Amores que Duelen EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Y así, después de recorrer estas “instrucciones” que nadie pidió y que, quizás, nadie seguirá al pie de la letra, te quedas con el eco de puertas que no se cerraron del todo, con el sabor de un café sin azúcar que supo a adiós, y con la certeza de que hay mensajes que nunca se enviaron pero que,

joder, lo decían todo.

El amor torpe no tiene un final ordenado.

Se queda en los rincones de la memoria como un abrigo olvidado, en las canciones de Sabina que suenan a la hora exacta, en la manía de dejar un sitio vacío en la mesa.

No busca la perfección, busca la verdad en la incompletitud. Busca la valentía en el miedo.

Quizás aprendiste que hay miradas que besan sin necesidad de labios, que hay refugios que no son un para siempre pero te salvan el invierno, y que a veces, querer bien es hacerlo a tu manera, aunque nadie más lo entienda.

Este libro termina aquí, pero los amores torpes siguen por ahí, tropezando, volviendo, cocinando sopas y dejando luces encendidas.

No necesitas instrucciones finales. Ya sabes cómo es esto.

Es un desastre, sí. Pero es nuestro desastre. Y a veces, solo a veces, eso basta.

¿Te has quedado con ganas de más?