Capítulo 31 #2
Sabe perfectamente cómo reacciono a estas cosas.
Sin poder evitarlo, desvío la mirada y él ríe.
—Y más cuando te sonrojas —destaca.
Flexiona los brazos y deposita un pequeño beso en mi boca.
—Tenemos que hablar de esto, nene. Tú te hiciste las pruebas para los campeonatos, ¿cierto? —pregunta con suavidad.
—¿De las ITS? —le respondo.
—Sí.
—Claro, y todo perfecto.
Él asiente.
—Yo no he estado con nadie desde que te conocí —confiesa—. Así que…
—Así que… ¿qué?
—Que puedes estar tranquilo conmigo —dice besándome el cuello.
Vuelve a erizárseme la piel y subo una mano hasta su nuca, incitándole a que siga.
—Ya lo estaba… —logro decir.
—En todos los sentidos… —susurra pegándome un pequeño mordisco.
—Joder…
Kilian cuela una mano bajo mi camiseta y me palpa lentamente los abdominales.
—Puedo… —empieza a preguntar cogiéndome la parte baja de la prenda—. ¿Puedo quitártela?
Pongo los ojos en blanco.
—Eres asquerosamente perfecto —le susurro incorporándome lo justo para quitarme la camiseta.
Porque en el fondo, aunque me muera por estar haciéndolo ya con él, este tipo de gestos me llenan el puto corazón. Nadie se toma el consentimiento en serio, y que él lo haga hace que quiera…
Hace que quiera muchas cosas de él.
Cuando me mira el cuerpo desde arriba, suspira en mis labios.
—Guíame, Jackson. Enséñame qué es lo que te gusta —me pide antes de besarme, y se me escapa un gruñido. Porque noto unos pinchazos en el pecho que no puedo controlar.
Dejo atrás los besos pequeños y saco poco a poco mi lado salvaje cuando inserto mi lengua en su boca. Él me recibe con ganas y hace lo mismo que yo: besarme como si fuéramos la única fuente de oxígeno del otro.
Le muerdo el labio inferior y él vuelve a suspirar, impacientándose.
Por esa razón, le empujo la nuca hacia abajo y echo la cabeza hacia atrás.
Él aprovecha para quitarse la camiseta rápidamente y me lame del cuello hasta los labios, atrapando mi lengua en su boca de nuevo.
Agarro con firmeza el pelo corto de su nuca entre los dedos y él me mira con la mirada ensombrecida.
—Pídelo.
—Baja —respondo, y él sonríe.
No despega su mirada de la mía mientras va depositando besos por mi clavícula.
Conforme llega a mis pectorales, se lame los dedos de la mano derecha y, cuando me muerde el pezón izquierdo y me pellizca el derecho, consigue que se me propaguen ondas de placer por todo el cuerpo, directas a mi erección, que palpita con cada mordisco suyo.
—Baja… —vuelvo a pedirle.
Estoy empezando a perder la paciencia. Quizá nunca la tuve. No con él.
Kilian desciende hasta la cintura del pantalón de chándal y me besa debajo del ombligo. Pasa la lengua por en medio de mis abdominales y gime antes de morderme en el costado.
Vuelve a mis labios con un sabor salado que proviene de mí.
Mi rabo vuelve a palpitar y choca con su entrepierna, la cual también está más que dura. Le muerdo el labio inferior.
—Baja, joder… —le pido al borde del colapso, y él me hace caso.
Veo la gran calavera tatuada que le cubre toda la espalda cuando desciende y me agarra la polla a través de la fina tela del pantalón. La acaricia y la aprieta a partes iguales, y consigue arrancarme varios gemidos antes de cumplir mis deseos y bajar el puto pantalón de una vez.
Mi polla me golpea el estómago con fuerza por lo dura que está. Él no pierde un segundo. Se escupe en la mano y me moja el rabo por completo, lubricándolo perfectamente, generando una deliciosa sensibilidad en la punta que hace que me retuerza en sus brazos.
Pero me oprime en la cintura con los antebrazos para que no me mueva.
Me mira desde detrás de la polla. Y sus ojos grises, sus facciones masculinas con mi rabo a menos de cinco centímetros de su boca, es algo que no voy a olvidar, no cuando esta vez deja caer saliva en mi miembro directamente desde su boca, ensalivándolo aún más mientras me masturba con ambas manos.
—Kilian, v-va… —jadeo.
—Déjame disfrutarte, joder —me pide antes de meterse mi polla en la boca.
Y no sé quién de los dos gime primero. Pero ambos lo hacemos.
La calidez de su boca me rodea toda la erección, que palpita dentro de su garganta, pero él no se atraganta y se la mete entera hasta la base.
Hago el amago de arquear la espalda, pero él me detiene poniéndome un brazo en el abdomen e inmovilizándome por completo.
La excitación se mezcla con una frustración que a su vez se convierte en un placer indescriptible.
Es oficial, Kilian Fierce la chupa como un puto Dios.
Como me ha pedido, guío sus movimientos con la mano para enseñarle cómo me gusta exactamente. Lento y profundo. Notando cómo se inserta cada centímetro en su garganta.
Cuando la saca al completo, respira exhausto y varios hilos de saliva siguen uniendo mi rabo y su boca, como si nunca tuvieran que haberse separado.
Tuerzo el gesto y hago el amago de incorporarme, pero no me lo permite.
—Aún no he terminado, Blake —dice advirtiéndome con la mirada.
Coge mis muslos y apoya mis rodillas en mi abdomen, dejándole vía libre para hacer justo lo que hace.
Empieza dando besos pequeños en mi entrada.
—Joder… —oigo que dice antes de emplear su lengua en mí.
Cada movimiento suyo arranca un jadeo del fondo de mi garganta.
Nunca nadie me había comido con tanta dedicación. Nunca antes…
Nunca antes me habían demostrado que me querían en el sexo.
Porque si alguien me preguntase si se puede hacer el amor y follar a la vez, tengo claro que nosotros estamos a punto de hacerlo.
Solo se oyen nuestros gemidos en todo el gimnasio mientras yo le cojo por la nuca para presionar sus labios contra mí y que llegue aún más profundo.
Me folla con la lengua, abriéndose paso en mi interior, lubricando y abriendo la zona a la vez.
Preparándome para él.
Kilian se separa para coger aire y me contempla. Su mirada tiene un brillo sensual mezclado con un deje de felicidad que se me contagia en forma de sonrisa.
—Bésame —le pido. Él se incorpora y cumple mi petición con un beso cálido, lento y profundo. Nuestras lenguas bailan mientras me percato, cuando me roza la pierna, de que su polla sigue dentro de sus pantalones.
Él también se da cuenta y se los quita al instante. Yo hago lo mismo, pero me dejo los calcetines.
—Bueno… —susurra Kilian volviendo a acostarse sobre mí. Noto toda su dureza rozando la mía—. ¿Estás listo para que te haga el amor? —pregunta acariciándome la mejilla.
Y con esa simple pregunta noto cómo las heridas se cierran un poquito más.
Porque cuando alguien que no ha conocido nunca el amor y el respeto se da con ellos de bruces, su vida da un giro de ciento ochenta grados.
Siento que he encontrado la respuesta que mi yo de dieciséis años se hacía mientras que Sylas lo maltrataba.
¿Es esto lo que se siente cuando te quieren de verdad?
Tomo aire y me concentro en Kilian. Y me emociono.
Porque está claro que yo también lo quiero con todo mi puto corazón.
Y no se lo digo de milagro.