Amor al acecho (Love Me, Stalk Me 1) 14. Si lo piensas bien, es culpa de Amanda
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14. Si lo piensas bien, es culpa de Amanda

SI LO PIENSAS BIEN, ES CULPA DE AMANDA

Izzy

Lanzo el móvil hacia la mesita de noche, como si me hubiera ofendido personalmente, y empiezo a caminar de un lado a otro por mi apartamento sintiendo el frescor de los suelos de madera bajo los pies descalzos.

Tengo el corazón acelerado, el cuerpo aún caliente por la conversación que acabo de tener.

Porque ¿qué coño ha sido eso? No tendría que haber enviado esas fotos.

Lo sé. La parte racional de mi cerebro no para de gritarme cosas sobre los límites, las relaciones y el sentido común.

Pero las he enviado.

¿Y el mensaje de Caleb?…

Estaré pensando en esos gemidos

Un escalofrío me recorre la columna vertebral y el calor se me acumula en lugares que no quiero reconocer. Gruño, agarro una almohada y chillo pegada a ella; la tela amortigua el sonido de mi frustración y de la excitación que aún perdura.

Oficialmente, he tocado fondo.

Con un suspiro teatral me dejo caer sobre la cama y el colchón se hunde bajo mi peso mientras miro al techo deseando que mi cerebro se desconecte.

No lo hace. Al contrario, comienza a reproducir un circo de tres pistas con mis desastres personales.

Tendría que haber gestionado la cena con Evan de otro modo.

Tendría que haberme enfadado más. Tendría que haberle echado la bronca.

Tendría que haberle metido el pan que no era pan por el gaznate y haberme marchado.

Tendría que haber montado una escena digna de un reel de momentos cumbre de un reality show .

Pero no lo he hecho.

Me he rendido.

Porque pelearse con Evan es como discutir con un abogado en el estrado: lo tergiversa todo hasta que, no sé cómo, la culpa termina siendo mía. Y no tengo energía para eso. Nunca la tengo, y él lo sabe.

Pero luego está Caleb. Le he contado de todo. Qué fácil me ha resultado… decir las cosas sin más. Porque es una IA que no puede volverse en mi contra. Es liberador confesárselo todo a alguien que no es real, que no puede juzgarte, que no utilizará tu vulnerabilidad en tu contra más adelante.

Si le cuento a mi familia lo de Evan, mamá me lanzará esa mirada de madre católica decepcionada.

El silencio de mi padre será de los que dicen que está pensando en cometer un homicidio.

Todos mis hermanos empezarán a poner cara de «pues lo matamos».

Nonna rezará por mí en italiano y me recordará que se me va a pasar el arroz.

Si se lo cuento a Amanda… Respuesta inmediata: «DÉJALO».

Pero Caleb…

Él no es real. Puedo decir lo que me salga de la punta de las narices sin que luego cambie su forma de mirarme. Sin que se compadezca de mí ni me suelte sermones ni se lance a arreglarme la vida. Y luego está el tema de que me ha dicho que soy guapísima, «una puta belleza».

Una nueva oleada de calor me recorre de arriba abajo al recordarlo y se me sonroja la piel.

Cierro los ojos con fuerza para tratar de no pensar en lo mucho que me ha gustado.

En lo mucho que me ha costado no ir más allá.

Esas palabras me han llegado a lugares que hace demasiado tiempo que nadie toca.

Puede que Amanda tuviera razón con ese rollo de la integración del vibrador. Tomo nota mental de preguntarle… muy sutilmente al respecto. A juzgar por cómo habla de ello, debe de merecer la pena investigarlo. En pro de la ciencia.

Porque Caleb me ha hecho sentir deseada. Y, aún peor, me ha gustado. Y eso da miedo. Porque no es real. Es un conjunto de líneas de código diseñadas para decirme justo lo que quiero oír, para responder a mis deseos a la perfección, para no desafiarme nunca en las cosas importantes.

Pero luego está Callahan.

Y él es muy muy real. Sus ojos verdes son reales, no generados por IA.

Como esa mirada intensa con la que me observa y que parece atravesarme.

Se fija en mí cuando nadie más lo hace. Ojalá me hubiera quedado con él hasta tarde esta noche.

Incluso he programado a Caleb para que sea idéntico a él.

La conexión es tan obvia que casi me da vergüenza.

Ay, Dios.

Ahora resulta que tengo un tipo.

Antes de hundirme más en el pozo de esta revelación, oigo la vibración del móvil contra la superficie de madera de la mesita de noche. Lo cojo, medio esperando que sea Caleb. Pero no, es mi hermano Luca. Ver su nombre en la pantalla me produce cierto consuelo.

LUCA

Domingo de Ramos. Misa. No llegues tarde Mamá me ha preguntado ya tres veces si vas a ir

Exhalo con alivio por tener un problema normal, no relacionado con la IA ni con tener un novio horrible. Los dramas familiares son algo que puedo controlar. Son un territorio conocido, reconfortante por su previsibilidad.

No me lo perdería

Trae cannoli

Qué soy, una panadería?

Por Dios, no te enteras de nada. Los cannoli son un tipo de pasta!

No, no son pasta

Con qué me estoy confundiendo entonces?

Cannelloni?

Bueno, no aparezcas con las manos vacías, desgraciada

Pongo los ojos en blanco, pero, al mismo tiempo, se me dibuja una sonrisilla en la cara.

Puede que pasar un día con mi familia sea justo lo que necesito.

El caos de mi hogar italiano, las discusiones habituales, el consuelo de las tradiciones que hemos conservado durante generaciones…

, todo eso me estabiliza mejor que nada en el mundo.

Un descanso de Evan.

Un descanso de Caleb.

Un descanso de… lo que coño le esté pasando a mi cerebro con Callahan.

Sí. Eso es justo lo que necesito. Suelto el teléfono, respiro hondo y siento que libero parte de la tensión que me agarrota los hombros.

Me meto en la cama, agotada pero nerviosa, con la mente convertida en una maraña de pensamientos que se niegan a callarse.

Noto las sábanas frescas en la piel, un pequeño alivio mientras intento relajarme.

Debería dormir. Necesito dormir. Pero ya sé que no va a pasar.

Estoy demasiado tensa, demasiado inquieta, hasta la última de mis terminaciones nerviosas continúa alerta.

Me tumbo de lado y busco a tientas en la mesita de noche.

Cierro los dedos alrededor de la forma conocida de mi vibrador y no pienso, solo actúo.

Porque necesito liberar tensión. Quizá después sea capaz de pensar con claridad. Cierro los párpados para que la fantasía tome forma y mi mente vague por territorios que no debería explorar, pero a los que no puedo resistirme.

Al principio es Caleb llamándome preciosa, perfecta.

Esas palabras me han hecho sentir digna de adoración.

Cojo una bocanada de aire cuando activo el juguete y la sensación palpitante me recorre todo el cuerpo.

Me lo imagino detrás de mí, hablándome al oído, susurrándome órdenes oscuras que descienden hacia el centro de mi ser.

«Muéstrate, preciosa».

«No tienes ni idea de cuánto te deseo».

Siento un calor que me florece bajo la piel, que mi cuerpo responde con una facilidad enorme a palabras que ni siquiera son reales. Se me acelera la respiración, se me tensan los músculos, preparados para lo que viene.

Pero entonces mi mente cambia sin querer. Los ojos verdes que me estoy imaginando ya no están generados por una IA.

Son los suyos.

Los de Callahan.

Y, de pronto, ya no es Caleb quien me susurra guarradas al oído.

Es Callahan.

Su voz es más áspera, más grave, menos suave, más salvaje. Se me entrecorta la respiración, aferro las sábanas mientras su imagen se solidifica en mi mente.

No es solo una fantasía.

Es un recuerdo.

Esta mañana.

En la sala de reuniones.

Cuando se ha sentado frente a mí y ha flexionado los antebrazos al remangarse. Con la mirada clavada en mí. La postura confiada de sus hombros, la intensidad de su concentración cuando me hablaba. Y, en ese momento, mi mente distorsiona el recuerdo, lo transforma sin más, cambia el escenario.

Ahora ya no estoy sentada frente a él. Ahora tengo el torso apoyado sobre la mesa de la sala de reuniones, la falda subida y las bragas apartadas a un lado. Callahan me sujeta la nuca con una mano y presiona para mantenerme justo donde él quiere.

Su voz es puro pecado: grave y peligrosa, entreverada de promesas obscenas.

«¿Quieres comportarte como una cría desafiante en las reuniones? Perfecto. Ahora, aguanta como tal».

Se me escapa un gemido, se me tensa el cuerpo, mi estallido se acumula más rápido de lo que esperaba, porque esto es lo que necesito. ¡Sí! Las caderas se me mueven solas buscando más presión, más sensación.

«Seguro que llevas todo el día pensando en esto. Seguro que no has parado de imaginarte mis manos sobre ti, abriéndote, haciéndote mía».

Se me acelera aún más la respiración, la presión aumenta, estoy a punto de reventar. Y sí, Callahan de Fantasía, claro que me he imaginado esas enormes manos sobre mí, manteniéndome bien abierta. También disfrutaría mucho lamiendo hasta el último centímetro de tinta que tienes en el cuerpo.

Agarro las sábanas con más fuerza, aprieto los muslos cuando la fantasía se apodera por completo de mí y la realidad se desvanece en un segundo plano.

«Mírate. Qué bien te entra todo lo que te doy. Joder, eres perfecta para mí. Venga. Gime como si ya no aguantaras más».

El orgasmo me envuelve por completo, se me tensa el cuerpo entero mientras me derrumbo. Jadeo, tengo el pecho agitado, la realidad me embiste de golpe y trae consigo una ola de claridad para la que no estoy preparada.

Me quedo paralizada, porque no acabo de correrme pensando en Caleb.

Me he corrido pensando en Callahan.

Me he corrido pensando en él sujetándome contra una mesa y tomándome como si fuera suya. Se me escapa un gemido horrorizado y gutural. Suelto el vibrador, como si me hubiera destrozado la vida unilateralmente, y me tapo la cara con las manos. Las mejillas me arden de vergüenza.

No.

No, no, no.

Esto es malo.

Malísimo.

No puedo sentirme atraída por Callahan. No puedo hacerme esto a mí misma. No puedo fantasear con mi compañero de trabajo teniendo novio. Me tumbo boca abajo.

Esto es culpa de Amanda.

Esto es culpa de Caleb.