Amistad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 2) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

—Muy bien, todo el mundo, regístrense y podremos poner a prueba su compatibilidad —gritó con fuerza y se abrió paso entre la multitud—. No duden en tomar un folleto de mi colega, Hailey. No olviden el descuento. Lamentablemente, el señor Payne y yo todavía tenemos algunas cosas que discutir.

Sonrió de forma amable a las mujeres, que pusieron cara de decepción, y luego agarró a Matt por brazo y tiró de él hacia la oficina.

—¿Señor Payne? —le murmuró él al oído.

Un escalofrío le recorrió la nuca. ¿Hacía viento?

—Sí. Se llama ser profesional.

Él se rio mientras entraban y ella cerraba la puerta con cuidado.

—Evidentemente. Pero de acuerdo. ¿qué quieres que discutamos?

Ella levantó la vista, sorprendida.

—Nada. Quería salvarte de ellas.

—Ah, ¿de todas esas mujeres guapas y dispuestas? —preguntó, sonriendo—. Sí, gracias. Muy amable por tu parte.

—¿O sea que no hablabas en serio? —El nudo que se le había ido formando en el corazón durante los últimos diez minutos aflojó un poco su presión. ¿Por qué se sentía tan aliviada?

—¿En serio sobre qué?

—Bueno, sobre lo de que estás listo para una relación de verdad. Cansado de las citas —soltó un suspiro—. Sé que solo era una actuación, pero casi me engañas. —Se rio.

—Hm —refunfuñó Matt, frunciendo el entrecejo. La risa de ella se desvaneció de inmediato.

—¿Cómo que hm?

Su amigo se encogió de hombros.

—Sé que estábamos fingiendo y todo eso, pero creo que había algo de verdad en ello.

En que estoy cansado de las citas. —Levantó las cejas como si a él mismo le sorprendiera—.

Me sentí fatal cuando no pude recordar el nombre de Jennifer.

Como si ya no fuera yo mismo. Me sentí un completo idiota. Como Dax, quizás.

Maddie no pudo evitar reírse, aunque sus palabras le oprimieron la garganta.

—No eres tan malo como solía ser Dax.

—¡Ya, pero es que no quiero ser así en absoluto! —Se frotó la cara—. Soy un buen tipo. Obviamente, me encanta el sexo, pero no puede serlo todo, ¿no? Así que, eso. —Cuadró los hombros y la miró a la cara—. Así que búscame una pareja.

Ella se rio de nuevo. Esta vez con nerviosismo.

—Pero… —Hizo una pausa—. No pensé que quisieras algo serio. O niños. O matrimonio.

El entrecejo de Matt se frunció, irritado.

—¿Qué te hizo pensar eso?

¿Hola? ¡Había dicho «¡Madre mía!» cuando ella le contó por primera vez que justo tenía esos planes!

—Lo supuse —dijo, desviando la mirada.

—Bueno, obviamente, en los últimos años he preferido algo más informal. Pero nunca lo descarté. Sé que para mí es más difícil que para otros. No he sido capaz de mantener relaciones durante mucho tiempo. Ya sean amistades o cualquier otra cosa.

Ella lo miró parpadeando, desconcertada. ¿Nunca lo había descartado? ¿Por qué demonios no lo sabía? ¿Y qué tipo de relaciones no había podido mantener durante mucho tiempo?

—Bien —murmuró, sonriendo y alisándose el vestido—. Entonces… de acuerdo. Tú… bueno, si quieres, ya puedes irte.

—Ah, no lo sé. —Miró hacia fuera—. También podría ir a charlar un poco.

—¡No! —soltó de repente.

Él la miró con las cejas levantadas.

—¿Qué?

Ay, Dios.

—Solo digo que sería una pérdida de tiempo porque ninguna de esas mujeres es adecuada para ti.

—Ah, ¿sí?

—¡Sí!

Él esbozó una media sonrisa.

—Ni siquiera has hablado de forma adecuada con ellas.

—No me hace falta. Yo… no me gusta la forma en que acuden a ti como polillas a la luz. Quieres algo normal, ¿no? Pues eso no es normal.

—Ah —asintió—. Hay parte de razón en eso. Bueno, pues tengo curiosidad por ver a quién eliges para mi cita.

Maddie tragó saliva y asintió.

—Sí, puede que me lleve un tiempo. Así que… ¿de verdad quieres tener una cita real ? Es mucho trabajo para mí y…

Matt resopló divertido.

—¡Fue idea tuya!

—Lo sé.

—Lo hago por ti.

—¡Lo sé!

—¿Entonces cuál coño es el problema?

—No lo sé —se le quebró la voz y se quedó mirando las puntas de sus pies.

Se aclaró la garganta, luego sacudió la cabeza y levantó la vista sonriendo—.

¡Quiero decir que no tengo ninguno! Obviamente, tendrás tu cita.

Perdona, hoy ha sido un día un poco intenso para mí.

Las cámaras y todo eso. No estoy acostumbrada.

Matt la miró entrecerrando los ojos.

—Ya veo. ¿Eso es todo? ¿He dicho algo inapropiado durante la entrevista?

No. Había dicho exactamente lo correcto. Y eso era lo malo.

—No, ha estado bien. —Intentó que su voz sonara normal y alegre de nuevo—. Haz lo que quieras, Matt. Adelante, ve a hablar con las mujeres de afuera. O vete a casa.

—Bueno, de todas formas, tengo que ir a entrenar.

Solo me dieron permiso para esto —murmuró, mirando por la ventana de la oficina donde Lucy estaba dando golpecitos significativos en su muñeca—.

¿La entrevista fue tal cual todo lo que esperabas?

¿Te sirvió de algo? —Parecía casi inseguro ahora y a ella se le encogió el corazón, dándole un vuelco extraño que no comprendió en absoluto.

—Fue maravillosa —susurró—. De verdad. Gracias, Matt. Te debo una.

Él le dedicó una sonrisa cálida.

—Tonterías. Cocíname otra vez y quedamos en paz. Tu comida está para morirse.

Maddie se rio cuando él salió de la oficina y pudo volver a respirar un poco más tranquila. Lo observó marcharse con la mano apretada contra el pecho, sintiendo los latidos de su corazón.

¿Qué le pasaba?