Extra
En Asgard
Odín, el dios de todos los dioses, se sienta en su trono, Hlidskjálf, desde el que puede observar los mundos y ver todo lo que se extiende ante él.
Tantas cosas podrían atraer su atención, avivar su curiosidad y, sin embargo, es Midgard —más exactamente, Estados Unidos— lo que le llama la atención desde hace muchos años. Está casi obsesionado.
A cientos de metros de allí, Thor, hijo de Odín, abre la puerta de Valaskjálf, una imponente casa solariega construida en la ladera de una montaña que pertenece a su padre.
Cruza varios pasillos plateados y desemboca en la sala del trono.
—¿Todavía estás contemplando a esos mortales, padre? —pregunta.
Odín no le hace ningún gesto de bienvenida a su hijo.
Sentado en el Hlidskjálf, es testigo de una escena que acapara toda su atención.
En Ann Arbor, en el corazón de una mansión en la que predomina el mármol, se desarrolla una pelea entre el jefe de una banda y su secuaz.
Este último reclama la ubicación de su amada, sin conseguirla.
—Son fascinantes —susurra Odín.
Thor, blandiendo Mjöllnir, su legendario martillo, lo lanza distraídamente por los aires y luego lo atrapa con habilidad. No entiende la obsesión de su padre por esos mortales, los Devil’s Sons. Lo que tomaba por una fase pasajera persiste a través de los años.
—¿Por qué no aceleras su final para conducirlos al Valhalla ahora mismo? —pregunta—. Es lo que deseas, ¿verdad? Tenerlos a nuestro lado en el Ragnarök.
Eso es lo que desea Odín, en efecto. Aunque los miembros de esa banda aún están vivos, sabe con certeza que cada uno de ellos irá al Val halla llegado el momento. Tienen su lugar allí. Y, gracias a su ayuda, los dioses podrán salvar los nueve mundos.
Odín, tras haber visto todo lo que necesitaba ver en Midgard, se levanta de su trono y estudia a su hijo con su único ojo.
—¿Me sugieres acortar la vida de un puñado de mortales, Thor? ¿No se supone que eres el máximo defensor de la humanidad y de su tierra?
—Lo soy, y lo seré hasta mi último aliento. Pero si consideráis que la presencia de los Devil’s Sons es esencial en nuestras filas, silenciaré mi conciencia.
Odín desliza los dedos entre los hilos plateados de su larga barba y se coloca frente a la gran abertura tallada en la pared a través de la que observa Asgard, su reino.
—Al final de un invierno de tres años comenzará el Ragnarök — dice—. Mira por ti mismo las verdes llanuras, siente el calor del sol sobre tu piel, escucha el canto de los pájaros que trae el viento. Todavía tenemos tiempo.
—¡Tenemos que entrenarlos, prepararlos para enfrentarse a nuestros enemigos, como a cualquier Einherjar!
—Créeme, hijo mío, los Devil’s Sons estarán listos cuando llegue el momento.
De repente, la mirada de Thor se ve atraída por un halcón que se posa no muy lejos, en la rama más alta de un árbol.
Lo reconoce como Loki, el dios de la malicia, capaz de cambiar de forma.
Consciente de los defectos y los impulsos del hermano de sangre de Odín, Thor considera que Loki no debe enterarse de la conversación que mantiene con su padre.
¿Quién sabe qué pasaría si tuviera esa información?
Sería muy probable que se la vendiera a sus enemigos acérrimos, los Jotnar, conocidos como los gigantes de hielo.
Así pues, levanta el brazo, apunta y lanza el Mjöllnir con toda su fuerza.
El martillo sale volando por los aires, atraviesa la abertura en forma de arco de la fachada y golpea al halcón.
Mientras el aturdido pájaro cae en picado y desaparece entre el follaje, el martillo regresa a la mano de quien lo lanzó.
Thor vuelve a centrar su atención en su padre.
—¿Qué hay de Jesse Mason?
—Cuando no ocupa mi trono, cumple con sus deberes en el Valhalla.
Desde su muerte, Jesse se ha pasado la mayor parte del tiempo sentado en el Hlidskjálf vigilando a los miembros de su familia. Esa fue la petición que le hizo a Odín en el mismo instante en que se encontró con él a las puertas del Valhalla.
—¿Y la chica de los ojos del Ragnarök? —pregunta Thor.
Un destello de fascinación ilumina las pupilas del dios de todos los dioses. Con paso lento, empieza a recorrer la sala, ya que prefiere moverse cuando cuenta una historia.
—Hace muchos años, una Norna le robó al Yggdrasil una preciosa esencia.
Se propuso la misión de ocultarla, fuera del alcance de cual quier persona malvada.
Así que se puso a buscar el receptáculo perfec to, que encontró en Midgard: un humano.
No obstante, este humano todavía aún no había visto la luz del sol.
La Norna designó entonces a un guardián, que resulta ser Carter Brown.
Ella le confió lo que había robado, a la espera de que algún día se lo transmitiera a quien se convertiría en su hija adoptiva.
Thor, que escucha esta historia por primera vez, no puede evitar sentirse molesto. No le gusta que lo mantengan en la ignorancia, pero su padre es un ser misterioso, que no desvela información crucial hasta el momento oportuno.
—Esa esencia… ¿Qué es?
—El corazón mismo de la profecía del Ragnarök: la chispa original, aquella a partir de la que comenzará el incendio que consumirá los nueve mundos. Avalone Arinson la posee, y cuando llegue el crepúsculo de los dioses, esa mujer tendrá el poder de controlar las llamas.
Normalmente Thor no teme a nada ni a nadie, pero palidece. La urgencia hace que le hierva la sangre y aprieta los dedos alrededor del corto mango de su martillo Mjöllnir, como cuando se prepara para enfrentarse a un enemigo.
—Padre… Si lo he entendido bien, esa humana es un arma mortalmente peligrosa. ¡Tiene que estar de nuestro lado! Así ganaremos la guerra. El Yggdrasil será libre. ¡ Nosotros seremos libres!
Thor, como sus congéneres, conoce la profecía del Ragnarök, que predice su desgracia durante la batalla final. Se había resignado, había aceptado su destino. Pero ahora tal vez haya esperanza.
—Eso es —confirma su padre.
—¿Qué esperas? ¡Llévala al Valhalla ahora mismo!
Una sonrisa compasiva se extiende por los labios de Odín. Junta las manos y observa a su hijo con la clara percepción de que no es lo bastante perspicaz para entender sus planes.
—Mantengo a esa chica con vida desde hace años gracias a mi magia. Tiene una enfermedad cardíaca que debería habérsela llevado hace mucho tiempo. ¿Por qué le doy energía divina? Porque es importante que conozca el amor, que es la única motivación por la que pelear.
—Padre, si nuestros enemigos descubren su existencia y se apoderan de Avalone… le lavarán el cerebro, y traerá sobre nosotros las llamas durante el Ragnarök.
Odín se ha mostrado razonablemente paciente. Que a su hijo le falte sabiduría para entender la situación es una cosa; que ponga en duda sus palabras es otra. A partir de este momento, no mostrará más tolerancia en este asunto.
—¡Suficiente! —exclama.
La ira del dios todopoderoso hace que los cimientos de su casa solariega se tambaleen.
El suelo tiembla bajo sus pies, al igual que todos los objetos de la estancia.
Los cuadros se descuelgan de las paredes y se rompen al caer al suelo, aparecen grietas en el techo y llueven algunos escombros de plata.
Thor teme el derrumbe. Así que, cuando estaba a punto de disculparse por haber sobrepasado los límites, su padre se traga su ira y todo a su alrededor se estabiliza.
Odín tiende su brazo hacia el Hlidskjálf e invita a su hijo a sentarse en él.
—Toma mi lugar. Siéntate y estate atento.
Su hijo no está en posición de negarse. Por tanto, obedece y se sienta en el trono. Con las manos posadas en los reposabrazos, inspira hondo y se abre al Yggdrasil. Entonces, el Árbol del Mundo le desvela sus secretos y Thor se vuelve omnisciente.
Una niebla opaca y espesa invade los recovecos de su mente, y después la chica de los ojos del Ragnarök aparece.
Advierte su belleza, nota la magia de su padre circular a través de cada mechón de su larga melena rubia.
Y, finalmente, se atreve a enfrentarse a su mirada.
Las llamas que le dan vida asustan a Thor.
Parecen como una pesadilla. Pero cuanto más la observa, más entiende que su alma calma la chispa destructiva que su cuerpo posee.
Tal vez sea una bendición, después de todo…
Thor está conmocionado por lo que presencia. Esta humana, a la que ve por primera vez, le resulta familiar y, seguramente por estar sentado en el trono, puede escuchar cómo su corazón late al ritmo de las leyendas nórdicas.
—Nuestros enemigos podrían atraparla, pero no conseguirán nada —dice Odín—. La chica de los ojos del Ragnarök sabe quién es y de qué lado debe estar.
—Es una apuesta arriesgada.
—Los Devil’s Sons creen en nosotros, Thor. Depende de nosotros creer en ellos…