CAPÍTULO QUINCE - TÚ Y YO #3
—Debe de ser difícil tener una tentación así constantemente al lado... —El periodista miró a Voss—. ¿Cómo resiste? ¿O no resiste?
Por primera vez, Melissa observó al cantante sin saber qué decir. Era evidente por la mirada de Gabriel que estaba intentando encontrar algo que los sacara de esa situación embarazosa, pero aparentemente no se le ocurría nada.
—Bueno... —la voz de Melissa rompió el silencio—. Estamos muy emocionados con el show de esta noche. Va a ser increíble poder verlo todo de cerca...
—Sí... —coincidió el cantante—. Estoy deseando que llegue esta noche.
—¿Qué van a hacer para animar el backstage? ¿Comparte ella el camerino con usted? ¿Tienen algún ritual previo al show que compartan?
Gabriel Voss solía estar orgulloso de su paciencia, pero estaba a punto de hacer algo que nunca había hecho en su carrera: dar por terminada una entrevista, no sin antes soltar una respuesta brusca.
—Este es solo el segundo show... —respondió tras respirar hondo—.
Todavía estamos haciendo ajustes. Pero normalmente me reúno con la banda, repaso el setlist, me relajo con los chicos y, por supuesto, rezamos antes de subir al escenario.
Melissa participa en todo el proceso, claro. Es parte del premio del concurso.
—Y pueden celebrar el éxito del show al final de la noche, solos los dos —No había que ser muy listo para entender lo que el entrevistador estaba intentando insinuar.
Lissa bajó la cabeza avergonzada—. Un año de gira es mucho tiempo, y creo que puede resultar solitario a veces.
¿Fue el concurso una forma de amenizar la soledad de su habitación de hotel?
Arthur dio un paso adelante y asintió cuando Gabriel apretó los puños y se inclinó hacia delante.
—El concurso fue la forma que encontré de agradecer a mis fans todo el cariño y el apoyo que recibo —respondió—.
Y aunque un año es un tiempo considerable, tenemos algunos descansos durante la gira que me permiten pasar tiempo con mi familia y descansar.
Durante una gira, estoy centrado en los shows, solo en los shows.
El periodista asintió, antes de volver a centrarse en Lissa.
—Melissa, es el sueño de toda fan conocer a su ídolo, y pasar tanto tiempo con él es aún mejor...
—Sí... Ha sido maravilloso... —empezó con su respuesta ensayada, pero la interrumpieron.
—Cuéntales a las otras fans cómo es dormir juntos...
—No tiene gracia... —Gabriel levantó una mano, señalando al entrevistador, en clara advertencia de que el periodista se estaba pasando de la raya.
—¿Qué? —el reportero se rio—. No me mires así. Ningún rockstar que se respete se pasearía con una chica tan guapa sin llevársela a la cama...
—De acuerdo. Creo que ya es suficiente —intercedió Arthur.
—Dime, Melissa... —continuó el hombre—. Pareces una chica mala. Apuesto a que dejas que te dé unos azotes en el...
Antes de que Lissa pudiera procesar lo que acababa de oír, Gabriel ya se había levantado y, pillando a todos por sorpresa, le había soltado un puñetazo al periodista en plena cara.
—¡Gabriel! —Arthur intentó sujetar a su amigo cuando el cantante fue a darle otro puñetazo.
—¡Hijo de puta! —rugió el cantante, que seguía intentando alcanzar al entrevistador—. Te voy a partir la cara.
Arthur llamó a los guardias de seguridad mientras Melissa observaba la escena con una mezcla de pánico e incredulidad.
—Sacad a este imbécil de aquí —les gritó el asistente a los guardias de seguridad—. ¡Gabriel, ya basta!
Respirando hondo, Lissa intentó controlar el temblor de las piernas y se puso de pie. Insegura, se acercó a Gabriel y le apretó el brazo.
—¿Gabe? —lo llamó con voz grave—. No hagas eso...
Concentrada en Gabriel, no vio cómo los guardias de seguridad sacaban al periodista de la habitación sin ningún esfuerzo, ya que el hombre estaba aturdido por el ataque del rockero.
—Quiero que esa revista de mierda quede fuera de todas las entrevistas de ahora en adelante —le rugió a Arthur—. Y vas a mantener a Melissa alejada de estas entrevistas.
—Vale, vale —el asistente intentó apaciguarlo—. Vino a provocarte, pero perdiste los estribos. Joder, Gabriel. Esto va a ser un escándalo.
—¡Que le den al escándalo! —Voss intentó sofocar sin éxito la ira que le ardía en el pecho.
—Gabe... —Melissa lo llamó de nuevo. Estaba aterrorizada por la reacción del cantante y, al mismo tiempo, asombrada. Había explotado como nunca habría imaginado, y todo para defenderla—. Está bien...
—No. ¡No está bien! —apartó de una patada el sillón donde había estado sentado el periodista—. Quiero partirle la cara a ese hijo de puta.
Como hablar no parecía calmar al rockero, Lissa lo agarró de la camiseta, tiró de él hacia ella y se refugió entre sus brazos. Estaba temblando y a punto de empezar a hiperventilar.
Gabriel se quedó en silencio en cuanto sintió el pequeño cuerpo de Mel aferrarse al suyo. Automáticamente, envolvió a la chica en un abrazo. Cuando la sintió estremecerse, la estrechó con más fuerza.
—Ese tipo era un imbécil... —dijo ella, con la voz amortiguada contra su pecho—. Pero no merece la pena partirle la cara. Ya lo has dejado fuera de combate... Es suficiente. ¡Gracias!
Él se apartó un poco y la hizo mirarlo a los ojos. Quería besarla, abrazarla de nuevo, esconderla del mundo, pero no hizo nada de lo que quería; solo apoyó su frente contra la de ella y se obligó a calmarse.
—Cancela la mierda de las fotos —dijo al cabo de un rato, con la voz ya más calmada.
Arthur observó atónito cómo el cantante tomaba la mano de Melissa y se dirigía hacia la puerta.
—¿Estás loco? No puedo cancelar así como así...
—Arthur, cancela las fotos —repitió con sequedad antes de abrir la puerta.
Melissa lanzó una última mirada al asistente personal y susurró:
—Haré que cambie de opinión.
No sabía si sería capaz, pero mientras seguía al cantante hasta su habitación, estaba decidida a intentarlo. Ya había causado bastantes problemas por un día. Lo mínimo que podía hacer era evitar que Gabriel empeorara aún más las cosas.