Amor por casualidad (Millonarios y herederas) Epílogo 3 años después
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Epílogo 3 años después

Sentada en la terraza, Erika contemplaba la escena con una sonrisa de absoluta plenitud, llevaba un vestido ligero y ya no quedaba ni rastro de la rigidez de sus años en Europa; sus ojos brillaban con la luz de quien finalmente ha encontrado la paz.

A su lado, su amiga Kim sostenía a su segundo bebé en brazos mientras Richard, tan ruidoso y protector como siempre, intentaba encender la parrilla bajo la estricta y divertida supervisión de Marcus y Ben, quienes habían asistido a la reunión familiar junto a Liz y Jess y sus hijos.

De repente, una silueta pequeña de cabello oscuro y alborotado pasó corriendo a toda velocidad por el jardín, persiguiendo un balón de fútbol.

—¡Papi, alcánzame si puedes! —gritó el pequeño Santi, de apenas dos años y medio, cuya risa limpia era el mejor homenaje al nombre que llevaba.

Detrás de él, con pasos largos y una agilidad impecable, iba su esposo, el temible consultor de seguridad, vestía unos jeans cómodos y una playera informal, y ya no había rastro de la fría armadura que solía cargar corrió para alcanzar al niño, y lo levantó por los aires, haciéndolo carcajear mientras lo llenaba de besos en las mejillas.

Erika sintió un vuelco de ternura en el pecho al verlos, Will bajó al niño con cuidado y le dio una palmada cariñosa para que fuera a jugar con el hijo mayor de Kim y Richard, luego, se giró hacia la terraza, conectando su mirada con la de Erika, caminó hacia ella con ese paso firme que nunca perdería.

—¿Todo bien, señora Jones? —preguntó Will, inclinándose para darle un beso suave en los labios antes de sentarse a su lado y rodearla con su brazo.

—Mejor que nunca, señor Jones —respondió ella, apoyando la cabeza en su hombro—. Estaba pensando en lo mucho que han cambiado las cosas, en la isla, en Dan, en el miedo... parece que pasó en otra vida. Will apretó el agarre, depositando un beso en su cabello.

—Ese pasado ya no tiene poder sobre nosotros, Erika además ahora tu madre está feliz en México, tu hermano está rehaciendo su vida libre de culpa, y nosotros...

nosotros construimos nuestro propio refugio aquí, ella sonrió y, de manera inconsciente, llevó una de sus manos hacia su vientre, donde apenas se dibujaba una sutil curva que todavía era un secreto para el resto de los invitados, pero que Will ya custodiaba con el celo de un soldado.

—Y el refugio va a tener que crecer —susurró ella de cerca, mirándolo con esa chispa desafiante y hermosa de la que él se había enamorado—.

Porque Santi va a necesitar un compañero de juegos muy pronto.

Will se congeló un segundo, procesando las palabras, y la misma sonrisa brillante y desarmada que Erika le había visto en el aeropuerto hace tres años volvió a iluminar su rostro.

la abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en su cuello, agradeciendo al destino por haber cruzado sus caminos en medio de la tormenta.

Frente a ellos, en el jardín, sus amigos brindaban y los niños corrían libres, las sombras se habían disipado por completo.

El invierno había terminado para siempre, y en su lugar, el fuego indomable había fundado un imperio de amor, lealtad y felicidad que duraría toda la vida.

FIN