Amor en Evermore & 39th (Rescatados por el amor: en la madurez nº 1)
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UNO
—Espera, repíteme eso. ¿El tipo que ganó una cita conmigo no ha respondido? —Cassidy Love había contratado recientemente a su asistente, Sara, para llevar sus cuentas de redes sociales. El concurso Gana una cita con Cassidy había terminado hacía tres días, y se enteraba ahora.
Por eso no había querido contratar a nadie para que publicara en sus cuentas y la ayudara con su agenda. Ceder el control era un asco. Cassidy controló su expresión y se mordió la lengua. Quizás había una buena razón para que se enterara justo ahora.
Cuando sus videos de YouTube «Cocinando con amor» la catapultaron al top diez mundial de influencers hacía un año, su vida se había llenado de solicitudes para aparecer en los programas matutinos nacionales, además de interminables entrevistas y promociones cruzadas. Ya no tenía tiempo para hacerlo todo. Y lo más triste era que esta sería su primera cita en meses, y ni siquiera era real.
—Sé que debería habértelo dicho antes, pero ¿quién no responde después de cinco mensajes directos? Sé dónde trabaja, así que mi siguiente paso iba a ser llamarlo, pero al ver su Instagram, no es un usuario muy activo. No sé ni por qué participó. Entonces, ¿quieres que elija a otro?
Cassidy se quitó la goma que le sujetaba el pelo largo. Se masajeó la cabeza y luego las sienes, y dejó escapar un largo suspiro. De verdad necesitaba un corte más corto. —No. Todavía tenemos dos días más. Déjame ver su cuenta —extendió la mano y admiró su manicura reciente. El esmalte azul cielo le había parecido buena elección en el salón, pero ahora, en su despacho de casa, ya no estaba tan segura. No es que importara, porque estaría arruinado en menos de un día. Gajes del oficio de chef.
Sara le entregó el móvil que Cass había comprado hacía poco para usarlo exclusivamente con sus redes sociales. Entrecerró los ojos ante la pantalla; la imagen estaba borrosa. Maldita vista. Buscó las gafas por el escritorio. Desde que había cumplido los treinta y cinco, la vista le había cambiado, y al final se había rendido y comprado unas gafas de lectura. Al menos la montura roja era mona.
¡Vaya! Y el tipo de las fotos también estaba muy bien. Guapísimo. En realidad, apuesto le quedaba mejor. Tenía el pelo oscuro y corto, con un toque de plata en las sienes. El de arriba era más largo, pero no demasiado, así que probablemente no llevaba moño. Mandíbula cincelada, cuerpo delgado pero musculoso, y los brazos... madre mía. Los bíceps y antebrazos bien definidos eran su perdición.
Le picaban los dedos por acariciar el mechón de pelo que le caía sobre la frente en la foto de perfil. Se le revolvió el estómago lentamente mientras observaba su sonrisa torcida, y la mirada de sus ojos insinuaba una personalidad divertida con un toque de sensualidad relajada.
Dios, lo que necesitaba era acostarse con alguien.
Siguió bajando, y solo encontró cinco fotos en total. La última, publicada hacía aproximadamente un mes. Miró su perfil para ver cuántos seguidores tenía. Más de cien mil, pero él solo seguía a veintisiete, incluida la página de Cocinando con amor. Raro.
—Está bueno, ¿eh? —Sara sonrió—. Lástima que no haya respondido.
El golpe inicial a su ego se desvaneció un poco. Las fotos que este tipo, Evan Slater, había publicado eran con amigos, o quizá familia. Volvió atrás y leyó los pies de foto de cada publicación y los comentarios. Una mezcla de ambos, sin duda. Todas las fotos estaban tomadas durante alguna actividad al aire libre. En ellas aparecía con un grupo de tíos en una barbacoa, en la playa del pueblo, y luego un par en el estadio de los Idaho Outlaws, viendo el partido desde las gradas. Ninguna podía describirse como un «selfie». Las había hecho otra persona. ¿Una novia, quizá? Pero eso habría ido contra las reglas del concurso. No se permitían parejas. El ganador tenía que estar soltero.
Entonces, ¿por qué la seguía Evan? ¿Y por qué no contestar a los mensajes directos?
—¿Ha comentado en alguna otra publicación mía aparte de la del concurso? —Cassidy mantuvo la mirada fija en el móvil que tenía en la mano. Los ojos oscuros de él la intrigaban. También le resultaba familiar, pero sabía que lo habría recordado si se hubieran conocido en persona.
Volvió a mirar arriba y leyó el encabezado del perfil: Béisbol, cerveza y aire libre.
Sara estaba ocupada mirando con ojos golosos las mini quiches de carbonara que Cassidy acababa de preparar. —No. Solo en esa. Raro, lo sé. Pero a lo mejor le pareciste guapa y decidió probar suerte para ganar una cita en el baile benéfico.
Cassidy solo había aceptado participar en la rifa del baile benéfico porque el dinero iría a The Children's Club, un centro local dedicado a jóvenes de familias con pocos recursos y en situación de desventaja. La gala anual de recaudación de fondos era en solo un par de días, y dada su historia y sus vínculos con el centro, había colaborado siempre que había podido.
El director, Rod Davis, se lo había pedido como favor personal y no había podido negarse. Los niños necesitaban de verdad programas nuevos que los mantuvieran ocupados después del colegio, y el edificio había necesitado muchas reparaciones en el sistema de calefacción y aire acondicionado ese último año.
—Sí, o a lo mejor se arrepintió de haber ganado por lo que costaba la cita. No pienso dejarlo escapar tan fácilmente. Me pasaré por su trabajo cuando terminemos de grabar el siguiente segmento —Cassidy echó un último vistazo a la foto de Evan y le devolvió el teléfono a Sara.
Mala suerte para Evan si pensaba que podía librarse de su compromiso. En lugar de disfrutar de una velada de buena comida y codearse con las celebridades que el evento atraía año tras año, se aseguraría de que Evan no solo pagara los 5000 dólares, sino que pasara la noche más desagradable e incómoda posible, sin comprometer sus principios, claro está.
Nadie la dejaba plantada a ella, ni a los niños, y se iba de rositas.