Amor no incluido
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Capítulo 1
Poppy
Mi nombre es Poppy Hart y resido en Los Ángeles, aunque, a decir verdad, creo que vivo más dentro de Instagram que en el mundo real.
Mi precioso apartamento está en Hollywood, ese lugar donde las luces nunca se apagan y los sueños parecen materializarse. Y es justo mi caso, ya que desde muy pequeña siempre fantaseé con la vida que he conseguido.
Cualquiera soñaría con tener mi día a día. De fiesta en fiesta, posando en photocalls , rodeada de lujo. Y vosotros os preguntaréis, ¿cómo has conseguido todo eso? Pues gracias a mi trabajo como influencer .
Soy una de las creadoras de contenido más importantes y solicitadas. Las marcas se pelean por mí, y no es para menos. Cualquier cosa que promociono se convierte en oro.
Mi trabajo consiste en largas sesiones de maquillaje y saber elegir bien el look que luzco en cada momento. Siempre he de estar perfecta.
Después, toca posar para conseguir la foto adecuada o el vídeo que más atraiga a mis seguidores. Y no es fácil, no os penséis. No sirve con aprenderme el guion que yo misma escribo. Tengo que parecer natural, accesible y con un halo de misterio para que la gente quiera seguir conociendo más de mí.
Todo lo que hago lo retrasmito a través de mis historias de Instagram. Lo que como, la ropa que me pongo, mi rutina en el gimnasio… ¡Todo! Mis seguidores deben sentir que son parte de mi día a día.
Ahora mismo estoy frente al espejo de mi enorme vestidor observando mi reflejo. Mi pelo negro, ondulado y brillante, cae a la altura de mis hombros. Me corté el flequillo ladeado hace pocos días y, en mi humilde opinión, me sienta de maravilla.
Mi piel color caramelo, mezcla de una madre caucásica y un padre de color, consigue que mis rasgados ojos verdes destaquen y me dé un aspecto felino.
Poseo unos labios carnosos y simétricos, e incluso se rumorea que mi sonrisa es capaz de detener las conversaciones de un salón entero.
Mi cuerpo es curvilíneo. De cintura estrecha, pechos llenos y caderas redondeadas. Es imposible que cualquier persona que se sienta atraída por las mujeres no se gire para mirarme cuando paso por su lado.
Aquella noche me había puesto un vestido blanco y brillante, que se ajustaba perfectamente a mi anatomía. Fue regalo de mi diseñadora favorita. Sabía que, si lo lucía en el evento al que esa noche asistiría, sus ventas se dispararían.
—Poppy, ese vestido grita «mírame» —dijo mi amiga, April Heartly, detrás de mí.
Me giré hacia ella, sonriente y satisfecha.
—Cariño, este vestido no solo grita. Hace una coreografía y tiene hasta club de fans propio.
April rio.
—Tienes razón. ¡Luces increíble!
—¡Perfecto! Es justo lo que quiero. Que cuando entre en la sala todo el mundo piense: «Wow, Poppy Hart es tan perfecta que sería capaz de vender hasta aire embotellado».
—Viniendo de ti, no me extrañaría nada —aseguró—. ¿Estás nerviosa?
Fruncí el ceño.
—¿Nerviosa? ¿Por qué iba a estarlo?
—Porque vienen muchas marcas importantes al evento. ¡Yo estoy histérica! —reconoció.
Ella también era influencer , solo que con menor repercusión. Nos conocimos en un evento hacía dos años y, desde entonces, nos convertimos en inseparables.
—No tienes por qué. Si estás conmigo, todos te tratarán bien y conseguirás más de un contrato, confía en mí.
—Ojalá —dijo con una sonrisa deslumbrante.
Era muy bonita. Con la piel pálida y enormes ojos castaños del mismo color que su cabello. El vestido verde que lucía se adaptaba como un guante a su esbelta figura.
—Ven, te falta un poco más de brillo —dije agarrándola del brazo y colocándola frente a mí.
—¿Más brillo? —repuso con una ceja enarcada—. Como me pongas más, me van a usar de faro para los barcos.
—No digas tonterías —tercié, aplicándole iluminador en los pómulos—. Todos deben quedarse deslumbrados cuando lleguemos, así que cuanto más brillemos, mejor.
***
Llegamos al evento media hora más tarde del comienzo. Siempre era bueno hacer esperar un poco a los fotógrafos.
Tras posar con amplias sonrisas y mostrarnos lo más agradables posible, pasamos a la sala de actos.
Estaba llena de más influencers , representantes en busca de clientes, las marcas invitadas… Todo a nuestro alrededor parecía una fiesta, pero en realidad era una encarnizada lucha por ver quien destacaba más y conseguía mejores contratos publicitarios.
—¡Poppy! —Maya movió una mano en el aire desde lejos para llamar mi atención.
April y yo nos aproximamos a ella. Se encontraba junto a Kylie, otra compañera de profesión. Ambas tenían sus redes enfocadas a la moda y contaban con bastantes seguidores, aunque no tantos como yo, por supuesto.
—¿Cómo vais, chicas? Os veo estupendas.
—La que va a hablar. ¡Madre mía! Estás espectacular —respondió Maya con amabilidad—. Menos mal que ya estáis aquí. Esto no parecía una fiesta hasta que llegasteis.
—Estábamos rodeadas de muermos —apostilló Kylie con un tono guasón, a la vez que señalaba con la cabeza hacia un grupo de chicas.
Las reconocí de inmediato. Eran tres influencers que se dedicaban a tratar de concienciar de diferentes causas. Una de ellas lo hacía sobre la diversidad corporal, la otra era una activista medioambiental y la última peleaba por la igualdad de género… en definitiva, un trío de soñadoras.
Sus causas eran muy loables, sí, pero no daban suficiente dinero.
—Menuda panda de frikis —repuse con una sonrisa de superioridad dibujada en el rostro.
No es que realmente pensara eso, admiraba sus luchas, pero sabía qué era lo que esperaban de mí y, en cuanto a aparentar ser lo que los demás querían ver, me había convertido en una experta.
—No seáis malas, chicas —nos reprendió April de modo cariñoso—. Solo intentan hacer del mundo un lugar mejor, aunque no sea demasiado realista.
—Tienes el corazón muy blando, A —dijo Kylie poniendo los ojos en blanco—. Deberías aprender de P. Ella no tiene tantos escrúpulos a la hora de demostrarle a cada persona cuál es su lugar. ¿Verdad, P?
—No es que tenga nada en su contra, pero ¿qué pintan aquí? ¿Qué marca va a interesarse por ellas? Desde luego, ninguna de renombre —apostillé y sacudí mi pelo con elegancia.
—Pues dejémosles claro que por mucho que se crean superiores moralmente a nosotras, no nos llegan ni a la suela del zapato.
Me agarró del brazo y tiró de mí para dirigirnos hacia ellas. Cuando estuvimos cerca, nos miraron con desconfianza.
—Mira, P, parece que esta noche dejaron salir a pastar a las vacas —comentó lo bastante alto para que la oyeran.
Me miró a la espera de que le siguiera el rollo.
Yo me fijé en las tres chicas. La que se dedicaba a la diversidad corporal era lo que se consideraba una chica curvy , y noté en sus ojos que aquel insulto le dolió.
Sus amigas también debieron hacerlo, porque cada una la agarró de una mano, para mostrarle su apoyo.
En el fondo, sentí lástima por las chicas.
—No veía vacas desde que abandoné el sur y nunca fui demasiado fan de ellas. Me parecen aburridas y anodinas —dije sin variar la sonrisa que lucía, en un intento de no demostrar la incomodidad que me causaba comportarme de manera tan desagradable.
—Totalmente de acuerdo —corroboró Kylie, dedicándoles una mirada maliciosa.
Las tres chicas no respondieron. Decidieron ignorarnos e irse a otro lado.
Kylie se carcajeó, satisfecha, y yo también solté una risita para no salirme de mi papel.
¿Qué iba a hacer si no?
—Vaya, se marchan con el rabo entre las piernas —dijo Maya aproximándose a nosotras junto a April que, por su expresión, parecía no aprobar nuestra actitud.
—¿Habéis visto llegar a Morgan? —terció mi amiga para cambiar de tema—. Se veía espectacular con un precioso vestido dorado de Dior.
Morgan Taylor, mi archienemiga. Ambas teníamos casi los mismos seguidores y, el par de miles que ella tenía de más me dolía como si fueran millones.
Nos odiábamos mutuamente.
Era el tipo de mujer que entraba en una estancia como si le perteneciera. Alta, con una figura estilizada y una larga melena rubia que era la envidia de muchas de las presentes. Sus ojos, azules como el cielo, no te miraban, te escaneaban en busca de algún fallo del que mofarse.
Además, tenía una habilidad innata para acudir a todos los eventos con el outfit perfecto.
Miré alrededor y la vi al otro lado del salón, justo cuando saludaba a representantes de una marca con la que yo colaboraba y que, al parecer, ella había echado el ojo.
La sonrisa que les dedicaba era encantadora, pero yo sabía que significaba: «Prepárate, Poppy, te voy a robar la colaboración».
Tomé una copa de champán de la bandeja de un camarero y avancé hacia ella con paso firme. Cuando estuve a su lado, compuse mi deslumbrante sonrisa ensayada. En realidad, tenía ganas de agarrarla del pelo y arrancárselo. A ver quién la envidiaría entonces.
—Morgan, cuánto tiempo sin verte —saludé con fingida amabilidad.
—Poppy, qué sorpresa.
Se volvió hacia mí agitando la melena con gracia, como si estuviera protagonizando un anuncio de champú. ¡Menuda zorra!
—¿Sorpresa por qué? —inquirí con una ceja enarcada, pero sin perder la sonrisa.
La mala pécora se encogió de hombros con aparente inocencia.
—No me parecía que este fuera un ambiente en el que te sientas cómoda, creo que te desenvuelves mejor en lugares más… sencillos —dijo esa última palabra con retintín—. De esos a los que acuden los coleccionistas de seguidores.
Mis ojos destellaron con rabia, pero mi expresión no varió ni un ápice. En el arte de las falsas apariencias no me ganaba nadie.
—No sabía de su existencia, pero ya me explicarás donde se celebran ese tipo de eventos. Te veo muy puesta en el tema.
Morgan soltó una risa breve, carente de humor.
—Oh, Poppy, Poppy, Poppy… a mí no me hace falta utilizar esas artimañas. Mis seguidores son fieles y reales. Aunque claro, no hace falta que te lo diga, tú lo sabes bien. Llevas meses intentando captarlos.
Apreté la copa con fuerza, luchando por ocultar mis sentimientos y las ganas que tenía de abofetearla.
—No intento captar nada, mi querida Morgan. Yo juego en otra liga. Una donde mi contenido importa más que los filtros.
Mi contrincante ladeó la cabeza.
—Y, aun así, aquí estamos las dos, en el mismo lugar y rodeadas de las mismas personas. Qué curioso.
—¿Curioso? No lo creo. Algunas estamos aquí porque nos han invitado, mientras que otras necesitáis suplicar y arrastraros para ello. —Aproveché la información que mi representante me facilitó y se la estampé en la cara.
Morgan entrecerró los ojos, pero su sonrisa no se borró de sus labios. Era casi tan buena como yo, la muy lagarta.
—Siempre tan imaginativa, Poppy. Me encanta cómo deformas la realidad para volverla a tu favor. Debe ser un don.
—Y yo adoro cómo camuflas tu arrogancia con ese aire de falsa seguridad.
Un silencio tenso e incómodo se hizo entre nosotras. Por suerte, por el rabillo del ojo vi a Owen Roberts acercarse a mí con esa sonrisa seductora que poseía y que había hecho suspirar a millones de mujeres por las redes sociales.
—Si me disculpas —me despedí de Morgan—. Espero que disfrutes del resto de la fiesta.
Centré mi atención en el guapo rubio de ojos azules que venía hacia mí con paso decidido. Poseía una mandíbula cuadrada, unos hoyuelos de anuncio y un cuerpo de infarto bajo aquel traje de alta costura.
Era influencer de viajes y aventuras y poseía un ego del tamaño de Texas, aunque también un auténtico portento en la cama y era lo único que me importaba de él. Además, que nos relacionaran juntos hacía que tuviera a más gente enganchada a mis historias.
—Creía que era imposible que estuvieras más preciosa que la última vez que te vi, pero me equivoqué. —Silbó de modo admirativo y me cogió la mano—. Estás increíble.
—Tú tampoco te ves nada mal, amigo —repuse en tono coqueto.
—Somos los más guapos del evento sin lugar a dudas —se pavoneó, pegándose más a mi cuerpo—. Aunque no sabía si acercarme, te vi demasiado ocupada peleando con tu archienemiga.
—Solo conversábamos —mentí.
Owen rio.
—Yo converso así con las personas a quienes quiero dar un puñetazo en la cara.
Puse los ojos en blanco y sonreí.
—¿Y qué hay de ti? ¿Cómo ha ido tu viaje por Perú? ¿Has conocido a gente interesante?
—Nadie como tú.
Reí y me bebí la copa de un trago.
—Si sigues así, esta noche voy a hacer que seas inmensamente feliz.
Yo también lo era porque lo tenía todo: dinero, fama, repercusión, un amante espectacular…
¿Qué más podía pedir?