —preguntó Angela suspirando.

—Nada... —respondió Voss de inmediato—. No ha hecho nada.

—Por supuesto que sí. Estás molesto con ella.

—No lo estoy —mintió.

—Melissa no es la persona más fácil del mundo, y a veces termina hiriendo a quienes la rodean, pero en el fondo es buena chica. Solo intenta no meterse en problemas.

El rockero no sabía qué decir. Sabía que Melissa no era mala persona y que la rudeza de la chica era una especie de autodefensa, pero no entendía cómo devolverle al cantante el mismo trato que él le daba podría meterla en problemas.

—¿Qué ibas a confesar? —intentó cambiar de tema.

—Que no llamé para escuchar tu voz sexy, lo que realmente quería...

—Era hablar de Melissa —completó Gabriel, sin saber muy bien cómo se sentía. Podía hablar de Mel durante horas sin aburrirse, pero no quería.

—Así es... —suspiró Angela—. Pero no creo que sea buena idea.

—Seré sincero contigo, Melissa Bittencourt no es mi tema favorito ahora mismo.

Angela guardó silencio un rato.

—Lo siento —dijo al fin—. Quizás deberías mandarla a casa. Aún estás a tiempo de encontrar una fan de verdad a quien le encante hacer la gira.

—¿Qué? —Gabriel se incorporó en la cama, aturdido. Jamás habría esperado que Angela le dijera que abandonara la farsa—. ¿De qué hablas? ¿Abandonarlo ahora?

—Quiero a Lissa, somos como hermanas, pero sé lo difícil que es estar con ella...

Especialmente en esta época del año. Y tú ya tienes bastante de qué preocuparte.

Esta farsa... Fue la peor idea que se me pudo ocurrir, pero era mi último recurso.

Pensé que alejarse un tiempo le vendría bien y que nunca se daría por vencida, no ahora...

Pero por lo visto, solo empeoró las cosas.

—Angela... —Gabriel se pasó una mano por el pelo en un claro gesto de nerviosismo—. No tengo ni idea de qué me hablas. ¿Qué quieres decir con «esta época del año»? ¿Y qué es eso del último recurso?

—Yo... —vaciló un momento—. Querrá matarme por hablar de esto...

Pero da igual, total ya me estoy muriendo —una pausa para una serie de suspiros y luego continuó—.

Ya sabes... Navidad, Año Nuevo... Lissa odia cualquier festividad familiar, pero Año Nuevo es lo peor.

Es como unas vibras infernales que no terminan nunca...

ya sabes, como dicen en el país natal de tu madre, un Inferno astral[28].

Para Lissa, esto solo se suaviza después de su cumpleaños.

Y sé que suena ridículo, pero tiene sus razones para ser como es.

Quizás si nos hubiera pasado a nosotras lo mismo ya nos habríamos rendido...

Yo desde luego sí. Ella no se rindió solo porque yo sigo aquí, pero seamos realistas, Gabriel, no voy a estar aquí mucho más tiempo.

Y a juzgar por el hecho de que llevamos días sin hablar, puede que ya no importe mucho.

Gabriel se quedó sin palabras. ¿Inferno Astral? No creía en esas tonterías, aunque su hermana mayor solía recurrir a eso para justificar todo lo que le salía mal, incluso cuando faltaban más de treinta días para su cumpleaños.

Pero la forma en que Angela hablaba sonaba más urgente que una mera creencia popular sin importancia. Sobre todo si las dos amigas llevaban ya varios días sin hablarse. Sabía muy poco sobre Melissa, pero sabía que la chica llamaba a su mejor amiga al menos dos veces al día para ver cómo estaba.

—¿Cuánto lleváis sin hablar? —Se centró en lo tangible y dejó el resto a un lado, pues no le encontraba sentido.

—Llevo intentando llamarla desde que hablamos en Año Nuevo, cuando tú tenías su móvil. Lo tiene apagado desde ese día.