Epílogo
— E sto no me gusta —dijo León hoscamente, mirando entre Matt y Maddie con los ojos entrecerrados—. ¿Hoy es el día de Trae a tu novia al bar ? Si lo hubiera sabido, habría traído a la camarera de ayer.
—A partir de ahora puedes traer a quien quieras —dijo Lucy a la ligera—, si es que eres capaz de decirme el nombre de la camarera de ayer.
El chico abrió la boca, ladeó la cabeza pensativo… y luego hizo una mueca.
—¡Este juego no me gusta!
—La placa con el nombre —Maddie oyó murmurar a Matt—. Solo tienes que mirar la placa con el nombre a la mañana siguiente.
Maddie lo miró con incredulidad.
—¿Hola? ¿Puedes dejar de darle consejos sobre cómo ser un idiota aún más grande?
—Fue idea tuya en aquel entonces —se defendió él, con una mirada tan dulce y terriblemente perpleja que Maddie no pudo enfadarse.
Resultaba molesto a veces porque, desde que se había acostumbrado a discutir más, Matt siempre encontraba la manera de distraerla de su enfado y dejarla sin munición. ¿Cómo iba a aprender así?
—Sé que fue idea mía —dijo ella en voz alta—, pero León no es como tú. Rompe corazones más a menudo de lo que Jack rompe su celibato autoimpuesto.
—Mucho más —confirmó León con seriedad.
Jack resopló.
—¡No es celibato!
—En mi mente, llevas un cinturón de castidad —aseguró Maddie con inocencia.
Por el rabillo del ojo, vio a Matt sonreír de oreja a oreja y este le pasó un brazo por los hombros.
—Ahora está en la mente de todos. Gracias, Maddie.
—Eh, paren ya. Jack no tiene obligación de acostarse con nadie —intervino Fox. El capitán del equipo debía de ser el hijo mediano, por la forma en que actuaba constantemente como mediador entre los jugadores.
—Gracias —dijo Jack, levantando su vaso para brindar por él—. Y no me gusta que «ir de flor en flor» parezca ser la identidad de todo jugador de hockey ahora. —Entornó los ojos hacia León—. Sabes, a veces vale la pena controlarse un poco y no ser un imbécil.
León gimió con fuerza.
—El Santo ha hablado. ¿Dónde están las fanfarrias y quién reparte hoy las aureolas?
Maddie se limitó a sonreír. Jack era de verdad un hombre increíblemente amable y guapo, definitivamente más apto para el amor eterno que para un lío pasajero.
Siempre parecía controlado y sereno. Nunca lo había visto enfadado, y sus pómulos quedarían bien en cualquier foto.
Si le dieran un empujoncito y se apuntara a Match Me! …
—Para ya —le susurró Matt al oído.
Ella se sobresaltó.
—¿Qué?
—Deja de mirar a mis compañeros como si estuvieras planeando su boda de Disney.
Se puso colorada.
—No es cierto —se apresuró a mentir—. Jack West es un hombre muy guapo. Tengo derecho a mirar.
Matt le lanzó una mirada sombría.
Ella sonrió y le acarició la mejilla.
—Nunca le pediría a él que me subiera trastos viejos al apartamento. Solo tú puedes hacer eso.
Su novio gruñó insatisfecho.
—Bueno, ¿podemos hablar por fin de por qué estamos todos aquí? —preguntó León, mirando a Lucy con fijeza—. Suéltalo ya, James.
Oh, allá vamos de nuevo. Su hermana no tenía un trabajo nada fácil.
—No —respondió ella con simpleza.
—Luuucy… —dijo Matt despacio y bebió un sorbo de cerveza—. ¡Nos enteraremos de todas formas en unas semanas! Cuéntanos.
—No —replicó ella, encogiéndose de hombros a modo de disculpa, y luego le susurró a Maddie—: Estos jugadores de hockey son peores que cualquier columnista de cotilleos. ¿En qué estábamos pensando al liarnos con ellos?
—Están muy buenos —le recordó Maddie solemne.
—Ah, sí. Es verdad. Se me olvidaba.
—¡Me debes el decírmelo! —dijo León en tono de advertencia, mientras alguien ponía Heard it through the Grapevine de Marvin Gaye en los altavoces. Qué apropiado.
—¿Por qué exactamente? —preguntó Lucy con un resoplido.
—Porque en su día nunca me diste una oportunidad; te lanzaste directo a la cama con Dax —se quejó el joven jugador, agitando su bebida con una pajita.
Maddie se rio.
—¿Crees que todas las mujeres te deben una oportunidad?
—Sí —respondió este tajante—. Contigo también estoy enfadado.
Su risa se hizo más fuerte.
—Eso no es cierto —objetó Dax—. Hizo falta algo de persuasión para que se viniera a la cama conmigo, León. No se lanzó directa a ella.
—¡Dax! —respondió Lucy, escandalizada.
—¿Qué? Es la verdad.
—¡Dios mío! —gimió esta—. Déjenme en paz, ¿quieren? ¡No puedo decir nada, ni lo diré, sobre a quién le deja Clark el equipo! Seguramente habrá una rueda de prensa en unas semanas.
—Oh, es para su hijo —afirmó Matt con seguridad, agitando la mano. Llevaba diciendo eso las últimas noches—. Es obvio, es su hijo. Está en el edificio todo el tiempo.
—No lo sé —terció Fox—. He oído que su hija es una auténtica genio. Tiene un montón de títulos universitarios.
—Pues yo he oído que su hija está loca —objetó León.
Jack resopló.
—¿Y de dónde sacaste eso?
—De una empresa seria llamada internet —respondió a la ligera—.
La busqué en Google y la han arrestado un par de veces por rescatar animales de laboratorios.
Y ahora mismo está en Brasil o por ahí abajo, haciendo algo en la selva.
No creo que pudiera dirigir un equipo de hockey.
Sería una locura darle el equipo. Y el viejo Clark no está loco.
Maddie bajó la mirada. Pues sí lo estaba; Lucy se lo había contado. Sabía cuál era su plan y… los próximos días serían estresantes para Matt. Para Lucy. Para todo el equipo. Pero sobre todo, para los hijos de Clark.
—Madre mía —murmuró Jack, frotándose las cejas—. Pues espero que sea el hijo.
Dax soltó una carcajada divertida.
—Claro, al señor Control le aterra la locura.
Todos se rieron y le lanzaron miradas divertidas. Todos excepto Matt, quien, para disgusto de Maddie, examinó su expresión con los ojos entrecerrados.
—Maddie, ¿por qué pones esa cara tan rara?
—Tengo cara normal —respondió de tirón y apartó el rostro.
—¡Mierda! Sabes algo.
Ella abrió mucho los ojos con inocencia.
—¿Yo? ¡No! ¿Cómo?
—¡Lo sabes! —se unió Dax, mirando a Lucy con incredulidad—. ¿Se lo contaste a tu hermana, pero no a tu novio?
—¡Ella no está en el equipo! Y sabe mantener la boca cerrada —objetó ella, defendiéndose a capa y espada.
Maddie asintió con firmeza.
—Exacto.
—¡Ah, venga ya! —exclamó León mientras Matt se inclinaba casi imperceptiblemente hacia ella.
—A mí me lo puedes decir, ¿verdad? —le susurró al oído.
Ella lo miró con aire de disculpa.
—No.
—¡Pero si soy el hombre de tus sueños! —replicó incrédulo—. Debería tener privilegios especiales.
—Lucy, solo dínoslo —lo ignoró León, con una voz tan fuerte que todos se sobresaltaron.
—Bien, tú y yo vamos a ir a la barra a tener una charla seria sobre el volumen aceptable para hablarle a una dama —dijo Fox con un suspiro y se levantó de golpe.
—¡No eres mi padre, Fox! —objetó León, poniendo los ojos en blanco.
—No, pero podría llamar a tu madre —replicó este sin inmutarse.
El defensa se puso de pie de inmediato.
—¡Una copa en la barra suena de lujo!
Riendo, los vieron alejarse. Tan pronto como estuvieron fuera del alcance del oído, Dax empezó:
—Bien, ahora que estamos solos…
Lucy lo mandó callar con un giro de ojos.
Mmm, interesante. Se preguntó si también podría hacer eso con Matt.
—Está bien, está bien —dijo el moreno, molesto—. No nos lo digas. Hablemos de Navidad en su lugar. Entonces, ¿deberíamos celebrarlo todos juntos?
Todos estuvieron de acuerdo; solo Jack permaneció en silencio. Su mirada estaba fija en su cerveza sin alcohol.
—¿Jack? —preguntó Dax.
Su hermano soltó un profundo suspiro.
—No puedo. Estaré en Nueva York, por desgracia. Cuando me traspasaron hace unos meses, se olvidaron de unos papeles que hay que arreglar.
—¿Qué? —Dax lo miró con la boca abierta—. Esta iba a ser nuestra primera Navidad juntos en una maldita década.
Jack asintió.
—Lo sé —dijo, con un cansancio extraño en la voz—. Lo siento de veras. No puedo… posponerlo.
Dax suspiró y le restó importancia con un gesto.
—Bueno, lo que sea —dijo con brusquedad—. ¿Vendrán todos los demás?
Ellos asintieron, y Maddie sintió que Matt le besaba la sien con suavidad.
—Ya tengo un regalo —le susurró él al oído.
Ella lo miró interesada.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Podrían ser vales de Hoy lavo yo la ropa ?
—No seas tonta.
Ella sonrió.
—¿Unas esposas nuevas?
—¿Acaso necesitamos más de tres pares?
—Hm… ¿Vas a hacer otra entrevista con ESPN por mí, explicando que no fue poco ético por mi parte ligarme contigo, ya que yo también tengo un perfil en Match Me! ? ¿Para que por fin nos dejen en paz y dejen de llamarme a todas horas?
—Olvídalo. Tu negocio va mejor que nunca gracias a nuestro pequeño escándalo. Y ESPN se calmará por sí sola con el tiempo.
—Entonces… ¿un poni?
Matt frunció el ceño.
—¿Te gustaría uno?
—No. Entonces, ¿qué es?
—No te lo voy a decir —dijo él, indignado—. Es una sorpresa.
Ella sonrió y lo besó con ternura.
—Bien. Estoy deseando verlo.
De todas formas, había encontrado el anillo hacía unos días…
FIN