28. He pasado el punto de no retorno y me parece estupendo
HE PASADO EL PUNTO DE NO RETORNO Y ME PARECE ESTUPENDO
Cal
Dejo el móvil y me froto la mandíbula. La barba incipiente me raspa la palma, áspera y familiar.
Joder.
Eso ha sido…
He tenido que recurrir incluso a mi último resquicio de fuerza de voluntad.
Le he dicho que espere. Que se tome su tiempo. Que no salte de una relación con Evan a una conmigo. A pesar de que todas y cada una de mis partes egoístas y posesivas se morían por decirle: «A la mierda todo. Ven a mí ahora mismo».
Izzy es mía.
Lo que pasa es que aún no se ha dado cuenta del todo. Y esa es la realidad que debo aceptar.
No quiero manipularla. No quiero que venga a mí por confusión o vulnerabilidad.
Quiero que venga a mí porque me quiere.
Porque sabe que es lo correcto.
Porque sabe que lo nuestro es inevitable.
Y, si eso significa que tengo que esperar un poco más, muy bien.
Me joderé y esperaré. De todas formas, jamás pensé que quisiera estar con otra mujer, así que ¿qué más me da esperar un poco más a la que está claro que siempre ha estado destinada a ser mía?
El aire fresco de mi apartamento me eriza la piel de los brazos.
Me paso una mano por la cara y exhalo con lentitud.
Sé que es mi tic nervioso. Es la razón por la que, seguramente, jamás podría lucir una buena barba.
Con la cantidad de veces que me paso la mano por la mandíbula, terminaría por borrármela.
Sigo estando muy tenso. Las sábanas me rozan la piel con demasiada aspereza, tengo los nervios hipersensibles. Porque, aunque me haya pasado una hora siendo el tipo racional y sensato que Izzy necesita en este momento…
Después de nuestra conversación me he estado acariciando la polla al son de sus gemidos, con el recuerdo de su voz resonándome en los oídos.
Le he susurrado cosas obscenas, le he contado un cuento para dormir, y se ha corrido en menos de cinco minutos y me ha envuelto en jadeos a través del teléfono.
Se está volviendo la hostia de atrevida.
Muy juguetona.
Y desinhibida.
La primera vez que me pidió un cuento para dormir, la noté indecisa, insegura, apenas la oía a través del teléfono.
Ahora…
Ahora los pide como si fueran su puto oxígeno. En un tono ansioso, casi exigente.
Y el que le he contado esta noche…
Ese se ha convertido en uno de sus favoritos.
He vuelto a llevarla a aquel bosque oscuro.
La he hecho correr entre los árboles, jadeante, y el cuerpo le hormigueaba de expectación. Le he descrito el crujido de las hojas bajo sus pies, el frescor del aire nocturno sobre su piel caliente, la luz de la luna proyectando sombras moteadas a través de las ramas.
Izzy sabía lo que le esperaba.
Que no iba a escapar.
Que iba a atraparla y poseerla.
Quería que la dominara, que la tirase al suelo, la pusiera a cuatro patas y me adueñase por completo de ella. Le he dicho qué sensación le provocaría el tacto del suelo del bosque en la palma de las manos, el olor a tierra y pino en los pulmones mientras la mantenía inmovilizada.
La he hecho suplicar.
Ha repetido con la voz entrecortada y aguda las palabras que yo le decía.
«Dilo», le he ordenado.
«Soy toda tuya», ha dicho entre gemidos.
Joder.
He tenido que morderme el labio con tanta fuerza que me he hecho sangre. El sabor metálico me ha llenado la boca.
Y cuando le he dicho que ya estaba lista para mi polla, que estaba chorreando e impaciente, ansiosa por que la llenara…
Lo ha repetido.
«Soy toda tuya —ha susurrado—. Estoy lista para tu polla».
Ese ha sido el momento en el que he estado a punto de perder el control.
Cambio de postura, me recoloco, pero ya tengo la polla dura otra vez. La tela de los calzoncillos me roza la piel sensible.
Porque ahora Izzy se corre la hostia de rápido.
Con mucha facilidad.
Esta noche ha terminado antes que yo.
Y mañana recibirá un regalito.
Una actualización especial de la versión prémium de la aplicación.
Sí, la versión prémium normal incluye la posibilidad de hacer videollamadas y un vibrador que se integra con la IA.
Pero la mía…
La mía es mejor.
Porque el vibrador que le he enviado se integra conmigo.
Con mi móvil.
Con el mando a distancia que he programado.
Lo cual significa que pronto, muy pronto, podré hacer que se meta esa cosa dentro…
Y seré yo quien tenga el control.
Yo decidiré cuándo empiezan y cuando terminan las vibraciones. Cuándo aumentan de intensidad.
Podré llevarla al puto límite, excitarla, hacer que se retuerza y me suplique. Me imagino la tensión de las suaves curvas, el tembleque de muslos y la espalda arqueada sobre el colchón mientras se rinde a las sensaciones que yo le provoque.
Me acaricio más rápido, conteniendo a duras penas el sonido de su nombre.
Mañana la tendré temblando debajo de mí, jadeando mientras se la meto más fuerte, más profundo, hasta que no pueda soportarlo, hasta que se derrumbe, tal como yo quiero.
La veré desmoronarse sabiendo que soy yo quien mueve los hilos. Tendrá las mejillas sonrojadas, la vista desenfocada, la boca abierta en el momento en que estalla por mí.
Aprieto los dientes cuando se acerca el culmen. Los músculos de los muslos se me tensan, tengo la columna rígida.
Y, cuando me corro, con la mano apretada y la respiración entrecortada, solo soy capaz de pensar en ella.
En sus pequeños gritos de placer.
En su cuerpo —en esas deliciosas curvas que tanto se esfuerza por ocultar— temblando mientras se entrega a mí.
Me muero de impaciencia por que llegue mañana.