Amor en pole position (Dirty Air 3) 42. Elena
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42. Elena

Elena

Busco a Liam en los contactos de mi móvil y le llamo.

—Hola, ¿está Jax contigo?

—No, estoy con Sophie. Creía que estaba contigo.

Frunzo el ceño y vuelvo a mirar las habitaciones de la suite.

Desde que volvimos de Londres hemos estado compartiendo dormitorio.

Sus Dr. Martens están tiradas en una esquina al lado de mi par de tacones favorito, y tengo el maquillaje en la estantería del baño al lado de su maquinilla de afeitar.

No me habría imaginado jamás llegar a este nivel de domesticidad.

Nada, no está.

—No. No me coge el teléfono. Antes me ha escrito diciendo que iba a pasar el día contigo.

—Ya aparecerá. A lo mejor se ha ido a tomar algo con amigos después de los entrenamientos libres. Llama a Noah, a ver si sabe algo de él.

—Vale, gracias.

Después de colgar, tengo una conversación parecida con Noah, que está cenando con Maya y Santi. Mando mensajes a todas las personas que conozco que tienen trato con Jax, incluyendo a Connor, pero nadie tiene ni idea de dónde se encuentra.

Le escribo una vez más pidiéndole que me llame. Mi instinto me dice que algo no va bien, pero no consigo entender por qué. Para dejar de darle vueltas, me doy un largo baño de espuma, confiando en que eso me calme.

Me empieza a sonar el teléfono mientras estoy en la bañera. Salgo a toda prisa, salpicándolo todo de agua, cojo una toalla y me envuelvo con ella.

La pantalla del móvil brilla y leo en ella el nombre de Jax antes de contestar.

—Ey, ¿dónde te habías metido? Estaba preocupada, pensaba que había pasado algo —digo, soltando un suspiro de alivio.

—Lo siento. Mis padres han venido a verme por sorpresa y llevo todo el día con ellos. Perdón por no haber llamado antes. —Su voz suena rara, como forzada.

—Ah... —Me invade un sentimiento de decepción al ver que no me han invitado.

—Sí. Se están quedando en uno de los pisos de mi padre, así que voy a pasar la noche con ellos. ¿Te importa estar sola esta noche?

Se me escapa una sonrisa al ver que se preocupa por mí.

—Llevo veinticinco años viviendo sola, creo que puedo sobrevivir a una noche sin mi guardaespaldas personal. Además, tengo unas lámparas quitamiedos supermolonas y totalmente aptas para adultos que me regaló alguien.

Él no se ríe, y mi felicidad se ve remplazada de nuevo por inquietud.

—Quiero asegurarme de que vas a estar bien. Si no estoy ahí... —Se interrumpe y no continúa la frase.

—Es una noche, no te rayes tanto. Ya me lo compensarás mañana dándome mimos extra.

—Ya...

Sigo teniendo el presentimiento de que algo va mal, pero Jax no está por la labor de hablar. No quiero parecer una novia pesada cuando llevamos tan poco tiempo juntos.

—Pues supongo que te veo mañana en el circuito si hoy duermes con tus padres.

—Claro. —Suelta un suspiro de resignación.

—¿Va todo bien? —pregunto.

Tarda unos segundos en contestar.

—La verdad es que no, pero todo se arreglará.

—¿Quieres hablar de ello?

—No —contesta, y tras un breve silencio—: Lo siento.

No dice nada más.

—Bueno, te dejo para que puedas disfrutar del tiempo con tus padres —murmuro, intentando que no se me note en la voz el dolor que me hace sentir su frialdad.

—Cuídate. —Jax cuelga el teléfono, sin darme la oportunidad de preguntarle por qué me dice eso.

Después de ver un capítulo de una serie y de encender todas las lámparas quitamiedos, cierro los ojos y me quedo dormida.