Epílogo
Poppy
Un año después
El sol de la mañana caía sobre los campos mientras yo grababa a Dusty pastando y les explicaba a mis seguidores cómo la vida te cambiaba para bien cuando decides vivirla de verdad y a tu manera.
Maggie correteaba a mi alrededor. Era feliz persiguiendo una mariposa a la que nunca llegaba a atrapar.
A un par de metros, bajo la sombra de un roble enorme, Duke nos observaba con esos bondadosos ojos que poseía. Pese a los achaques de su edad, se había recuperado completamente.
Ambos perros habían congeniado de maravilla y Maggie seguía a Duke a todas partes. Lo idolatraba.
Escuché unos pasos tras de mí y me volví para ver a Tucker acercarse con nuestra hija entre los brazos.
Mi corazón se derritió.
Avery, como la habíamos llamado, tenía unas mejillas redondas, la piel de color tostada como la mía y los preciosos ojos azules de su padre. Llevaba un gorrito de algodón que cubría sus rizos negros, a juego con un peto en tono crema que tejió June para ella.
—Espero que no te hayamos interrumpido —dijo Tucker agarrándome de la cintura para acercarme a él.
Sonreí.
—Vosotros nunca me interrumpís.
Lo besé y después hice lo mismo con Avery. Eran mi vida entera.
—¿Eres feliz, Poppy? —me preguntó Tucker de sopetón.
Lo miré a los ojos con ternura.
—Más que nunca en toda mi vida —respondí sin dudar un solo segundo—. ¿Y tú?
Sonrió de medio lado.
—Apenas puedo creer todo lo que la vida me ha dado, y te lo debo a ti.
—A los dos —lo corregí—. Esto es cosa de los dos.
—Por cierto, me ha dicho Josie que apenas dan abasto con los pedidos de mermeladas que están recibiendo desde ayer.
—Claudia, Camila y Lennie han vuelto a promocionarla y eso se nota —repuse agradecida.
Me había hecho muy amiga de las tres, incluso vendrían a pasar unos días al rancho para conocer Magnolia Creek.
—¿Y qué tal los nuevos trabajadores? —pregunté.
Hacía un mes que Tucker contrató a dos hombres para que lo ayudaran a recolectar la fruta. Su abuelo ya estaba mayor para seguir deslomándose trabajando bajo el sol.
—Muy bien, ambos se han adaptado rápido —contestó—. Y Josie también está contenta con la chica que está con ella en la tienda.
Aparte de los pedidos online , decidieron alquilar una pequeña tienda en la que poder vender a los habitantes del pueblo y a los nuevos turistas que venían desde que lo promocionaba en mis redes.
—¿Tu abuela sigue negándose a descansar? —inquirí divertida.
—Dice que ya tendrá tiempo de descansar cuando se muera —repuso mientras ponía los ojos en blanco.
Avery empezó a quejarse y a removerse entre los brazos de su padre.
—¿Tienes hambre, mi amor? —le pregunté, cogiéndola de los brazos de Tucker.
Aún le daba pecho, así que caminé hacia la casa para poder darle de mamar acomodada en los nuevos butacones del porche.
Duke se levantó de inmediato y nos siguió. Se había convertido en el fiel protector de Avery.
Giré el rostro para mirar a Tucker por encima de mi hombro. Percibí en sus ojos el amor que sentía por mí y por todo lo que habíamos construido juntos.
***
Tucker
Vi a los tres alejarse, con los reflejos dorados del sol enmarcándolos.
Me quedé quieto, disfrutando de la sensación de paz, plenitud y felicidad que sentía.
Noté un golpecito húmedo en la mano y bajé los ojos hacia Maggie, que me miraba con la lengua fuera y la cabeza ladeada.
La acaricié y ella entrecerró los ojos, encantada.
—Buena chica —murmuré.
Era una perra vivaz, divertida y muy cariñosa, que sin duda se convertiría en la mejor amiga de mi hija y era algo que me alegraba mucho.
Después, echó a correr hacia el porche donde estaban los demás.
La vida me había arrebatado a personas demasiado pronto, y esas pérdidas me provocaron unas heridas que tardaron en curarse. Sin embargo, también me había regalado a muchas otras.
Ahora tenía la familia que nunca creí poder formar cuando Poppy se marchó, pero que había sido mi sueño incluso antes de yo saberlo.
Escuché el motor de un coche acercarse por el camino.
Me giré y vi la furgoneta de mi cuñado detenerse frente a la valla. De ella descendieron mis abuelos, Josie, Mason y la pequeña Nora. Incluso Thomas venía con ellos.
Reían y venían cargados con recipientes con comida, vino e incluso una jarra con limonada casera.
Íbamos a celebrar el domingo todos juntos.
Los saludé con la mano y pensé que era afortunado por poder tener a tantas personas a las que quería y me querían a su vez.
La abuela le entregó la fiambrera que llevaba en las manos al abuelo y se apresuró a acercarse a Avery. Poppy dejó que la tomara en brazos.
Los vi entrar a todos en la casa y supe con certeza que tenía en mi vida todo lo que necesitaba.
Poppy se volvió hacia mí desde el porche y me hizo señas con la mano para que me acercara a ella.
Lo hice.
—¿A qué viene esa sonrisa bobalicona que luces? —me preguntó, abrazándose a mi costado.
—A que no me creo que todo esto sea real.
Ella sonrió pícaramente.
—¿Tanto te impresiona estar con la gran Poppy Hart?
Yo también sonreí.
—Me impresiona poder compartir mi vida con la única mujer a la que he amado desde que no era más que un adolescente flacucho. ¿Y sabes lo mejor de todo?
Poppy frunció el ceño.
—¿Qué?
—Que esto es solo el principio. —Enmarqué su rostro entre las manos y la besé. Un beso que sabía a promesas, futuro y amor—. Eres mi lugar favorito en el mundo, Poppy Hart —susurré con el corazón en la mano.
—Y tú el mío, Tucker Tate.
—Ajá —dije esa expresión que tanto la molestaba y que, en ese momento, la hizo reír.
Entramos en la casa junto al resto de nuestra familia, sabiendo que, a partir de ahora, nada ni nadie podría separarnos.
Puede que, cuando hicimos nuestro trato, el amor no estuviera incluido; sin embargo, siempre permaneció en nuestras almas entrelazadas, y lo seguiría estando hasta el fin de nuestros días.
FIN