Capítulo 14 #2
—Devuélvela.
—No.
—Vas a tener que tragártelas a la fuerza.
—¿O te la comerás tú? —preguntó esperanzada.
—¡No! Llama al camarero y dile: «Perdone, pedí la ensalada sin aceitunas».
Sus mejillas se volvieron del color de un camión de bomberos tímido mientras miraba nerviosa a sus dos citas, que los observaban con curiosidad.
—Matt, no quiero llamar la atención y… discutir con el camarero en un restaurante tan elegante.
Él suspiró.
—Ya hemos pasado por esto. No es una «discusión» cuando le dices al camarero que se equivocó.
—Es un enfrentamiento más de los que estoy dispuesta a tener —siseó ella.
Oh, Dios, esa chica y su miedo constante al conflicto.
—Maddie, esta ensalada cabe en mi mano y solo cuesta quince dólares; no pasa nada por devolverla cuando no te trajeron lo que pediste.
—Déjalo ya, Matt —respondió con brusquedad, lanzándole una mirada fulminante antes de volverse hacia Alfie McPlasta y preguntarle en voz alta—: Alfie, cuéntame algo sobre ti. Tu perfil dice que te gusta el senderismo. ¿Cuál ha sido tu ruta más reciente?
McPringue aprovechó la pregunta de inmediato y, con el pecho inflado, relató que pasó dos semanas haciendo senderismo por los valles del Gran Cañón y todas las demás cosas increíbles que logró.
No dejaba de mirar a Matt como para asegurarse de que lo estaba escuchando y apreciaba sus asombrosas historias.
—Creo que Alfie quiere acostarse contigo, no con Maddie —murmuró Christina, totalmente en serio.
Matt sonrió. Tenía gracia.
—En mi cama no cabe su ego —respondió con calma.
La chica resopló y dijo algo a lo que se limitó a asentir.
En serio, ¿en qué estaba pensando Maddie al salir con semejante idiota engominado?
Quizá su adorado cuestionario no era tan bueno como decían.
Aunque Christina parecía agradable. Daba gusto hablar con ella.
No parecía excesivamente impresionada por él.
Tenía unos ojos inteligentes, una cara bonita y, como era obvio, sentido del humor.
Y, aun así, por alguna razón, no sentía ningún deseo de acostarse con ella.
Claro, no tenía por qué hacerlo; al fin y al cabo, era la primera cita. Pero pensar en «sexo» y en «tener que intentarlo» en la misma frase no parecía el mejor comienzo.
Maddie cambió de postura de modo que su pierna rozó la de él. Se le erizaron los vellos de la nuca y pequeños impulsos eléctricos bailaron sobre el lugar donde ella lo tocaba.
Joder. Estaba en un aprieto.
¿Por qué no se le pasaba esa sensación? Fue sincero y hablaron de ello. Y hacía tiempo que decidió que sería una estupidez empezar algo con ella.
Se recompuso y miró a Christina, que observaba un punto por encima de su hombro.
—Creo que te buscan a ti —murmuró.
—¿Qué? —Se dio la vuelta y vio a dos hombres de traje que se dirigían directo hacia él con los mismos ojos enormes y llenos de asombro que Ronald McDonald.
—¡Viejo, de verdad es él! —exclamó el más alto de los dos y le dio una palmada en el hombro a su amigo—. Y tú no me creías. —Sin embargo, aunque el hombre parecía rebosar confianza, volvió a preguntar cuando llegaron a la mesa—: Perdone, pero ¿es usted Matthew Payne?
Matt ni siquiera tuvo oportunidad de abrir la boca.
—¡Sí, lo es! —respondió Alfie con entusiasmo—. Es incluso mucho más alto en persona que en la tele, ¿verdad? ¡Y tiene un pelo fantástico!
—¡Sí, totalmente! —coincidió el más bajo de los hombres, el que no había creído a su amigo.
—¡Somos grandes fans! —dijo el más alto, como si no hubiera quedado claro.
Matt sonrió por compromiso.
—Me alegra oírlo. Los Hawks siempre agradecen el apoyo. —Bien, Lucy se habría sentido muy orgullosa de esa respuesta. Tendría que pedirle a Maddie que se lo contara.
—¡El partido contra los Kings en Las Vegas fue increíble! —dijo uno de los dos, inclinándose hacia delante de modo que su cara quedó más cerca de la de Matt de lo que a este le gustaba—. Tus goles…
—Gracias. —El otro abrió la boca, seguramente para deshacerse en más elogios.
Matt agradecía que tanta gente amara el juego y animara a los Hawks, pero a veces solo quería que lo dejaran en paz.
Al fin y al cabo, estaba en una cita, y si no los frenaba, se quedarían allí media hora—.
Miren, les agradezco mucho su apoyo —declaró con naturalidad—.
Me encanta conocer a todos los fans y podría hablar con ustedes de hockey durante horas.
Pero, ahora mismo, estoy disfrutando de una cena privada.
¿Les importa si lo posponemos? Cuando termine de comer, estaré encantando de acercarme, hacerme unas fotos con ustedes y firmar autógrafos si quieren.
Los dos hombres intercambiaron una mirada vacilante y parecieron llegar a la misma conclusión.
—¿Podríamos hacernos las fotos ahora? Si no, luego solo te marcharás.
—Prometo que me acercaré.
—Ya, no… —dijo el más bajo—. ¿Solo unas? No se tardará nada.
—Estaré encantado de hacerme las fotos cuando haya terminado de comer —repitió él, esta vez con un poco más de firmeza.
—Ya lo escucharon, chicos —dijo Maddie en tono amable, pero con una cierta dureza en la voz que Matt no reconoció—. Vuelvan a sus asientos.
El más alto de los dos resopló, pero se dieron media vuelta. Sin embargo, no bajaron la voz.
—Sabía que Payne es un imbécil arrogante. Ni siquiera tiene unos minutos para sus fans.
—Sí —asintió el otro—. Y los goles de Las Vegas tampoco fueron para tanto. El tipo simplemente tiene mucha suerte en el hielo. El delantero más sobrevalorado de toda la NHL.
Vaya.