Amigas de Verano / Summer Sisters 13 #2
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13 #2

Se quitó el cabello de la cara, le hizo una mueca a Vix y corrió hacia el agua. Se sumergió y comenzó a nadar con brazadas firmes y confiadas. Tim se había quitado la gorra y los lentes de sol, y se apresuraba a quitarse los shorts que llevaba sobre el traje de baño.

—¿A dónde va papá? —preguntó Max.

—A nadar —dijo Vix—. Vamos a verlo.

—Cárgame.

Ella lo cargó en brazos, respirando el dulce aroma de su cabello, mientras intentaba mantener la vista sobre Tim y Caitlin. Cuando salieron, los labios de Caitlin estaban azules. Tim la envolvió con una toalla y la frotó, igual que hacían con Max cuando estaba mojado y frío.

Pero algo no se sentía bien. Cuando Tim le quitó la toalla, Vix pudo ver los pezones erectos de Caitlin a través de su traje mojado.

Le dio miedo que Caitlin hiciera algo imprudente, como aquella vez del verano pasado en el bote inflable, cuando se había quitado la parte superior del mismo bikini solo para ver si alguien se daba cuenta.

Una pareja mayor que pasaba en un canoa les saludó como si nada fuera extraño.

Caitlin les contestó con la mano mientras Vix comenzaba a remar lo más rápido posible en dirección opuesta.

—Tal vez pensaron que yo era un chico —dijo Caitlin, indignada—. Apuesto a que se habrían dado cuenta si estuviera completamente desnuda.

—¿Por qué querrías que se dieran cuenta en primer lugar? —preguntó Vix.

—Para no sentirme invisible.

¿Cómo podía Caitlin sentirse invisible?

Esta vez, Vix le tiró su suéter a Caitlin y se alivió cuando se lo puso sin quitarse el traje de baño.

—Tu amiga nada muy bien —le dijo Tim.

—Sí, es una sirena.

Se agachó a recoger su gorra y sus lentes de sol y, mientras lo hacía, Vix paseó la vista por su cuerpo hasta llegar a los rizados vellos en el interior de sus muslos; luego, a su traje de baño empapado y diminuto y, finalmente, al bulto prominente en la parte delantera.

Al enderezarse, la sorprendió mirándolo y sonrió, aunque ella ya había desviado la mirada.

Tim fue quien sugirió un camino diferente de regreso a casa.

Había notado una casa en construcción justo al final de la calle desde la playa y sabía que a Max le encantaría.

Empujó a Max en el cochecito mientras Vix y Caitlin se quedaban atrás.

Un sentimiento desagradable crecía dentro de Vix, pero no podía expresarlo.

Odiaba como Tim la hacía sentir, como si apenas existiera. Compra uno, lleva el segundo gratis.

Cuando llegaron a la casa en construcción, Tim levantó a Max del cochecito y se lo subió a los hombros para mirar más de cerca. Max dijo por milésima vez:

—¡Me encantan las construcciones!

Vix y Caitlin lo siguieron, aunque no habían intercambiado ni una palabra desde la playa. Al acercarse a la casa, Caitlin de repente la agarró del brazo.

—¿Qué pasa?

Caitlin señaló y Vix vio que Bru y Von formaban parte del equipo de construcción.

Bru y Von, increíblemente sexis con jeans de tiro bajo, sus espaldas fuertes, delgadas y bronceadas, y sus brazos musculosos.

Una ola de calor la golpeó, haciendo que su cara se sonrojara y sus rodillas temblaran.

¡Muérete de envidia, Tim Castellano, porque no eres nada junto a ellos!

Un minuto después, los dos chicos se acercaban. Von reconoció a Tim.

—Oiga, usted es ese policía de la tele. No, espere…, no me diga… Sukovsky: algo así, ¿verdad?

En realidad era Wolkowsky, pero Tim no lo corrigió.

—¿Cómo está? —dijo Von y le extendió la mano a Tim—. Ese es un programa buenísimo.

—Gracias, amigo —dijo Tim, de repente uno más del grupo—. Y este es mi hijo, Max. Le gustan las construcciones.

—Hola, Max —dijo Von.

—Tengo un casco —dijo Max—. Es amarillo.

—Sí, ¿quieres trabajar? Nos hace falta un ayudante.

—Tengo que ir a la casa de Kitty —dijo Max—. Voy a almorzar mantequilla de maní. Siempre almuerzo mantequilla de maní con mermelada de uva.

—Me parece bien —dijo Von, luego se fijó en Caitlin.

—Estas son nuestras niñeras —dijo Tim—. Caitlin y… Vicky.

—Vix —dijo ella en voz baja, molesta con Tim por equivocarse.

—Ah, sí —dijo Von—. Las conocemos.

Bru simplemente estaba ahí, bebiendo Coca-Cola de una lata. Después de un silencio incómodo, Von preguntó:

—Entonces…, ¿dónde han estado escondidas ustedes dos?

—Ustedes son los que se han estado ocultando —respondió Caitlin.

—¿Cómo lo sabrías si no nos has estado buscando? —preguntó Von.

Caitlin le dio un puñetazo en el brazo, como en los viejos tiempos.

Pero esta vez él la agarró y la tiró sobre su hombro como un saco de ropa sucia. Ella se reía mientras le golpeaba la espalda desnuda.

—¡Déjame, idiota!

Max aplaudió y empezó a cantar Upside Down, imitando a Diana Ross a los tres años.

Vix podía sentir que Bru la miraba mientras ella los miraba.

—Bueno, eso es suficiente —dijo Tim, cambiando la expresión en su rostro—. Es hora del almuerzo de Max.

Von bajó a Caitlin. Ella brillaba.

—Hasta luego —le dijo.

—No si te veo antes —respondió él.

—Sí, nos vemos —dijo Bru a Vix.

—No si te veo primero —respondió ella, jugando su juego.

Oh, qué feliz estaba de haberle dado su sudadera a Caitlin.

Feliz de llevar solo shorts sobre su traje amarillo.

Feliz de estar bronceada, con su largo cabello oscuro moviéndose de un lado a otro, de que su piel estuviera clara ese día y, sobre todo, de que llenaba la parte de arriba de su traje, de que la llenaba muy bien.

Fueron a ver Mi brillante carrera, que trataba de una joven australiana decidida a tener una carrera como escritora y del hombre que la ama. Después tuvieron una discusión acalorada.

—Ella tomó la decisión correcta —dijo Caitlin—. Él era un idiota. Habría sido miserable el resto de su vida con él.

—No necesariamente —dijo Vix—. Ella podría haber tenido ambas cosas: él y su carrera.

—¡Por favor!

—Bueno, tal vez no en aquel entonces. Pero ahora…

—¿Ahora? ¿Crees que las cosas son diferentes ahora?

—Mira a Tim y Loren. Los dos tienen carreras brillantes.

—Oh, claro, pero ¿quién está embarazada?

—Entonces ella tendrá al bebé y, luego, volverá al trabajo.

—Supongo que quieres una docena de mocosos gritones. Supongo que tu brillante carrera será ser madre.

—Realmente odio cuando me dices lo que quiero. Solo porque me gustan los niños no significa que voy a tenerlos. Para que sepas, aún no he tomado esa decisión.

Tim preguntó si podían cuidar a Max una noche durante su última semana de vacaciones para que él y Loren pudieran llevar a Kitty a cenar.

Max ya estaba en pijama cuando llegaron, listo para dormir.

Loren se veía linda con un vestido blanco holgado, unos aretes llamativos y el cabello trenzado a la francesa.

Tim hizo un gran alboroto de lo mucho que la admiraba.

—¿Tengo la esposa más hermosa del mundo occidental o no? —preguntó, besando a Loren frente a ellos mientras Max bailaba en círculo y abrazaba sus piernas.

Llegaron justo antes de las once. Loren bostezaba.

—Estoy agotada —dijo—. Estaré feliz cuando nazca este bebé.

—Somos dos —respondió Tim, dándole un beso de buenas noches.

Luego, se ofreció a llevarlas a casa porque Kitty tenía problemas con la visión nocturna.

Caitlin se sentó delante junto a Tim y Vix se subió atrás, agradecida de que el viaje durara solo diez minutos.

Tim sintonizó la radio en WMVY. De vez en cuando miraba a Caitlin, pero ella miraba al frente y solo le dirigió la palabra para decirle cuándo desviarse de la carretera principal y, luego, para indicarle que tomara el camino de tierra hacia su casa.

Pero en vez de doblar a la derecha, hacia su entrada, siguió adelante, como si supiera que terminarían en la playa.

Cuando llegó, apagó el motor. Se podían ver las luces de Woods Hole al otro lado del agua.

Reinaba el silencio. Vix era consciente del sonido de la respiración de Tim, de Caitlin, de la suya. Finalmente, Tim habló:

—No quiero que anden por ese sitio de construcción. No quiero que las niñeras de Max anden con tipos como esos. ¿Me entiendes?

—¿Disculpa? —dijo Vix—. Fue tu idea pasar por el sitio de construcción, no nuestra. Ni siquiera sabíamos que estaban trabajando ahí, ¿verdad, Caitlin?

Tuvo que darle un codazo a Caitlin para obtener una respuesta y, aun así, ella solo negó con la cabeza.