Amistad, Amor y Hockey (Amor y Hockey 2) Capítulo 4 #3
23%

Capítulo 4 #3

Dax, que estaba sentado en el banco junto a él, atándose los patines, levantó la cabeza.

—Ah, eso me lo tienes que agradecer a mí. Maddie se lo contó a Lucy, Lucy me lo contó a mí, y yo se lo he contado a casi todo el mundo.

Matt lo miró sombrío.

—Pues muchas gracias.

—De nada —dijo Dax, sonriendo—. Pensé que sería un gran entretenimiento. De momento, no me equivoco.

—Entonces, ¿está buena? ¿La he visto antes? —preguntó León. El joven defensa era conocido por sus precisos codazos y su falta de sensibilidad.

—No importa si está buena —respondió Matt enfadado.

—Siempre importa si está buena —lo contradijo León de inmediato—. Que digas eso significa que es fea.

—Maddie no es fea. —Dax chasqueó la lengua—. Es guapa. De una forma discreta.

Matt parpadeó. ¿Discreta? ¿Maddie? ¿Es que Dax no tenía ojos en la cara?

En fin, ¡esa no era la cuestión! Tenía que concentrarse en lo importante.

—Dejen de darle bola al asunto —dijo, molesto—. Todo esto es increíblemente irrelevante. Solo somos amigos. Nosotros… no nos vemos de esa manera. Necesitaba ayuda. Eso es todo.

León le dedicó un gesto grosero.

—No puedes ser solo amigo de las mujeres.

—¡Claro que se puede!

—No, no se puede. No si están solteras —insistió León.

—Yo creo que es posible —dijo Jack—. Pero solo si no te sientes atraído sexualmente por ella. No tienes química con cada mujer que conoces.

—Habla por ti —replicó León con brusquedad—. Yo he sido capaz de hacer saltar chispas con todas las mujeres.

—Ah, Dios —gruñó Dax, buscando su casco—. Deja de decir cosas así. Tienes veintitrés putos años. ¡«Todas las mujeres» no pueden ser tantas en tu corta vida! Además, si hablas con las mujeres como hablas con nosotros, apagarás cualquier tipo de llama o posibilidad.

—Oigan —dijo Matt ya harto—, no es que no aprecie una buena metáfora sobre el fuego, pero como he dicho, solo somos amigos. No es como si…

—¿Nada de nada? —preguntó Jack, arqueando las cejas—. ¿O sea que nunca has pensado ni un segundo durante tu amistad con ella en cómo sería llevártela a la cama?

A Matt se le secó la boca y se aclaró la garganta.

—No —mintió.

Aunque, en realidad, no era del todo una mentira.

Nunca había pensado en el sexo con Maddie durante su amistad.

Solo una vez, al principio, cuando la conoció.

Cuando aún no eran amigos. Cuando creyó que estaba ligando con él, para que luego resultara que todo lo que quería era que le cargara un banco hasta su casa.

Eso no contaba de verdad. No era culpa suya que sus pensamientos se hubieran desviado hacia territorio nudista cuando Lucy se la presentó.

Maddie había sido divertida. Y amable. Y no le había dicho que sí a todo lo que él decía y hacía, como las groupies.

Además, lo salvó de unas cuantas fans demasiado fervientes y, en cierto modo, le permitió tener una vida normal.

Aquellas eran cualidades atractivas. Y no venía mal que tuviera esos ojazos castaños de Bambi y la sonrisa más amplia y liberadora que él había visto jamás. Discreta , mis narices. Y su piel era suave y todo su carisma…

Bueno, daba igual. En aquel momento pensó que Maddie se sentía igual de atraída por él; sin embargo, al parecer, se equivocó.

Eso pasaba cuando su radar no funcionaba bien.

De hecho, fue una experiencia bastante embarazosa para él, salvo que Maddie nunca le hizo sentir avergonzado por intentar besarla.

Ella marcó el límite y, al final, fue algo bueno que no estuviera interesada, porque se había convertido en su maldita mejor amiga y no quería perder eso.

No había tensión sexual entre ellos; ni siquiera pensaba nunca que pudiera pasar algo.

Por tanto, el componente sexual ni siquiera estaba en debate.

Si lo estuviera, entonces… Oh, no valía la pena preocuparse, porque no era así.

—Es una amiga, nada más —repitió con calma—. Ella no piensa en mí de esa forma y yo no pienso así de ella. Por eso no hay ningún problema.

—Típicas últimas palabras —masculló León.

Ah, el chaval no tenía ni idea.

—Sí, eso me recuerda —dijo Matt despacio—, Maddie quería que les preguntara si alguno buscaba una relación a largo plazo y quería ser su cliente. Lleva una agencia de citas en el muelle de Santa Mónica y le vendría bien la publicidad. Así que, si alguien busca el amor verdadero…

Uno por uno, los jugadores pusieron cara como si Matt les hubiera sugerido que usaran su disco de hockey favorito como marcapáginas.

—Sí, ya me lo imaginaba. ¡Pero asegúrense de decirle que les he preguntado, si la llegan a ver!

Los demás gruñeron su asentimiento justo cuando la puerta se abrió de golpe y el entrenador Parker Gray entró.

—¿Qué demonios hacen todavía aquí? El partido está a punto de empezar. ¡Tienen que calentar! Los demás ya están en el hielo.

—Lo siento. Tenía algo que hablar con Matt —dijo Dax, irguiéndose—. Ya estamos listos.

Gray frunció el entrecejo y dirigió su mirada hacia él.

—¿Se trata de que Maddie se mude contigo? En serio, Payne, ¿crees que es buena idea?

Matt gruñó. Pues sí. Dax se lo había contado a todo el mundo .